En la carrera por lograr un arma efectiva contra la COVID-19, los «antivacunas» han desplegado un arsenal de falsedades para inocular el miedo. Supuestas tasas de mortalidad, ingredientes letales y enfermedades trasmitidas por los inyectables son algunos de los mensajes que intentan desacreditar en las redes a los fármacos que en el futuro generarán inmunidad contra el nuevo coronavirus.

El polisorbato 80 de la vacuna contra la gripe no causa muertes por COVID-19

La presencia de polisorbato 80 en algunas vacunas contra la gripe y los neumococos no causa un incremento de muertes por COVID-19 en personas mayores de 65 años, en contra de lo que sostiene un creciente número de mensajes difundidos en redes sociales.

En las últimas semanas han proliferado en Facebook, Twitter y YouTube publicaciones en las que se afirma que la vacunación masiva contra la gripe provocará un repunte de muertes por COVID-19 porque ese componente facilita la entrada y reproducción de virus en las células del organismo humano.

Algunos comentarios aseguran que el polisorbato 80 podría ser la causa de la epidemia de coronavirus, otros denuncian incluso un «genocidio» en las residencias de mayores por el uso de las vacunas y se llega a asociar su aplicación con una compleja conspiración internacional responsable de la pandemia.

Sin embargo, no hay evidencia científica que avale la tesis de que este aditivo alimentario utilizado en fármacos provoque más muertes por COVID-19. El Ministerio de Sanidad, las asociaciones españolas de Vacunología y Pediatría y expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) rechazan esta teoría, alentada por un estudio de tres trabajadores del hospital de Barbastro (Huesca).

El polisorbato 80, también conocido como Tween 80 entre otras denominaciones, es un producto que se usa en alimentación, cosmética y en la elaboración de medicamentos, como algunas vacunas antigripales. Sus propiedades le permiten obtener la dispersión de líquidos que no mezclan entre sí, logrando su emulsión.

El polisorbato 80 «se considera seguro cuando se usa según las especificaciones establecidas«, añade el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

El Ministerio de Sanidad explica que no hay ninguna evidencia científica de que vacunarse contra la gripe aumente el riesgo de infectarse con el virus SARS-CoV-2 o de padecer una COVID-19 de mayor gravedad. Por el contrario, investigaciones recientes indican que esta vacunación «podría asociarse con menor gravedad y menor mortalidad por COVID 19».

También la Asociación Española de Vacunología (AEV) desmiente «categóricamente» que haya asociación entre el polisorbato 80 y la infección por SARS-CoV-2«Las hipótesis y resultados de los autores contravienen los principios de la epidemiología y la metodología de la investigación», subraya esta organización en una nota hecha pública el 1 de julio.

El doctor Jaime Pérez, miembro de la junta directiva de la AEV,  se reafirma en declaraciones a EFE en que el informe «no tiene ninguna base científica» y aclara que el causante de las muertes estudiadas «no es la vacunación de la gripe», sino «la edad», asevera.

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Ninguna vacuna tiene tasa de mortalidad

Ninguna vacuna provoca la muerte y, por tanto, menos aún lleva asociada una tasa de mortalidad del 33 %, como asegura un mensaje muy difundido en redes sociales, que anima a no vacunarse contra la COVID-19 porque la tasa de mortalidad de esta enfermedad es muy inferior.

Circula en Facebook, tanto en España como en América Latina, una imagen con el siguiente texto: «¿Se pondría usted una vacuna con una tasa de mortalidad del 33 % para sentirse a salvo de un virus con una tasa de mortalidad del 0,6 %?».

Aún no hay vacunas disponibles para prevenir la COVID-19, pero ninguna de las existentes en el mundo contra todo tipo de enfermedades provoca la muerte de los vacunados. Y los estrictos procesos de control y supervisión que debe superar cualquiera de ellas impide su uso salvo que los efectos secundarios sean mínimos.

El coordinador del Área de Vacunas de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), José Tuells, consultado por EFE, explica que no existe tasa de mortalidad en las vacunas y destaca además que, para su fabricación, se someten a muchas medidas de control con exigentes procedimientos de seguridad.

Eso sí, producen efectos adversos, que varían en función de la vacuna y el paciente al que se le administran, si bien esos efectos «no son tantos» y la inmensa mayoría «son leves», según indica Tuells, que dirige la cátedra Balmis de Vacunología en la Universidad de Alicante.

«Las vacunas son los productos farmacológicos más seguros que existen, no hay un producto con menos efectos secundarios que una vacuna», subraya por su parte el doctor Jesús Molina Cabrillana, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene.

Además, antes de que una vacuna pueda salir al mercado, debe someterse a un gran número de pruebas y controles sanitarios, en primer lugar para garantizar que no produzca efectos adversos inadmisibles.

La elaboración de una vacuna tiene que someterse a la supervisión de organismos nacionales e internacionales y superar controles exigentes en las tres fases de su desarrollo: Seguridad y efectos biológicos (fase I), Eficacia y dosis adecuada (fase II) y Eficacia y seguridad para las condiciones de uso habituales (fase III). En esta última etapa, se somete a prueba en amplios grupos de población.

Este es el proceso que deben superar las más de 30 vacunas contra la COVID-19 que se están probando en humanos, de las que nueve ya se encuentran en las fases finales, según el registro de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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Es falso que la ONU haya admitido que una vacuna de Bill Gates causó un brote de polio

Naciones Unidas no ha admitido que la vacuna oral contra la poliomielitis, financiada entre otros donantes por la Fundación Bill y Melinda Gates, haya causado un brote de esta enfermedad en África, como se afirma en varios mensajes difundidos en redes sociales.

 El 9 de septiembre, un blog publicaba un artículo con el titular «ONU admite que la vacuna financiada por Bill Gates está causando un brote de poliomielitis en África», que fue compartido en Facebook y Twitter.

Su autor citaba una información de la agencia Associated Press (AP) del 2 de septiembre con el título «La ONU comunica un nuevo brote de polio en Sudán causado por la vacuna oral«, así como una publicación posterior del portal 21st Century Wire, en el que se aludía al empresario y filántropo Bill Gates, cofundador de Microsoft.

En realidad, no solo es falso que la ONU haya admitido que una vacuna financiada por Gates ha provocado un brote de polio en África, sino que la OMS ha explicado el que se produjo en Sudán -al igual que otro detectado en Yemen- precisamente como resultado de una insuficiente vacunación de la población local.

La OMS difundió 1 de septiembre un comunicado en el que exponía que el Ministerio de Salud de Sudán le había notificado el 9 de agosto «la detección de un poliovirus tipo 2 derivado de la vacuna circulante (cVDPV2) en el país«. En concreto, se habían detectado dos casos en niños de 4 y 3 años y había otros 11 bajo investigación.

 «La secuenciación de los virus aislados en Sudán hasta ahora refleja que están relacionados con los notificados anteriormente en el vecino Chad«, añadía la OMS, que admitía: «Hay circulación local en Sudán y una transmisión continua con Chad«.

Esa es la información que recogía correctamente la agencia AP y que fue empleada de modo falsario por varias webs para vincular el brote con la Fundación de Bill y Melinda Gates.

El problema fue la insuficiente vacunación: la propia OMS aclara en un texto explicativo que «la vacuna antipoliomielítica oral (OPV) contiene un virus vacunal atenuado«, que pueden llegar a «sufrir cambios genéticos que les confieran la capacidad de producir parálisis, creándose así los denominados poliovirus circulantes de origen vacunal (cVDPV)«.

Sin embargo, estas modificaciones se producen en casos muy raros «cuando la población está notablemente subinmunizada» y subraya que «el problema no está en la vacuna en sí misma, sino en una baja cobertura vacunal«.

«Si la población está plenamente inmunizada, estará protegida frente a los poliovirus tanto salvajes como de origen vacunal«, añade.

Además, la OMS subraya los «enormes beneficios» frente a los «los bajos riesgos» que presenta esta vacuna.

Hace tres años, la organización informaba de que, desde el 2000, se habían administrado más de 10.000 millones de dosis de esa vacuna a cerca de 3.000 millones de niños en el mundo y, gracias a ello, se habían prevenido más de 13 millones de casos de poliomielitis, de modo que la enfermedad se había reducido en un 99 %.

«Durante ese tiempo se han producido en 21 países 24 brotes de cVDPV que han ocasionado menos de 760 casos de poliomielitis de origen vacunal», agregaba.

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El coronavirus no se ha propagado a partir de vacunas de gripe contaminadas

El coronavirus no se empezó a contagiar ni se ha propagado a partir de vacunas contra la gripe «contaminadas«, como aseguraban este verano mensajes difundidos por WhatsApp, Facebook y Twitter que carecen de base científica.

Algunos de ellos aseguran que «las vacunas son las que causan las muertes» y «murieron tantas personas» porque la mayoría de los afectados por coronavirus se habían vacunado de gripe.

Especialmente viral ha sido un audio compartido por WhatsApp y replicado en YouTube y redes sociales en el que una mujer afirma que la COVID-19 no llegó de China en febrero, sino que fue inyectada con las vacunas de la gripe el pasado octubre y quedó latente durante meses en el sistema nervioso de los afectados hasta que afloró cuando sus organismos acumularon un nivel elevado de carga viral.

Según su argumentación, el coronavirus, que pudo contaminar «un 5 %» de las vacunas de la gripe inyectadas y «tiene inserciones de otros tipo de virus» como el del VIH, el SARS o el herpes, era «superagresivo» en marzo porque la carga viral acumulada desde octubre provocó «cuadros de colapso brutales«, pero, una vez que se ha transmitido «de manera natural» de persona a persona, presenta «síntomas débiles».

Pero ninguna de esas afirmaciones tiene base científica: el SARS-CoV-2 no tiene relación con el virus de la gripe, el de herpes o el VIH; el periodo de incubación de los primeros casos de coronavirus no coincide con la preparación de las vacunaciones contra la gripe; y haberse vacunado ni previene ni aumenta el riesgo de COVID-19, según expertos consultados por EFE.

«Las vacunas de la gripe son muy seguras y siguen estrictos controles de calidad y supervisión por las agencias de medicamento europea y española; no existe la más mínima sospecha seria que las relacione con la COVID«, afirma, en declaraciones a EFE, Jesús Castilla, miembro del Grupo de Trabajo de Vacunas de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).

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Fuente: Agencia Efe

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