En la última década la abrumadora proliferación de las clásicas carreras populares se ha extendido de la ciudad al campo, y de ahí, a espacios protegidos. En total, hay 60 anuales en toda la región. Al polvo que levantan los corredores de montaña, inspirados por Kilian Jornet, el español que se ha convertido en icono mundial de la especialidad, se unen los ciclistas. Algunos van por carretera. Otros escalan por pendientes que parecen imposibles, y descienden entre rocas y senderos cabalgando a lomos de ruedas todoterreno, tan gruesas que les dicen rockriders, los jinetes de rocas.

“Ese boom se convirtió en un boomerang contra las propias carreras”, analiza Javier Benayas, profesor de Ecología en la Universidad Autónoma de Madrid y actualmente concejal de Medio Ambiente y Urbanismo en el Ayuntamiento de Soto del Real, que se posiciona en contra de la prohibición de raíz y a favor de estudiar antes, durante y después, el impacto de los corredores en el medio ambiente para poder “controlar, minimizar o eliminar”.

“También hay que luchar para que haya un componente importante, la educación”, añade Benayas, que pone un ejemplo gráfico para explicar su argumento. “Los conservacionistas dicen que lo mejor es no hacer nada. Pero pasaría entonces lo mismo en El Prado, un museo que se puede visitar porque hay vigilantes y una educación. La gente puede y debe disfrutar de un espacio natural”.



Algunas pruebas clásicas

de montaña afectadas

Maratón Alpino Madrileño

Kilómetro Vertical La Barranca

Zona

periférica de

protección

Cross de los Tres Refugios

Puerto del

Reventón

2.039 m

Puerto de

la Morcuera

1.796 m

Pico de

Peñalara

2.428 m

Puerto de

los Cotos

1.829 m

Puerto de

Navacerrada

1.858 m

Fuente: Comunidad de Madrid, IGN

y organizadores de las competiciones.

N. CATALÁN / EL PAÍS

Algunas pruebas clásicas

de montaña afectadas

Zona periférica

de protección

Maratón Alpino Madrileño

Kilómetro Vertical La Barranca

Cross de los Tres Refugios

Puerto del

Reventón

2.039 m

Pico de

Peñalara

2.428 m

Puerto de

la Morcuera

1.796 m

Puerto de

los Cotos

1.829 m

Puerto de

Navacerrada

1.858 m

Fuente: Comunidad de Madrid, IGN

y organizadores de las competiciones.

N. CATALÁN / EL PAÍS

Algunas pruebas clásicas de montaña afectadas

Zona periférica de protección

Maratón Alpino Madrileño

Kilómetro Vertical La Barranca

Cross de los Tres Refugios

Puerto del

Reventón

2.039 m

Pico de

Peñalara

2.428 m

Puerto de

la Morcuera

1.796 m

Puerto de

los Cotos

1.829 m

Puerto de

Navacerrada

1.858 m

Fuente: Comunidad de Madrid, IGN y organizadores de las competiciones.

N. CATALÁN / EL PAÍS

Coto legal al deporte en el Parque Nacional del Guadarrama: ¿Cuánto daña correr en un espacio protegido?

La moda por correr en espacios emblemáticos se ha extendido desde hace décadas. Desde el Mont Blanc al desierto del Sáhara, las selvas de Costa Rica, la tundra de Alaska o, en Madrid, en el Parque Nacional de Guadarrama. El Cross de la Cuerda Larga (desde 1988), el Cross de los Tres Refugios (1991), el Maratón Alpino Madrileño (1996), el Gran Trail de Peñalara (2010), el Triatlón Bola del Mundo (2013), y un largo etcétera de carreras que disfrutan del paisaje, tendrán ahora que seguir a rajatabla la nueva normativa.

“El principal y más visible impacto de estas carreras es que multiplican los efectos de la erosión que desde hace muchos años vienen sufriendo los suelos de las cumbres y las laderas de la sierra, que en muchos lugares se hacen irreversibles a causa de las escorrentías que favorecen las fuertes pendientes”, expone Julio Vías, naturalista y escritor, además de miembro de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra Norte del Guadarrama. “El pisoteo continuado está afectando a la vegetación y constituye una amenaza para algunas especies de flora especialmente sensibles, como el Senecio boissieri”, analiza. “Una de las principales y menos deseables consecuencias que han traído consigo las carreras de montaña es que multiplican la capacidad de penetración de grupos de cientos de personas, tanto corredores como espectadores y voluntarios, hasta las zonas más apartadas y menos frecuentadas de la sierra, los últimos reductos de soledad y la tranquilidad para la fauna silvestre”.

Especies extraordinarias

El parque Nacional de Guadarrama, en el noroeste de la región, ocupa 31.960 hectáreas, de las que 21.714 pertenecen a la Comunidad de Madrid y el resto a Castilla y León. Cada año recibe 2,5 millones de visitantes. Y ahí, entre un paisaje idílico entre el conocido pico de Peñalara, el puerto de Navafría o la Pedriza, viven especies salvajes extraordinarias como el ruiseñor pechiazul —muy escaso en el Sistema Central, casi extinguido—, el buitre negro, el halcón peregrino, el águila imperial ibérica, el sapillo pintojo o la lagartija carpetana. Sin menospreciar el universo único que crean también el búho real, el cárabo, el chotacabras, el corzo, el jabalí o el mismo lobo ibérico. Cuidar ese espacio es una cuestión primordial.

El nuevo plan coloca en la diana a las competiciones deportivas, que solo afectan al 1% del espacio del parque. Para empezar, las prohíbe con carácter general, salvo que tengan bajo impacto ambiental y que cumplan ciertos requisitos: entre ellos, que ya se estuvieran celebrando en años anteriores, que lo sigan haciendo ininterrumpidamente, y que su itinerario y fecha garanticen que no afecta a los ecosistemas del parque. No es el único límite. El número de participantes no podrá superar el de la última edición, o el de 400 en todo caso, lo que reducirá en unos 1.000 los participantes, según cálculos de la Administración.

Así, los organizadores de competiciones deportivas deberán garantizar que evitan “periodos críticos en relación con la biología de las especies o momentos de elevado riesgo para el uso público, y asegurando la mínima interferencia”. ¿Y los aficionados que no compiten pero sí hacen deporte en el parque? Corredores, ciclistas, escaladores y paseantes también se verán afectados.

“El plan pretende ordenar la actividad económica y deportiva, el disfrute de los ciudadanos”, anunció la pasada semana el vicepresidente de Madrid, Ignacio Aguado. “Lo que buscamos es que toda la actividad que se produzca dentro esté reglada, dotarlas de unas reglas de juego”.

Las nuevas restricciones ya tienen consecuencias. Por ejemplo, han contribuido a que se pusiera sobre la mesa la idoneidad de celebrar en mayo una carrera que durante 18 años se ha disfrutado en septiembre. Se trata del Cross al Yelmo, organizado por el club de montaña La Pedriza del Manzanares, que anunció en su página web hace unas semanas el cambio de planes. Eso, sin embargo, puso en alerta a diez asociaciones ecologistas y a la revista Quercus, que mandaron una carta al Parque Nacional para que denegara el permiso debido a que en primavera comienza la época de cría de especies sensibles. No tardó en llegar la respuesta. El jueves se les comunicó vía mail que la carrera será en septiembre.

“Mayo es la peor época porque es la de nidificación de las aves, la eclosión de los huevos y la cría. Algunas de estas especies nidifican entre los matorrales por los que cruzan los corredores. No puedo creer que no hayan pensado en eso”, lamentó Vías.

Miguel Ángel Jiménez, uno de los organizadores del evento, que reúne a unos 350 participantes, defiende que, en realidad, “esta polémica ha existido siempre”, y no tiene “nada que ver las fechas”. Según el vicepresidente del club “hay una desinformación salvaje sobre estas carreras, la gente habla por hablar”, y asegura que pidieron una autorización al Parque Nacional para cambiar la fecha de la carrera por una cuestión de comodidad. “Antes nos pasábamos todo agosto colgados al teléfono con el tema de las inscripciones y decidimos moverlo a mayo”. Volverán, por tanto, a trabajar en verano.

En paralelo se acumulan los manifiestos a favor de un reglamento estricto y los informes más laxos. Unos y otros, aseguran todos, quieren por igual ese monte y sus especies. Pero la cuestión es, al final, hasta qué punto puede convivir con la actividad del ser humano.

Esas divergencias las personalizan muy bien amantes del parque de reconocido prestigio.

Por un lado, el propio Vías o Rosa Fernández Arroyo, bióloga y presidenta de la asociación conservacionista RedMontañas, dos de los 23 firmantes —en su mayoría catedráticos y expertos— del manifiesto de 2018 Por un gran plan rector de uso y gestión para un gran parque Natural, en el que pedían un respeto casi total por el lugar.

“El conjunto de los Parques Nacionales españoles cubre una extensión de 384.000 hectáreas, es decir, tan solo un 0,7% del territorio español. Hay mucho espacio para disfrutar y hacer deporte. Ya que los han declarado parques nacionales tiene que servir para algo su protección”, defiende Fernández Arroyo. A esa opinión se une Ecologistas en Acción y Grama que han anunciado que recurrirán la nueva normativa por “por permitir actividades incompatibles y contrarias a la ya existente y por no ser capaz de regular con garantías”.

 Sin embargo, por otro lado, organizadores de carreras como Jiménez se basan en la opinión de otros expertos como Benayas, o Manuel Oñorbe, acreditado biólogo y consultor ambiental, que cuestionan en un informe elaborado en 2014 el impacto de las actividades deportivas en un espacio protegido. De hecho, concluyen que no solo no hay pruebas de que eso ocurra, sino que algunas competiciones, si se organizan correctamente, pueden reportar beneficios a la propia naturaleza, con recursos destinados después para la propia conservación.

“Lo que pasa es que en Madrid ha ocurrido la tormenta perfecta”, ahonda Benayas desde la Antártida, donde está realizando otro estudio. Se refiere a la densidad de población que hay en la región junto con un fenómeno social en el mundo del deporte: la eclosión de running, el correr de toda la vida.

La primera carrera del parque fue organizada en 1916 por la sociedad deportiva Los Amigos del Campo, entre Cercedilla y la cumbre de los Siete Picos. La Sociedad Peñalara instauró en 1923 la Copa del Hierro, seguida de algunas marchas como la Vuelta al valle de la Fuenfría y la marcha por patrullas Copa de Refugios. Con el franquismo, llegó un parón de cinco décadas y la misma sociedad Peñalara recuperó la práctica de este deporte en 1988 con el Cross de la Cuerda Larga, hoy la carrera más antigua de todas.

Hace algo más de diez años, apenas se celebraban nueve carreras con un millar de participantes. Ahora, con las nuevas normas, se aspira a limitar el acceso a 7.000 como mucho.

Las principales restricciones

Los escaladores no podrán abrir nuevas vías, y tendrán prohibido usar magnesio o pegar puntos de apoyo.

Las carreras no podrán exceder el número de participantes que ya tenían, y en ningún caso tendrán más de 400.

En las zonas especialmente protegidas, los grupos de entre 15 y 60 senderistas deberán firmar una declaración responsable, o pedir una autorización si superan ese número. También los ciclistas.

El esquí queda prohibido.

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Fuente: El Pais

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