Hace tiempo que Argentina juega contra Argentina. Autodestructiva, sin orden en los despachos, solo encomendada al talento de Messi, empecinado en ganar un título con la Albiceleste. Al 10 le cuesta que lo ayuden sus compañeros, ni hablar de Scaloni. Pero por esas cosas raras de la pelota, ese fútbol sudamericano que no regala juego pero sí emoción, la Argentina de Messi se llevó una vida extra en la Copa América. En un partido cambiante, de a ratos gustoso, en otros indigerible, Paraguay y Argentina firmaron tablas en el Mineirao. Messi se aprovechó del VAR para firmar de penalti el empate de Argentina, rescatada por su portero, que se lució desde los 12 pasos frente a Derlis González.

ARG

PAR

Paraguay

Argentina

Franco Armani, Casco, Otamendi, Tagliafico, Pezzella, De Paul (Matías Suárez, min. 86), Pereyra (Aguero, min. 45), Paredes, Giovani Lo Celso, Messi y Lautaro Martínez (Di María, min. 66).

Paraguay

Roberto Fernández, Piris, Gustavo Gómez, Junior Alonso, Santiago Arzamendia, Richard Sánchez, Matías Rojas, Derlis González (Juan Escobar, min. 89), Rodrigo Rojas, Miguel Ángel Almirón (Celso Ortiz, min. 86) y Federico Santander (Óscar Romero, min. 71).

0-1 min. 36: Richard Sánchez . 1-1 min. 56: Messi (p).

Franco Armani (min. 44),
Otamendi (min. 82),
Tagliafico (min. 79),
Piris (min. 54),
Gustavo Gómez (min. 31) y
Rodrigo Rojas (min. 42).

Estadio:Estadio Mineirão

Apareció una Argentina renovada en el Mineirao. Diferentes nombres, diferente sistema, misma desorganización. Scaloni jugó un pulso con los históricos en Belo Horizonte. Vacío de astucia, esencialmente poco diplomático, el técnico de la selección delegó en la prensa la información para que Di María y Agüero, titulares en la derrota ante Colombia, descubrieran que no iban a saltar desde el inicio en el duelo ante Paraguay. Un gesto muy cuestionado por los jugadores en la previa de un duelo clave para Argentina. En juego estaba una buena parte de su futuro en la Copa América. Sin los dos de los máximos referentes, la Albiceleste arrancó el partido con nueve jugadores con menos de 20 partidos en la mayor, cinco con menos de 10. Solo Messi y Otamendi sabían lo que era lidiar con la responsabilidad, sobre todo con la ansiedad en momentos de crisis.

De entrada, sin embargo, la apuesta de Scaloni carburaba. Argentina movía el balón con cierta armonía y pausa, incapaz en cualquier caso de acelerar, mucho menos de profundizar. La Albiceleste es frágil. Normal en un equipo novel. Una mochila muy pesada para espaldas poco curtidas. Paraguay, en cambio, tenía un libreto bien aprendido, solidario para defender, ordenado para cubrir espacios. De sofisticado, nada; suficiente para dormir a Argentina, que atacaba con un 4-3-3 y defendía con cuatro volantes. Los contragolpes son un karma para esta Albiceleste poco rodada, lo fue contra Colombia y también ante Paraguay.

Avisó primero el equipo de Berizzo con un pase vertical a la espalda de Tagliafico. El lateral del Ajax corrigió a tiempo y mandó al córner el remate de Derlis González que tenía destino a portería. La fórmula de Paraguay se repitió por la banda derecha. Esta vez con éxito. Una interminable galopada de Almirón encontró a Richard Sánchez en el punto del penalti para que fusilara a Armani. El enemigo invisible apareció en el Mineirao: los nervios maniataron a Argentina. Tanto fue así que el portero se fue de paseo a cortar un balón, que controló tan mal que tuvo que detener Derlis González con una falta grotesca, solo amarilla para el árbitro. Vida extra para el portero de la Albiceleste, un hilo de esperanza para Scaloni, que ya había mandado a calentar a Agüero y Di María.

Reculó el técnico de Argentina. A la vuelta de los vestuarios, Agüero apareció en el campo. Y, como contra Colombia, la Albiceleste cambió de actitud. Más ritmo de juego, la pelota más cerca del área paraguaya. De Paul buscó al Kun que, inteligente, le cedió el balón a Lautaro Martínez con mejor ángulo de tiro. El remate del delantero del Inter se estrelló en Piris Leguizamón antes de chocar en el larguero. El rebote lo pescó Messi, pero Roberto Fernández se lució para mandar la pelota al córner. El 10 ya estaba listo para mandar el cuero al área. Entonces, el suspense. El árbitro se clavó la mano en la oreja: una larga angustia para la parroquia argentina mientras se analizaba si Piris Leguizamón había tocado la pelota con la mano en el remate de Lautaro. Messi, por las dudas, se plantó en el punto del penalti con la pelota en la mano. Larga espera, final feliz para Argentina. Messi no perdonó desde los doce pasos.

El partido ya estaba roto y, encima, quedaba mucha angustia por masticar en el Mineirao. Tanta tensión como un héroe inesperado. Ese que estaba en el campo de regalo. Otamendi, paradójicamente el tipo más experimentado de la zaga argentina derribó infantilmente a Derlis González en el área. Penalti tan claro como inmensa la parada de Armani frente al 10 paraguayo. Una parada que dejó viva a Argentina en la Copa América. Tendrá, eso sí, que ganar a Qatar y esperar. Puede clasificar segunda (accedería directo a los cuartos) o quedar como una de las mejores terceras. Incertidumbre para Argentina. Nada nuevo, hace tiempo que la Albiceleste anda atrapada en la telaraña de la autodestrucción.

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Fuente: El Pais

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