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Cómo un simple virus se convierte en una gran amenaza | Ciencia


En 2011, Ron Fouchier cogió una pipeta con una mano, un hurón con la otra y echó unas gotas de líquido en el tembloroso hocico de la criatura. Este era un procedimiento rutinario para Fouchier, uno de los principales virólogos del Centro Médico Erasmus de Rotterdam. Se había pasado la carrera estudiando las formas en que los virus mortales mutan a medida que se transmiten entre animales y personas. Sin embargo, mientras apretaba la pipeta, no podía anticipar las consecuencias de sus acciones.

El líquido contenía el virus de la gripe aviar H5N1. Para 2011, el H5N1 había infectado a cerca de 600 humanos y había matado a más de la mitad de ellos, una proporción que excedía con creces la de la pandemia de gripe de 1918, que mató a hasta 100 millones de personas. Esta nueva cepa de gripe aviar también era inusualmente virulenta pero en ese momento requería el contacto directo con aves o los fluidos corporales de humanos para propagarse. Durante las semanas anteriores, Fouchier y su equipo habían aumentado la potencia del virus al manipular su código genético en el laboratorio. La idea era ver cómo podía mutar en la naturaleza y si podría volverse transmisible por aire, una mejora evolutiva que aumentaría enormemente la amenaza de pandemia.

Los investigadores han jugado con el virus de esta manera desde mediados de los años ochenta. Se necesitan alrededor de seis meses para desarrollar el tratamiento de una nueva cepa del virus de la gripe, por lo que al anticipar las formas en que el H5N1 podría evolucionar y volverse más mortal y transmisible, Fouchier y su equipo esperaban darle ventaja a la humanidad. “Modificar las diferentes partes del virus nos permite aprender sobre las funciones de las diferentes proteínas”, me dijo recientemente. “Esto es muy importante porque solo si se comprende bien un virus es posible diseñar vacunas y productos terapéuticos eficientes”.

El ambiente era seguro. El laboratorio holandés de Fouchier, especialmente construido para él por la universidad, recibía el nombre de instalación ABSL-3 + y estaba diseñada para contener microbios letales. Cualquiera que ingresase al laboratorio, uno de los más prestigiosos de Europa, tenía que pasar por un control de seguridad. Los trabajadores debían usar trajes especiales y respirar a través de mascarillas. Sin embargo, ninguna de estas precauciones protegería a Fouchier de lo que estaba por venir, lo que más tarde recibiría el nombre de “caza de brujas internacional”.

Los virus tienen una tasa de mutación extraordinariamente alta en comparación con otros organismos: en promedio, muta uno por cada 4.000 componentes genéticos en un único virus. Las formas de vida más complejas, como las bacterias, las plantas y los animales, tienen una especie de capacidad de corrección cuando se trata de la reproducción, lo que les permite producir un pequeño número de crías con una baja tasa de mutación y un alto índice de éxito. Un virus, sin embargo, tiene una estrategia opuesta y produce tantos descendientes con tantas mutaciones como sea posible. Esta estrategia ofrece una ventaja evolutiva obvia. Por cada virus “niño” que muere debido a una mutación perjudicial, hay uno que se fortalece a través de una mutación beneficiosa. De esta manera, las mutaciones beneficiosas sobreviven y se propagan.

El virus se transmitió de un hurón a otro en el laboratorio de Fouchier, transportado por investigadores que usaban hisopos para imitar la cadena de contagio que ocurre entre las personas. A medida que pasaban los días, Fouchier y su equipo observaron que en cada etapa del proceso de infección algunas cepas de H5N1 conseguían replicarse con mayor éxito en las vías respiratorias superiores de los hurones ya que toser o estornudar es una etapa evolutiva clave para permitir que el virus se propague.

Al final del experimento, una nueva cepa extremadamente virulenta del H5N1 había obtenido la única habilidad que mantiene a los virólogos despiertos por la noche: ya no necesitaba contacto físico para transmitirse entre mamíferos. Una nueva versión del H5N1, a solo cinco mutaciones de distancia con su precursor, era contagiosa a través del aire y se había transmitido entre hurones que habían estado en jaulas separadas.

En Malta, en septiembre de 2011, Fouchier subió al escenario en una cumbre del Grupo de Trabajo Científico sobre la Gripe de la Unión Europea. En su discurso de apertura, describió sus experimentos y hallazgos ante un auditorio repleto de colegas. La multitud calló mientras Fouchier explicaba el descubrimiento: el virus de la gripe aviar más letal conocido por la humanidad, al menos en condiciones de laboratorio, se había propagado por el aire. Cuando Fouchier terminó, recibió una gran ovación. “Muchos investigadores intentaron lograr lo mismo sin éxito”, dice Fouchier.

Las implicaciones fueron claras para todos: Fouchier había diseñado un virus que, si alguna vez escapaba de los confines del laboratorio, tenía la capacidad de matar a más de la mitad de la población mundial. Sin embargo, en el pasillo, fuera de la sala de conferencias, se formó una cola de investigadores entusiasmados, todos querían estrechar la mano a Fouchier o hacerle preguntas.

Tres meses después, Fouchier se estaba preparando para publicar sus hallazgos en una revista científica cuando el Consejo Científico Nacional de Bioseguridad revisó su investigación. El CCNB, formado en 2001, es un panel de expertos en salud pública que dan orientación sobre investigación científica. Le hicieron una petición sin precedentes. La mayoría de las revistas científicas publican resultados de investigación sin mucha parafernalia ni atención, fuera de los científicos que trabajan en la misma área. Con la investigación de Fouchier, sin embargo, el panel pidió a los autores que omitiesen cualquier detalle sobre que pudiese ayudar a los terroristas a crear su propia cepa del virus. El 7 de enero de 2012,The New York Times publicó un editorial titulado El Día del Juicio Final de diseño que decía, sin rodeos, que el daño potencial de la investigación de Fouchier era “tan catastrófico” y los beneficios potenciales “tan especulativos” que la investigación, simplemente, “nunca debería haberse llevado a cabo”.

Fouchier se indignó ante estas reacciones, pero aceptó una moratoria de 60 días sobre el proyecto. “Intentar evitar que esta investigación llegue al mayor número de científicos es una tontería”, dijo a The New Yorker meses después.

La furia de Fouchier se vio acrecentada por lo que él consideraba una caracterización errónea e inevitable de la obra por parte de los medios, a los que se había negado el acceso a los hechos. Por ejemplo, el artículo del Times decía que “es muy incierto, incluso improbable, que el virus siga el mismo curso de mutaciones que siguió en el entorno controlado del laboratorio. De hecho, cuando hablé con Fouchier me dijo que la cepa del H5N1 de su equipo había evolucionado gracias a sus rasgos biológicos y mutaciones que “parecen haber ocurrido hasta la fecha en todas las cepas pandémicas de gripe contagiosas entre mamíferos”.

Cinco meses después, en junio de 2012, finalmente se publicó la investigación de Fouchier, pero el coste fue elevado. Casi simultáneamente, el gobierno de EE UU lanzó la prohibición de investigar mutaciones dentro de las condiciones de un laboratorio (las llamadas investigaciones de modelos de ganancia“) para una serie de virus, entre los que se incluía el de la gripe aviar.

“¿Que si pienso que habrá otra pandemia?”, dice Paulson. “Por supuesto. Es solo cuestión de tiempo. ¿Estará provocada por el H7N9? Creo que, si en este momento tuviéramos que elegir cuál sería el virus con más posibilidades, elegiría este

Mientras que científicos, legisladores y editores de publicaciones científicas estimaban las implicaciones sociales, médicas y éticas del trabajo, el virus H5N1 continuaba con su diseminación caótica. Gracias a las mejoras en las prácticas de la cría de aves, el suministro de pollos a las principales ciudades como Hong Kong se revisó completamente y las tasas de contagio se redujeron en China. Sin embargo, en otros lugares, en particular en Camboya, Egipto e Indonesia, las tasas de contagio y las muertes humanas continuaron aumentando con fuerza.

Luego, a fines de marzo de 2013, sucedió algo impensable e inevitable: se detectó en humanos una nueva variante de la mortal gripe aviar. El 26 de marzo, la Organización Mundial de la Salud anunció que esta nueva variante había matado a 11 de las 17 personas infectadas, incluido un hombre en Gran Bretaña que cayó enfermo tras viajar a Arabia Saudí y Pakistán.

A diferencia del H5N1, una forma de gripe aviar que había estado bajo observación durante algún tiempo, esta nueva cepa, que pasó a ser conocida como H7N9, no produjo síntomas en aves (por lo menos inicialmente; posteriormente, en 2017, mutó en una nueva forma que le permitió matar aves, y posiblemente personas, mucho más rápido). Sin embargo, las dos variantes comparten más similitudes que diferencias: ambos virus infectan aves de corral y silvestres y ambos virus pueden resultar fatales cuando se contagian a humanos (aunque el H7N9 tiene, como dijo un investigador, “una preferencia extraña por hombres mayores”).

Pero hubo otra diferencia clave. El H7N9 se extendía mucho más rápido que su predecesor. En ocho semanas había infectado a 130 personas en China continental, de las que mató a 36. Esta vez, la respuesta del gobierno chino, que había invertido 97 millones de dólares en la industria avícola desde la aparición del H5N1, fue rápida y decisiva. Se cerraron inmediatamente los mercados de aves de corral en diez provincias y se tomaron 60.000 muestras de aves de granjas de todo el país para aislar el lugar donde se concentraba el virus.

Se sacrificaron más de 20.000 aves en un mercado al por mayor en Shanghái, donde se detectó el virus en una paloma. El público, ahora familiarizado con las emergencias de la gripe aviar, también actuó rápidamente. El New York Times informó que en un restaurante de KFC en Pekín “los trabajadores estaban sin faena mientras montones de pollo frito se quedaban sin vender“.

EE UU rápidamente declaró al H7N9 como la mayor amenaza de pandemia mundial y los investigadores que ya estaban trabajando en el virus H5N1 tuvieron repentinamente una nueva cuestión que añadir a sus estudios.

En cuanto Jim Paulson supo sobre el H7N9, su equipo empezó a trabajar en el virus. Paulson es profesor en el Departamento de Medicina Molecular del Instituto de Investigación Scripps en California y, al igual que Fouchier, quería ver lo rápido que podía mutar para empezar a ser contagioso por aire. Sin embargo, dado que el trabajo de Fouchier había provocado dado lugar a una prohibición gubernamental en 2012, las cosas avanzaron mucho más lentamente para Paulson y su equipo.

“Normalmente, lo que se hace es secuenciar el nuevo virus y poner la información genética en una base de datos”, dice Paulson. “Todo el mundo puede acceder a esa información y, por lo tanto, se puede simplemente escribir el código genético y enviarlo a un laboratorio que lo sintetizará a un coste muy bajo y luego le permitirá producir la proteína en el laboratorio, estudiarla y producir mutaciones “.

Con la proteína H7N9 en mano, Paulson llevó a cabo algunas pruebas iniciales antes de centrar su atención en la misma pregunta que había inspirado la investigación de Fouchier: ¿cuántas mutaciones más necesitaría para que este virus se transmitiera por aire?

Cuatro años después, en junio de este año, Paulson publicó los descubrimientos clave de su equipo: solo dos mutaciones (además de una encontrada en H7N9 salvaje desde que comenzó su trabajo) permitirían que el virus se combinase bien con las células humanas. Los resultados, a diferencia de las pruebas de Fouchier con H5N1, son especulativos ya que no se han probado en mamíferos. “Sin estudios de infección en animales, solo podemos especular qué podría pasar”, dijo Paulson a New Scientist. “No podemos avanzar”. Por ahora, cualquier trabajo adicional debe llevarse a cabo en laboratorios que no dependan de los fondos del gobierno de EE UU.

Cinco años después, Fouchier se mantiene firme en que este tipo de investigación es esencial para la preparación ante una pandemia mundial y que la prohibición de EE UU va en contra de la seguridad humana. “Hacemos esto [el trabajo] para entender cómo se replican los virus, causan enfermedades, evaden la inmunidad”, dice. “Ha permitido desarrollar nuevos medicamentos, vacunas, terapias contra virus y otras enfermedades como el cáncer”. Si sabemos cómo funciona una enfermedad hasta el más mínimo nivel de detalle, es más probable que sepamos cómo detenerla. No hay argumentos en contra de esta práctica”.

Las restricciones a los investigadores que trabajan con virus de la gripe aviar en laboratorios que reciben fondos de Estados Unidos siguen vigentes. “Los expertos en seguridad temen que nuestro conocimiento pueda ser mal utilizado y que los virus puedan escapar de nuestros laboratorios y matar a la gente”, dice Fouchier. “Ambos temores, en mi humilde opinión, son injustificados. El conocimiento que se puede obtener es excelente y los riesgos están controlados. Las variantes del virus que surgen naturalmente representan una amenaza real para humanos y animales”.

El Dr. Florian Krammer, que trabaja en el Departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina de Icahn en Nueva York, está de acuerdo. “La moratoria es fuente de controversia porque estos experimentos nos ayudan a comprender los mecanismos clave de la biología del virus y su patogenicidad”, dice, y agrega que representa un obstáculo significativo para el rápido desarrollo de vacunas para nuevos virus. “El mundo se volvería vulnerable durante unos seis meses e incluso entonces sería cuestionable si se puede fabricar y distribuir suficientes vacunas para todos”.

La amenaza, mientras, se intensifica. El H7N9 acaba de cerrar su año más mortífero tras infectar a más personas en China en los últimos 12 meses que en los cuatro años previos juntos (más de un tercio de los infectados murieron). Además, se cree que el virus está causando una enfermedad más leve y no diagnosticada en un número mucho mayor de personas, particularmente durante los meses de invierno.

Con cada nueva infección, el virus H7N9 tiene la oportunidad de mezclar sus segmentos genómicos con cepas humanas comunes del virus de la gripe como el H1N1 el H3N2, que son particularmente frecuentes en invierno. Cada contagio ofrece una nueva oportunidad para que el virus evolucione. “¿Que si pienso que habrá otra pandemia?”, dice Paulson. “Por supuesto. Es solo cuestión de tiempo. ¿Estará provocada por el H7N9? Creo que, si en este momento tuviéramos que elegir cuál sería el virus con más posibilidades, elegiría este. Cuantos más contagios haya entre humanos, más probable es que el virus mute”.

Dado que se han introducido restricciones a los investigadores de laboratorios financiados por los EE. UU., ahora le corresponde a otras organizaciones e iniciativas garantizar la preparación ante una pandemia que, según la mayoría de los expertos, llegará tarde o temprano. La solución de este problema requiere una colaboración internacional profunda para que los países compartan generosamente datos, conocimientos y recursos con el fin de garantizar la supervivencia colectiva frente a una crisis de salud global.

Sin embargo, los últimos meses se han caracterizado, en parte por la retórica de la presidencia de Trump y por el voto de Reino Unido de abandonar la Unión Europea, por todo lo contrario. Muchos países están iniciando políticas aislacionistas, cerrando fronteras y llevando a cabo recortes sustanciales a la ayuda exterior. Con este ambiente, ¿qué pasará si sucede lo peor?




Fuente: El país

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