Bach: “Suites para violonchelo” 1, 4 y 5. Mischa Maisky. 3 de diciembre de 2019. Ciclo de grandes conciertos de Goldberg.

Lleva años este chelista letón (1948) entregado a la causa bachiana, tratando de encontrar nuevos caminos expresivos en la traducción del magistral ciclo de las seis “Suites” escritas por el Cantor de Santo Tomás. Hemos escuchado en este concierto la 1, la 4 y la 5, piezas clave de la máxima brillantez y virtuosismo. En ellas el músico alcanzó, como dice Alberto Basso, a plasmar una especie de “apología del momento lineal del contrapunto, la exaltación de una concepción particular de la polifonía.”

El carácter pretendidamente didáctico del ciclo queda explicado por la dificultad de los movimientos iniciales: los seis “Preludios” no solamente presentan un cúmulo impensado de problemas técnicos de todo tipo -figuraciones en “ostinato”, pedales obsesivos, mutaciones armónicas en progresión, alternancia de notas ligadas y “staccato”-, sino que, como subraya asimismo el citado musicólogo, obedecen a una concepción en la que el “exercitium” es el único terreno sobre el que se conquista y adquiere el sentido de la música. Por otra parte reina notable simetría entre las diferentes danzas que constituyen el resto de los movimientos y que aparecen encajadas.

El elocuente arco de Maisky ha puesto sobre el tapete estas cuestiones, sobre las que tanto se ha debatido. Se nota aún en su estilo la influencia de su maestro Rostropovich. El instrumentista de Riga ha puesto en evidencia una vez más la ligereza de su arco y el control que tiene sobre las progresivas ondulaciones dinámicas, así como una afinación casi siempre impecable y unos ataques generalmente bien resueltos, con escasos roces indeseados de cuerdas. Consigue de su valioso violonchelo italo-francés sonoridades oscuras, reflejos de pintura al óleo, densidades nunca reñidas con la agilidad y una elegancia proverbial.

En esta sesión, con su atavío fantasioso y coronado por su melena blanca, Maisky fue asentándose paulatinamente tras una “Suite nº 1” tocada muy rápida, con poco reposo, aunque dejando entrever en todo momento su sentido de la danza, hasta penetrar en los arcanos insondables de la “Suite nº 5”, a que requiere una afinación distinta para la cuarte cuerda, cuyo “Preludio” fue tocado con inusitada amplitud, con sabios contrastes dinámicos. La “Allemande” tuvo auténtico peso y la “Sarabande” una reconocible profundidad, esa que se adquiere con los años. Bien resaltadas las alternancias entre los dos “Minuetos” y, después de un ataque en falso, muy bien reproducida, con magníficos efectos y furiosos golpes de arco, la monumental “Gigue”, «más especulativa que emocional”, como define en sus documentadas notas González Mira.




Fuente: La razon

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