Llegan las vacaciones y para muchos es la hora de emprender el viaje más largo del año. En carretera será una garantía utilizar carburantes de calidad, desarrollados con tecnología avanzada y que ayudan a realizar un repostaje más rápido y limpio. Y además aprovechan mejor la capacidad del depósito, aumentando la autonomía del vehículo.

A veces, repostar un automóvil no es tan fácil como debiera. La manguera del surtidor no deja de saltar, se tarda más en completar la operación y puede incluso que el depósito no se llene por completo y reste kilómetros de autonomía.

Al repostar carburante en un surtidor se produce espuma en los conductos del depósito que dificulta el llenado. La acumulación de estas burbujas en la toma de carburante y en el propio depósito formará bolsas de gases que impedirán el llenado completo. Por ejemplo, en un turismo medio, como el Seat León TDI DE 115 CV, la capacidad del depósito es de 50 litros. Por efecto de la formación de espuma, la capacidad total puede llegar a reducirse hasta unos cinco litros, lo suficiente para mermar sensiblemente la autonomía del vehículo. Y en este caso, según su consumo homologado (4 litros/100 kilómetros), la siguiente visita a la gasolinera se podría adelantar más de cien kilómetros.

Este inconveniente obliga a anticipar las paradas en el surtidor y perjudica al automovilista sobre todo en viajes largos. Pero puede evitarse utilizando carburantes de calidad como la gasolina y el gasóleo de la gama Óptima de CEPSA, cuya formulación con elementos antiespumantes facilita un repostaje en mejores condiciones y más eficaz. Por su especial composición molecular minimizan la formación de espuma y de bolsas de aire que reducirán el radio de acción del vehículo tras un llenado completo.

Y después de optimizar la cantidad, también hacen ganar tiempo. Al repostar el coche en la gasolinera es habitual que el depósito no termine de llenarse y el surtidor se detenga como si ya estuviera colmado. Y cuando parece que está al límite, después de un tiempo y algunos borboteos, admite todavía algunos litros más de carburante. Entonces habrá que repetir la operación varias veces hasta conseguir que el aforador del vehículo marque finalmente su máximo nivel.

La formación de espuma es más acusada en el caso del gasóleo, al ser un carburante más denso y donde se generan burbujas con mayor facilidad. La espuma se crea por la presión de bombeado del surtidor al entrar desde la manguera al estrecho conducto de llenado del vehículo. Al no poder evacuarse esas bolsas de aire a contracorriente por la toma, hacen saltar el mecanismo de seguridad de llenado de la manguera, que corta de forma automática el suministro. Son repetidas interrupciones que retrasan el repostaje y que pueden evitarse usando gasóleos más fluidos y de mejor calidad.

Pero no es solo una cuestión de fluidez del producto. La propia estructura molecular del carburante y sus especiales componentes, ya se trate de gasolina o gasóleo, influyen en la formación de esas pequeñas burbujas. Al evitarlas, la formación de espuma se minimiza acelerando el tiempo de repostaje. Por último, otro inconveniente derivado de la espuma al repostar con productos tradicionales son las molestas salpicaduras al rebosar de improviso la toma antes de completar el llenado: el carburante salpica y se derrama.

Repostar más rápido, aprovechar mejor el llenado y no desperdiciar carburante. La composición de las gasolina y gasóleos Óptima de CEPSA los hacen superiores a los productos convencionales. Además de aportar otras ventajas para la mecánica y la eficiencia del automóvil, facilitan la visita al surtidor. El automovilista invertirá menos tiempo en la operación, alargará la autonomía de su vehículo y evitará molestas salpicaduras.




Fuente: El Pais

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