Los pactos municipales y las alianzas a nivel nacional son prácticamente mundos diferentes. Las competencias, el calado de las negociaciones y las presiones son de otra índole, mucho menos acusados en los Ayuntamientos, donde pesan más factores como las relaciones personales. Tras la triple cita electoral de mayo, en muchas ciudades y pueblos los dos principales partidos que llevaron las negociaciones para las alcaldías —PSOE y Unidas Podemos— fueron los mismos que fallaron después a la hora de intentar acordar la investidura de Pedro Sánchez y un Gobierno conjunto.

En las madrileñas Coslada o Móstoles, esa alianza llegó a buen puerto; en ciudades de tamaño medio como Manises (Valencia) o Marratxí (Mallorca), se optó por otras fórmulas que dieron mejor resultado. Las bases de ambos partidos en esas localidades se mueven entre el seguidismo con la línea de sus direcciones y la decepción por el hecho de que en La Moncloa no haya aún un líder de izquierdas. Pero en las cuatro plazas, si queda algo claro, es que el peor escenario es la repetición de elecciones.

Tanto en Coslada (82.000 habitantes) como en Móstoles (207.000), el PSOE se ha repartido las concejalías con Podemos y Más Madrid de manera más o menos proporcional a sus votos. Todos los implicados señalan que las negociaciones fueron relativamente sencillas: primero se acordó el programa y luego las competencias de cada uno. Por eso, tanto a concejales como a militantes les cuesta aceptar el fracaso de la investidura de Pedro Sánchez. Julio Huete, portavoz de Podemos en Coslada, explica que “fue el alcalde quien inició los contactos y nos propuso una alianza”, mientras que “a escala nacional esa iniciativa no existe”. Agustín González, secretario de organización del PSOE en la misma ciudad, no acaba de entender “las desconfianzas y temores” de Iglesias y Sánchez.

“Aquí teníamos la intención de llegar a acuerdos para que no gobernara la derecha. Tuvimos las reuniones necesarias. Los socialistas hicieron unas propuestas, nosotros otras y al final hubo entendimiento”, abunda Mónica Monterreal, secretaria general de Podemos-Móstoles. La líder del PSOE local —y alcaldesa—, Noelia Posse, puntualiza que el acuerdo se basó “en las políticas sociales de izquierda”, ya que los proyectos de ambos partidos “eran muy similares”.

“No es comparable”

Tanto los responsables de cada formación como los militantes locales tienen muy clara la línea de partido y no dudan en responsabilizar al otro del fracaso. Monterreal cree que Podemos debe estar en el Gobierno, “porque es la salvaguarda de que las políticas sociales se llevan a cabo”, una opinión que comparten sus compañeros en Coslada, pero no su socia en Móstoles. Según Posse, en políticas de Estado ambas formaciones mantienen “grandes diferencias”, mientras que las coincidencias se limitan a las políticas sociales. “La administración local y la estatal no son comparables”, zanja la socialista mostoleña. Su compañero de partido en Coslada sigue la pauta que marca Moncloa y pide “seguir el modelo de Portugal”: un Gobierno de cooperación, con los socios minoritarios ajenos a los sillones ministeriales.

Pero en ocasiones ni siquiera es sencillo pactar en la política municipal. En las localidades donde no hubo acuerdo entre Podemos y PSOE comprenden mucho mejor que no hubiera fumata blanca. Catalina Pujadas, militante socialista en Marratxí (37.000 habitantes), relata cómo, tras una legislatura juntos, el PSOE optó por pactar con un partido local en vez de repetir con Podemos: “Hubo muchos problemas en el consejo municipal”. Un extremo que confirma el alcalde, Miquel Cabot: “Había militantes de Podemos que provocaban mucha inestabilidad”. El portavoz local de la formación que lidera Pablo Iglesias, Humberto López, critica lo que califica como “relato del PSOE”. El relato: ese concepto que domina la política cala ya incluso en el ámbito local. “Los socialistas no quieren pactar salvo que sea indispensable, pero no lo dicen”, se explica López.

Urbanismo de la discordia

En Manises (31.000 habitantes), la experiencia también les hace empatizar con las dificultades de PSOE y Podemos para acordar un Gobierno de coalición. El recelo entre Compromís, Podemos y el PSOE ha dinamitado esta vez la entrada de los socialistas en el Ejecutivo, algo que sí fue posible hace cuatro años. El problema, según el líder local de Podemos, Rafael Mercader, fue que los socialistas no querían compartir la gestión en Urbanismo. El portavoz socialista, Ángel Mora, habla en cambio de “desconfianza”.

A pesar de tener muy claro el modelo de Gobierno que cada uno quiere y el reparto de culpas, tanto los cuadros locales como la militancia cambian totalmente de registro y pasan al enfado y la frustración cuando se les pregunta por el fracaso del Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Huete afirma que en Coslada “nadie quiere elecciones”. González lo secunda: “Entre los comicios y las fiestas locales llevamos dos meses con mucho trabajo. Merecemos unas vacaciones”. Tampoco en Marratxí o en Manises quieren oír hablar de una nueva llamada a las urnas: “Aunque sacara más votos el PSOE, la izquierda saldría perdiendo”, opina Cabot. “Esperamos que ambos se bajen del burro y haya acuerdo”, cierra el líder de Podemos en Manises.




Fuente: El Pais

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