El líder laborista, Jeremy Corbyn, en su casa de Londres el 4 de septiembre de 2019. EFE (ANDY RAIN)

Jeremy Corbyn ha logrado sacar de sí mismo y de su equipo la templanza suficiente como para que, por primera vez en muchos meses, todo el Partido Laborista se haya unido en torno a su estrategia. El líder de la oposición ha dejado claro que no respaldará el intento de Boris Johnson de forzar un adelanto electoral hasta que no salga adelante este miércoles la iniciativa parlamentaria que busca evitar un Brexit sin acuerdo y forzar al primer ministro a reclamar una nueva prórroga de tres meses (hasta el 31 de enero de 2020) en la fecha de salida de la UE.

Por ley, el Gobierno británico no puede impulsar por sí solo una convocatoria a las urnas. Necesita el respaldo de dos tercios de la Cámara de los Comunes. Es decir, necesita a Corbyn. Y aunque el líder laborista lleva más de un año reclamando nuevas elecciones, no está dispuesto a caer en la “trampa” —según la advertencia del ex primer ministro, Tony Blair tendida por Johnson. Las encuestas dan al tory vencedor con el 35% de intención de voto, frente al 25% que cosecharía Corbyn. Acorralado por el Parlamento, Johnson amenaza con lograr de los ciudadanos lo que los diputados no le conceden y hacer de ese modo inevitable un Brexit salvaje, sin ningún tipo de pacto con Bruselas.

“Si el primer ministro tiene tanta confianza en su estrategia para alcanzar el Brexit, que la someta a la consulta de la ciudadanía”, dijo Corbyn este martes. “Dice que propondrá una resolución para adelantar las elecciones. Estupendo. Pero aprobemos primero nuestra ley para sacar de la mesa la posibilidad de un Brexit sin acuerdo”.

El Parlamento sometió el martes a Johnson, después de un verano de popularidad y optimismo del nuevo primer ministro, a una humillación sin paliativos. 328 diputados, frente a 301, arrebataron al Gobierno su prerrogativa de fijar el orden del día en la Cámara de los Comunes. Este miércoles, a partir de las 15.00 (las 16.00 en la España peninsular) debatirán y, con mucha probabilidad, aprobarán una ley que obligará a Johnson a pedir a la UE una nueva prórroga del Brexit hasta el 31 de enero, en el caso de que no logre cerrar un acuerdo con Bruselas antes que sea validado por Westminster. Un puñado de notables conservadores rebeldes ha respaldado la iniciativa. Johnson ha cumplido su promesa de expulsarles del grupo parlamentario, para asombro y escándalo de muchos en su partido, que han visto cómo veteranos de la talla de Kenneth Clarke, el padre del Parlamento, sufrían esta vejación.

“No quiero unas elecciones. La ciudadanía no quiere unas elecciones. Pero no renunciaré a mi capacidad negociadora ante la UE”, clamaba el martes el primer ministro sin terminar de encajar su derrota. Johnson apostó toda su estrategia a estrechar los márgenes de sus detractores hasta que el desenlace del Brexit fuera inevitable. Suspendió el periodo de sesiones del Parlamento y confundió a los diputados conservadores con insinuaciones no sustentadas con ninguna evidencia de que Bruselas estaba dispuesta a ceder. Pero no midió bien la respuesta de un Parlamento que se negó a ver su soberanía arrebatada. 




Fuente: El Pais

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