Aprende a Posicionar tu Sitio WEB

noa1

Necesitas Visibilidad En Tú Web

noa2
Portada

Con Caja Castilla empezó todo

consultor seo


A mediodía del domingo 29 de marzo del 2009 se hizo pública la intervención de Caja Castilla
La Mancha (CCM) por el Banco de España y la destitución del socialista Juan Pedro Hernández Moltó, su presidente, y del resto del consejo. Los seis meses anteriores, desde la caída de Lehman
Brothers a mediados de septiembre, habían sido frenéticos. El mercado interbancario había desaparecido, los bancos centrales de todo el mundo inundaron de liquidez el sistema y se intervinieron decenas de bancos en Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Suiza, Holanda

En España, la banca aguantaba como podía. Hasta que, ese domingo de marzo, CCM
estalló. Pedro Solbes, ministro de Economía en la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, fue el encargado esa tarde de dar la cara ante los medios y dejó algunas frases para la historia: “La caja es solvente”, “no hay ninguna otra caja en estas ­circunstancias”, “Caja Castilla La Mancha apenas representa el 0,8% del sistema financiero español”, apuntó sin demasiada capacidad de convicción.






En marzo del 2009, a los seis meses de caer Lehman Brothers, se inició el principio del fin de las cajas de ahorros

Pocos le creyeron, aunque en el ministerio, lejos de los focos, el ambiente era otro. “La caída de CCM reveló la complejidad de gestionar la crisis por una razón: no contábamos con los instrumentos necesarios”, dice uno de los protagonistas del equipo económico del Gobierno en esos momentos. Pese a conocer los problemas de muchas entidades, “no podíamos hacer nada más que persuadirles y sólo teníamos margen de actuación en el caso de los incumplimientos de los requisitos de capital. ¡Pero todos cumplían!”, añade la misma fuente.

En la CECA, lo ocurrido con CCM –Hernández Moltó acabaría condenado a dos años de prisión por falsedad contable– tampoco fue una sorpresa. “Teníamos señaladas a 17 cajas como prácticamente inviables, pero estábamos muy lejos de prever lo que pasó después”, asegura un exconsejero de la confederación de cajas. Dos altos ejecutivos de sendas entidades financieras que no sobrevivirían a la crisis recuerdan bien el momento de la intervención de la primera caja. “Parecía una cosa aislada, nadie pensaba que vendrían más intervenciones ni nada de eso; nuestra única preocupación era la morosidad, que no paraba de crecer”, comenta el primer directivo, gestor de una caja con sede en Catalunya. “Es verdad, nos agobiaba el auge de los impagados –ratifica el segundo, consejero delegado de un banco mediano– y lo que nos mató más tarde no fue eso, sino la falta de confianza del mercado”.





El problema de CCM, como muy bien había dicho Solbes, era minúsculo en relación con el conjunto del sistema. La caja tenía 27.000 millones de euros en activos y, aunque su cartera crediticia estaba podrida de préstamos inmobiliarios incobrables y otras inversiones ruinosas, no constituía en absoluto un riesgo sistémico. Lo preocupante para España era que la Gran Recesión sólo acababa de empezar y que decenas de entidades estaban igual o peor que CCM.

Solbes lo sabía. El ministro dimitió dos semanas después de la intervención de la caja castellanomanchega y, en plena Semana Santa, Elena Salgado se hizo cargo de Economía. En los meses siguientes, todo se aceleró. El Gobierno y el Banco de España crearon la arquitectura para poner en marcha su hoja de ruta. En junio nació el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para dotar de capital a unas entidades –las cajas– que no tenían accionistas ni capital. Se impulsaron los sistemas integrales de protección (SIP), preludio de las fusiones, que no tardarían en llegar: Bankia, Catalunya Caixa, Novagalicia, Banca Cívica, Unnim y tantos otros fracasos individuales y colectivos, que dejaron un reguero de decenas de miles de millones de pérdidas hasta desembocar, en junio del 2012, en la petición a Europa de 100.000 millones para sanear la banca. “Se trata de un problema aislado”, repetía Solbes aquel 29 de marzo. Seguro.








Fuente: LA Vanguardia