Como a España le flaquearon las piernas en la apertura, tiró de su mejor reconstituyente. No hay mejor antídoto contra la flaqueza que una inyección energética con la impronta de Rafael Nadal, siempre revitalizante. Después de que Pablo Carreño se desfondase y cediera el primer punto de la serie de cuartos frente a Argentina, ante Guido Pella (6-7(3), 7-6(4) y 6-1, en 2h 38m), el número uno saltó a la pista central de la Caja Mágica con la determinación de un miura en la cornada. Con el equipo a remolque y a un solo paso del precipicio, el balear encendió el turbo en el vestuario y abordó a Diego Schwartzman con celeridad. Cerró el envite en una hora clavada (6-1 y 6-2) para devolver el equilibrio (1-1) y jugárselo todo a la carta del dobles.

Y ahí, todavía más.

Como un torbellino, Nadal infligió de partida el castigo más duro en los nueve enfrentamientos que ha librado con el Peque. No cedió un solo punto con el primer servicio y selló la victoria cuando el marcador ya anunciaba al acceso a las semifinales de Gran Bretaña (2-1 a Alemania). Después, con la adrenalina disparada a mil, el balear certificó la remontada de España junto a Marcel Granollers. Funcionó la fórmula hace tres días frente a Croacia y Sergi Bruguera decidió repetir: Nadal en doble dosis. Soberbio al servicio y subrayando otra vez su pericia en la modalidad por parejas, volvió a ser capital.

Se resolvió el cruce a la una de la madrugada, después de mucho vaivén en el episodio definitivo: 6-4, 4-6 y 6-3 (en 2h 26m). Leonardo Mayer y Máximo González plantearon una respuesta áspera, pero el impulso anímico con la alineación de Nadal les obligó a pensarse cada maniobra un par de veces. Incidieron sobre Granollers, al que le robaron un par de veces el saque –una en el primer set y otra en el segundo–, pero se toparon con la inmensidad competitiva del balear, que a sus 33 años puede con lo que le echen y es toda una garantía. Encendió a la grada con la primera hora de furia y luego, desatado, aplicó el brochazo final a la eliminatoria.

La pareja argentina no volvió la cara en ningún momento, pero el de Manacor estuvo en todas partes: tomó la red, bombardeó desde el fondo y achicó espacios como un correcaminos. Brazo, piernas y cabeza para todo. A su lado, poco a poco se afinó Granollers, de menos a más, dignísimo acompañante en una velada en el que resonó una y otra vez el “¡a por ellos!” de estos días en la central de la Caja Mágica. Aunque no registró un lleno la pista –algo más de la mitad de los asientos ocupados esta vez, y una ruidosa representación de argentinos–, resonó en el barrio de San Fermín la remontada del equipo español, que desembarca en las semifinales alcanzadas el curso pasado, se aseguró su presencia en las finales de la edición de 2020 –obtienen un billete directo las cuatro semifinalistas– y este sábado (17.30, #Vamos) aspira a regresar a una final que se le niega desde 2012, en buena medida por la zozobra institucional.

El escollo es Gran Bretaña, capitaneada por Leon Smith. Este viernes apeó a Alemania gracias a las victorias de Kyle Edmund (6-3 y 7-5 a Philipp Kohlschreiber) y Daniel Evans (7-6, 3-6 y 7-6 a Jan-Lennard Struff), sin la presencia de Andy Murray porque el escocés dice no encontrarse a tono desde que se estrenase ante Holanda.

La tensión puede con Carreño

El desenlace fue feliz, pero antes la historia había empezado mal. Carreño arrancó con fuerza, creciéndose en el primer set conforme languidecía la zurda de Guido Pella y poniendo tierra de por medio; sin embargo, la escena dio la vuelta con un severo golpe de timón del argentino, que arrebató el mando de la tarde al asturiano y empezó a abrir ángulos y a dominar, para ir adueñándose del partido primero, del segundo parcial después y del tercero en última instancia. En definitiva, del primer punto de la serie. Como ya ocurriera en la primera jornada, ante Rusia, los de Bruguera comenzaban a contracorriente.

Emoción antes del inicio, con el sentido aplauso que le dedicó la central a Roberto Bautista, que el jueves perdió a su padre y tuvo que abandonar el torneo. Sin el número dos, la opción de Pablo Carreño (27 de la ATP) pesó más que la de Feliciano López (62) en la elección de Sergi Bruguera para abrir el cruce contra Argentina, equipo peleón y orgulloso donde los haya. Encarnó la resistencia Pella, superior en un duelo muy compensado hasta que el gijonés gripó por completo en la última manga. Supo el argentino gestionar mucho mejor la adversidad y acabó remontando un partido en el que se puso el traje de superviviente.

Desperdició una bola de set al principio, con un revés blandito que se estrelló en la red, y cedió el tie break para desconsuelo de su hinchada; muy inferior en cifra, pero activa y ruidosa de la primera a la última pelota. Arropó a su jugador, y este se sostuvo en pie. Buen tenista, Pella, guerrillero y pulcro desde el punto de vista técnico; duro de mollera también, porque aunque Carreño incrementaba la calidad de su tenis y el número de punzadas, él no se inclinaba pese a que la situación se le puso muy, muy fea. Sirvió para igualar, pero el español contarrestó el break, abortando tres bolas de set. Y no se descompuso. Percutió en el desempate y a partir de ahí el pulso se rompió.

Dedicatoria a Bautista

Navegó Pella (25 del mundo) corriente a favor y desniveló conforme el asturiano fue perdiendo gas y color. Al final, se hundió Carreño, al que la Davis no le depara buenas noticias en los últimos tiempos. Perdió contra el francés Benoit Paire en las semifinales del curso pasado, en Lille, y se le escapó una buena oportunidad de resarcirse en una competición en la que ha jugado cinco series, con dos triunfos y tres derrotas. No está siendo un año fácil para él, renqueante a consecuencia de las lesiones y que pese a haber adquirido mejor tono en el tramo final de la temporada, no ha vivido un año de buen gusto.

“Por mucho que no quieras ponerte nervioso, esta competición es diferente”, expuso en la sala de conferencias. “Por mucho que quieras jugar el partido como uno más, no es lo mismo…”, continuó. “La clave ha sido que físicamente he pegado un bajón debido a los nervios. Más que la cabeza, ha sido el físico lo que me ha fallado. Empezar una competición así jugando en los cuartos no es fácil”, lamentó el tenista de Gijón, que al igual que todos los miembros del equipo lucía un crespón negro en la pechera por el triste episodio del día anterior.

A pesar del shock, España compitió de fábula y, a lomos de Nadal, se ganó el derecho a soñar con esta revolucionaria (y noctámbula) Copa Davis.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.




Fuente: El Pais

A %d blogueros les gusta esto: