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Cecilia Bartoli, por fin una ópera en Madrid


De Rossini. Intérpretes: C. Bartoli, E. Rocha, A. Corbelli, C. Chausson, R. Bove. Les Musiciens du Prince. Coro de la Ópera de Montecarlo. Dir. escénica: Claudia Blersc. Dir. musical: Gianluca Capuano. Auditorio Nacional. Madrid, 22-X-2018.

Concierto programado como extraordinario por la Fundación Scherzo con el fin de hacer hucha con la taquilla y el patrocinio de Rolex, que agasajó a sus próximos con cóctel privado en el Auditorio Nacional, reduciendo el espacio al público que llenó la sala atraído por el encanto y el marketing de Cecilia Bartoli y dispuesto a aplaudir y vitorear escuchasen lo que escuchasen. Mucho han cambiado, afortunadamente, las cosas en el Auditorio desde los tiempos de Isabel Vázquez. No ya por lo apuntado, sino por la venta de discos o los juegos de luces en la sala para apoyar la escena de la tormenta.

Decía Karajan que era tan difícil hacer que una orquesta de 40 atriles sonase como una de 120 como al revés. De esto poco supo Gianluca Capuano, porque en sus manos Les Musiciens du Prince no pudieron evitar sonar como un conjunto bastante mediocre, con desequilibrios y más de una nota discordante. Frente a él, Claudia Blersch acertó a semiescenificar esta «Cenerentola» sin que se echase demasiado de menos que en su libreto hay un palacio y una fiesta. En estas ocasiones uno se pregunta para qué el frecuente dispendio en los teatros con ininteligibles producciones. Bartoli es una mujer inteligente que está muy bien aconsejada. No pisa teatros grandes donde su voz de limitado volumen pueda perderse. Le basta con Zúrich y algún otro, además del Festival de Pentecostés que ella misma ha comandado. Prepara a conciencia cada grabación y las giras. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde su debut en Madrid en la sala de cámara de este mismo auditorio! ¡Qué curioso que este haya sido su debut en Madrid cantando una ópera completa! Su voz no es la que era en cuanto a brillantez, pero la maneja con la misma inteligencia que acomoda la partitura a sus características. Y con un encanto que encandila. No admite duda. Debo confesar que sí las tenía sobre cuánto pudiese escuchársela, pero se la escuchó, incluso con mayor claridad que en el Real hace un año. Interpreta a la Cenicienta con gracia de pizpireta, pero uno no puede olvidar aquel rondó de Teresa Berganza en el Liceo en 1971. Pura Cenerentola en todos los sentidos y sin las notas bastas que Bartoli emite en ocasiones. Carlos Chausson fue, con diferencia, lo mejor de la velada. Un Don Magnífico que conserva todos los resortes tanto vocales como escénicos, incluso en las endiabladas estrofas a ráfagas rossinianas. Alessandro Corbelli aportó sus veteranas tablas con las que disimular las carencias vocales. Edgardo Rocha como Don Ramiro y José Coca como Alidoro no pasaron de la discreción. No fue una noche de excelencia, pero el público la disfrutó y esto es lo que hace que las salas se llenen.




Fuente: La razon

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