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Cómo innovar realmente en la era de la fiebre por la transformación digital


Imaginemos una zapatilla de deporte fabricada con basura. O un sastre digital que nos toma las medidas gracias a unos sensores y nos envía la ropa directamente. O pensemos en lo bien que nos iría un “antiteléfono” conectado a nuestro móvil para limitar el aluvión de notificaciones que recibimos al día. Pues no. No forma parte de un capítulo de la serie futurista Black Mirror: es realidad y ya está pasando (o va a pasar en breve).

“La innovación es una necesidad para el éxito. Si la primera ola de internet, entre 1985-99, se basó en construir esa red, y en la segunda (200-2015), el centro del huracán lo ocupó la revolución de los móviles y las apps, la tercera, que empezó en 2016, la del internet de todas las cosas, tiene una clara oportunidad: la innovación. Hay que ver las oportunidades más rápido que el competidor y ahora la oportunidad es innovar”. Es la contundente afirmación del profesor de management e innovación de IMD Business School, Howard Yu, en el marco de la jornada Business Innovation Now que Accenture ha celebrado en su sede de Barcelona.


“La innovación es una necesidad para el éxito. Pero no solo se refiere a lo tecnológico, hay que innovar pensando en el consumidor”. Howard Yu, IMD Business School.

Pero no solo estamos hablando de innovación en tecnología. Más importante, si cabe, es la innovación que trasciende lo tecnológico y se preocupa de lo que realmente quiere el consumidor. Así, desde 1975, las 500 organizaciones más ricas del mundo han atraído inversión porque han sabido dar valor a los bienes intangibles (capital humano, datos), más allá de los clásicos tangibles (tecnología, inmuebles…), de acuerdo a las necesidades del consumidor. Hay que diversificar en innovación.

Tras dos décadas de rápido crecimiento e innovación tecnológica, también se ha generado una gran confusión. “Y ahora”, según Héctor Ibarra, responsable de Fjord, la división de diseño e innovación de Accenture Interactive, “estamos en un punto de inflexión tecnológica, política y medioambiental. El mundo digital necesita una limpieza a fondo: ha llegado el momento de decidir qué es lo que sigue teniendo valor para nuestras vidas. Nos hemos dado cuenta de que la cara negativa de tener un móvil o de ponernos ropa cada día son las notificaciones push o que nos estamos cargando el planeta”, dice.


“Nos hemos dado cuenta de que la cara negativa de tener un móvil o de ponernos ropa cada día son las notificaciones push o que nos estamos cargando el planeta”. Héctor Ibarra, responsable de Fjord, la división de diseño e innovación de Accenture Interactive.

De ahí que se empiece a valorar tanto el silencio digital (con el “antiteléfono”) como los productos y servicios sostenibles (esas deportivas recicladas de la marca Adidas, o la ropa de la firma Patagonia, nacida ya en el más puro activismo ecologista). Por no hablar del minimalismo de los datos (que solo nos pidan los imprescindibles y que sean tratados con la máxima transparencia por parte de quienes los poseen). O que la movilidad trascienda del vehículo privado a combinaciones más eficientes de medios de transporte, etc.

Dos de estas innovaciones por las que apuesta en firme Accenture ya se pueden ver en su Innovation Center en Barcelona, presidido por Pepper, un simpático robot que da la bienvenida a los visitantes. Son un ejemplo de blockchain, un sistema de base de datos para uso de terceros sin riesgo de ser modificado, o un supply change, para reducir tiempos improductivos. La consultora, que opera en España desde 1965 ofreciendo servicios de estrategia, digital, tecnología y operaciones, cuenta con más de 30 Centros de Soluciones desde donde se aporta conocimiento especializado, procesos probados y tecnología a clientes de todo el mundo.


“La innovación, si no involucramos a nuestros empleados, no sirve de nada”. Nacho del Barrio, Responsable de Open Innovation en Accenture.

Y aún un paso más: “¡La innovación, si no involucramos a nuestros empleados, no sirve de nada!”. Para Nacho del Barrio, Responsable de Open Innovation en Accenture, es imprescindible integrar todas las estrategias de la empresa entre todos sus empleados, es básico involucrar a los trabajadores en el ciclo de innovación. Y, a su vez, integrarlos con el cliente”.

Pero, ¿qué pasa si innovamos y fracasamos? “Lo importante no es el éxito o el fracaso, es el tiempo que tardas en recuperarte del fracaso y lo rápido que vuelves a innovar”. Algo que conoce muy bien Pau Garcia-Milà, Comunicador y Empresario, Innovador del año por MIT, porque ha vivido, desde muy joven, el proceso de creación y consolidación, con sus altibajos, de una startup.


“Puedes crear una empresa en 40 minutos. Solo necesitas una pasión. Y si fracasas, lo importante es que te levantes a tiempo”. Pau Garcia-Milà, Innovador del año por MIT.

“Podemos crear una empresa en 40 minutos”, asegura Pau. Y así lo demuestra a los presentes, partiendo solo de una pregunta que les formula: “¿Cuál es tu pasión?”. Con la ayuda de su equipo de cinco personas, conectadas por Skype, el ejercicio acaba con una empresa de alquiler de barcos de vela al estilo Airbnb, con logo, página web y hasta estimaciones de visitas web, con una inversión de tan solo 100 € . “En un día podríamos saber si estamos en el buen camino, en una semana, si es una buena idea. Al final, queda claro: “hay que seguir siempre a la pasión. La motivación es cosa de un momento; la pasión es para siempre”.

Accenture, que facturó 1.083 millones de euros en el último ejercicio fiscal (un 9% más que el año anterior), trabaja en España con más del 80% de las empresas del IBEX35 y 70 de las 100 mayores empresas del país. Globalmente, colabora con más del 75% de empresas del Fortune Global 500. La innovación es, de un tiempo a esta parte, uno de sus pilares fundamentales, entre otros, a través del programa Open Innovation, con el que identifican a los socios tecnológicos más apropiados para ofrecer soluciones innovadoras a las compañías. Actualmente trabajan de forma conjunta con más de 500 startups en España y más de 30.000 a nivel global.




Fuente: LA Vanguardia

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