Portada

Cristiano, huevón de oro, por Joaquín Luna

consultor seo


Cristiano Ronaldo es delantero de grandes gestas y de gestos pequeños. Se cargó al Atlético de Madrid con tres goles y reafirmó su candidatura al “huevón de oro”, un hipotético premio para distinguir a los jugadores que ni saben ganar ni saben perder, a la que esta temporada también aspira Neymar, al que le pueden sancionar sin haber disputado un minuto del PSG-Manchester United.

La gesta de Cristiano Ronaldo es bien conocida: la Juventus a sus espaldas y tres goles a un Atlético fiel a su manera de ser, de vivir y de palmar. “Para esto me han contratado”, resumió Ronaldo. La frase es admirable y de una profesionalidad marca de la casa.

Y sin embargo: el gesto. El gesto consistió en marcar paquete de una forma tan ridícula como grotesca, dedicado a Simeone, que bastante tenía con lo suyo. Al entrenador argentino, padre del desplante en la ida, le cayó una multa de 20.000 euros por “conducta inapropiada”.

El elenco de jugadores que se han tocado las partes cara al sol, cara al público y cara a la galería es amplio. Eran otros tiempos y otros públicos pero hay una diferencia esencial: las cámaras de televisión permiten a delanteros como Cristiano Ronaldo carreras largas y sin fracturas de tibia y peroné, vicio pernicioso al que se entregaban determinados defensas aprovechando la impunidad. Esta protección televisiva tan saludable no es gratuita: estos gestos hoy sobran y menos después de completar una hazaña.

Hay un sector del madridismo que lamenta ahora de la salida de Cristiano Ronaldo el pasado verano. Por descontado, la pésima temporada de su equipo explicaría que añorasen también a Paco Gento, la galerna del Cantábrico. Olvidan que Cristiano Ronaldo fue capaz de hacerse antipático incluso entre los suyos, pese a unas cifras antológicas (lleva 124 goles en Copa de Europa). Y no se trataba de una manía: Cristiano Ronaldo llegó a creerse más importante que una institución como el Real Madrid.

Lo del “huevón de oro” es una broma, no una idea. Un reconocimiento a lo absurdos o ridículos que pueden llegar a ser algunas estrellas del fútbol. Tiene su mérito que Neymar se atreva a insultar al árbitro en las redes, a falta de un cumpleaños, un santo o una despedida de soltero que celebrar (los cumpleaños de Neymar son leyenda en el fútbol del siglo XXI). Eso hizo tras ver la debacle del PSG en el Parque de los Príncipes y ahora –precedentes obligan– pueden caerle hasta tres partidos en la próxima temporada.

Y aún hay quien se extraña de la admiración universal por Messi…




Fuente: LA Vanguardia

Comentar

Click here to post a comment