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Científicos lanzan una búsqueda global por 25 especies ‘perdidas’ | Ciencia


Es difícil imaginar que se pueda perder una tortura gigante, pero es exactamente lo que ocurrió con una especie de la isla Ferdinanda, la menos explorada y la más joven de las Islas Galápagos. El único ejemplar jamás encontrado fue un macho, descubierto en 1906 por investigadores de la Academia de Ciencias de California, que lo mataron para estudiarlo como modelo. La siguiente señal surgió en 1964, cuando un grupo de científicos encontró excrementos del animal. Una expedición aérea en 2009 detectó algo parecido a una tortuga gigante, pero para todos los propósitos prácticos, el rastro de este reptil se perdió hace 111 años. 

Ahora, la búsqueda para encontrar esa y otras 24 especies desaparecidas se renueva gracias a una iniciativa de la organización Global Wildlife Conservation (GWC), que ha lanzado una campaña global para encontrar lo que consideran los 25 animales (y una planta) más buscados del planeta. Ninguno está oficialmente extinto, pero, colectivamente, las especies no han sido vistas en más de 1.500 años. “La tortuga gigante, por ejemplo, está en la más volcánica de las Islas Galápagos. Todo el territorio es un cono volcánico masivo, cubierto en matorrales casi impenetrables. Alguien podría caminar muy cerca de una tortuga de más de un metro al otro lado del arbusto y ni siquiera fijarse en ella”, comenta Robin Moore, biólogo y líder del proyecto. 

La lista, elaborada por centenas de científicos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, incluye un murciélago, una abeja, un periquito, un caballito de mar y un tipo de coral. Los expertos tuvieron que nombrar especies que no habían sido detectadas en más de 10 años —aquellas ya declaradas extinguidas, como el tigre de Tasmania, no fueron consideradas— y, a partir de una lista inicial de 1.200 especies, la organización redujo la búsqueda a lo que considera 25 especies “peculiares y carismáticas” que, si todavía existen, se encuentran en 18 países en todo el mundo. 

Las expediciones empezarán a finales de verano, después de una campaña para recaudar 500.000 dólares (aproximadamente 467.000 euros). Moore explica que cada investigación será diferente. Los científicos podrían lanzar una búsqueda de dos semanas en las praderas y pantanos del norte de Myanmar (Birmania) para buscar el pato de cabeza rosada, que lleva 68 años desaparecido. Para buscar al equidna de Attenborough, lo más probable es que los científicos desplieguen trampas de cámaras que serán monitoreadas por los lugareños. La búsqueda de la salamandra escaladora de Jackson requerirá una expedición a los bosques nubosos de Guatemala para revirar troncos durante el día y recorrer la selva con linternas por la noche. “Hablar con los lugareños será clave en la mayoría de las búsquedas, como en el caso de la rana conocida como sapito arlequín, en la selva de Venezuela”, comenta el biólogo. 

Moore está seguro de que la campaña funcionará y tiene evidencias de primera mano para creerlo: lideró en 2010 una búsqueda por sapos posiblemente extintos, que involucró 33 equipos de expertos en especies desaparecidas en 21 países, y que resultó no solo en el redescubrimiento de tres de los 10 anfibios más buscados, sino que también logró encontrar otras 15 especies. 

Hay, además, indicios que sostienen la hipótesis de que las 25 especies procuradas actualmente pueden estar escondidas en algún rincón del planeta. En 2007, un grupo de científicos encontró rastros de madrigueras que, por su forma, podrían ser del equidna de Attenborough, aunque no hubiera evidencia gráfica o de ADN. Entre 2000 y 2001, cazadores encontraron señales que indican que una especie de mono antes considerada extinguida, el colombo rojo occidental, ha sobrevivido. En Guatemala, dos especies de salamandra fueron redescubiertas después de más de tres décadas sin dejar rastro —”Lo que nos hace creer que la salamandra escaladora también nos puede sorprender”, dice Moore—. Y en Venezuela, los nativos han reportado avistamientos de ranas que coinciden con la descripción del sapito arlequín. “Todos esos fragmentos de evidencias son tentadores. Es un destello de esperanza para el redescubrimiento de esas especies”, afirma el biólogo. 




Fuente: El país

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