El presidente interino de Guinea-Bissáu, Cipriano Cassama, dimitió este domingo de su cargo tras recibir amenazas de muerte proferidas contra él y su familia, según aseguró a los medios de comunicación. Cassama había sido nombrado jefe de Estado el pasado viernes por la mayoría del Parlamento para tratar de frenar la maniobra del general Umaro Sissoco Embaló, que se autoproclamó presidente del país el día anterior en una anómala toma de posesión. Al final, el apoyo del Ejército ha inclinado la balanza a favor de Embaló.

La crisis política e institucional en que estaba sumida Guinea-Bisáu desde las pasadas elecciones de diciembre, que condujo al absurdo de dos presidentes rivales nombrados en apenas 24 horas, se ha saldado por la vía de los hechos consumados. El general Embaló fue declarado ganador por la Comisión Nacional Electoral con el 53,55% de los votos en unos comicios que su rival, Domingos Simoes Pereira, recurrió por presunto fraude. El Tribunal Supremo ordenó un nuevo recuento, pero la citada autoridad electoral se negó a hacerlo hasta en cuatro ocasiones.

Finalmente, Embaló decidió pasar a la acción y organizó el pasado jueves una toma de posesión en un lujoso hotel de la capital bisauguineana, Bisáu, en desafío a la máxima autoridad judicial del país, al Gobierno legítimo y al Parlamento salido de las urnas, que no respaldaron la autoproclamación del candidato. Sin embargo, el apoyo de altos cargos del Ejército como el general golpista Antonio Indjai y el actual jefe de las Fuerzas Armadas desequilibró la pugna a favor de Embaló. Este domingo, los militares habían ocupado las sedes ministeriales, la televisión y la radio pública y amenazaron tanto al presidente interino Cassama como al primer ministro Aristides Gomes.

Dispuesto a llegar hasta el final, el general Embaló también nombró un nuevo jefe de Gobierno en la figura de Nuno Nabiam, que quedó tercero en las elecciones. De esta manera, el autoproclamado presidente vulnera la Constitución bisauguineana que recoge que el primer ministro debe ser propuesto por el Parlamento, que en la actualidad está controlado por el Partido por la Independencia de Guinea-Bisáu y Cabo Verde (PAIGC) y sus aliados. Embaló anunció que el Gobierno sería destituido en las próximas horas.

Guinea-Bisáu, un pequeño país africano de menos de dos millones de habitantes que se encuentra entre los más pobres del mundo, lleva cinco años en una situación de bloqueo institucional por las rivalidades políticas. Las elecciones de diciembre se presentaban como una oportunidad para salir de este impasse pero la ruptura consumada de la legalidad mediante la amenaza de la fuerza por parte de Umaro Sissoco Embaló, quien cuenta con importantes apoyos externos como los presidentes de Nigeria, Muhamadu Buhari, y de Senegal, Macky Sall, vuelve a situar al país en una complicada encrucijada.




Fuente: El país

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