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Colonialismo 4.0, por Josep Maria Ganyet


Los datos son el nuevo petróleo. La frase ha hecho fortuna y tiene una carga semántica mucho más profunda de la que en principio podríamos pensar. Si bien nos ilustra como hemos pasado de una economía basada en bienes y servicios físicos a digitales, lo que me interesa son las consecuencias que lleva asociadas.

Si usted está leyendo estas líneas en la web de La Vanguardia, en su tableta o en su móvil, ya debe saber que el diario también lo está leyendo a usted. Cada clic, cada desplazamiento, cada cambio de página, cada pausa quedan registrados en los servidores del diario, que agregados con los del resto de lectores darán información muy valiosa a la dirección para su toma de decisiones. Si
en cambio usted lo lee en papel con su móvil en el bolsillo, es su compañía telefónica que recoge los datos de su comportamiento. Su móvil está en permanente conexión con la torre de telefonía más cercana y su compañía telefónica sabe si ahora mismo está leyendo este artículo en casa, en el trabajo, o en el tren mientras se desplaza. Esto se llama en argot técnico Información Personal Identificable (PII en el acrónimo inglés), auténtico petróleo para la inteligencia artificial basada en el aprendizaje máquina.

Según un estudio de Adweek los consumidores pasamos más de 5 horas de media al día en nuestro móvil lo que genera el 50,2% del tráfico en línea (fuente Statista). El 80% de los habitantes del planeta vive en una zona de cobertura 3G o superior, 3.700 millones de personas tienen acceso a internet y hay más gente en el mundo que tiene móvil que cepillo de dientes.

En un día generamos entre todos un trillón de bytes (un 1 seguido de 18 ceros) y el ritmo se acelera con la internet de las cosas. A estos datos –de procedencia diversa, sin estructura fija y en grandes cantidades– les llamamos datos masivos (big data).

Los datos masivos, y siguiendo la analogía con el petróleo, es el crudo, que sólo puede explotar quien posee los recursos adecuados. Tener datos no es importante, lo que cuenta es cómo los procesa-mos y qué extraemos. La analogía con la industria del petróleo es demasiado evidente: quien puede sacar petróleo de los datos son las grandes potencias globales, las MAGA+F (Microsoft, Amazon, Google, Apple y Facebook), los BATs chinos (Baidu, Alibaba, Tencent ) y sus estados matriz, EE.UU. y China.

Todos esos actores tienen la tecnología, el conocimiento y los presupuestos necesarios para emprender la explotación de los datos que entre todos generamos. Y en medio está Europa, sin tecnología propia, sin ninguna de las grandes empresas tecnológicas, con un PIB de 15,3 billones de euros y con un atractivo mercado de 512 millones de consumidores que generamos el mejor crudo del mundo. La analogía con el colonialismo es también demasiado evidente.




Fuente: LA Vanguardia

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