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Brahms encontró en el Quinteto con clarinete, de Mozart, un modelo y un remedio. Según Colin Lawson, le sirvió para integrar con éxito ese instrumento de viento con el habitual cuarteto de cuerda. Pero también para aclarar la negra tinta de su melancolía, parafraseando a Jean Starobinski. Ambos quintetos comparten detalles estructurales y la misma condición de obras tardías. Incluso surgieron de la fascinación hacia las posibilidades expresivas del clarinete, que Mozart y Brahms conocieron a través de dos grandes instrumentistas de su tiempo: Anton Stadler y Richard Mühlfiel. Al igual que ellos, Jörg Widmann (Múnich, 1973) es uno de los más destacados clarinetistas del momento. Este músico alemán ha encontrado, a partir de Mozart y Brahms, una vía actual para hacer su propia aportación como compositor.

JÖRG WIDMANN & CUARTETO HAGEN

Obras de Widmann, Brahms y Mozart. Liceo de Cámara XXI

Centro Nacional de Difusión Musical .

Auditorio Nacional, 24-25 de abril

El estreno absoluto del Quinteto con clarinete, de Widmann, junto al Cuarteto Hagen, ha sido el broche de oro a su residencia en el Centro Nacional de Difusión Musical. El compositor alemán ya había escrito una primera obra para esa formación en 1996, que tituló Trauergesang und Frühlingsmusik y retiró poco después de su catálogo. Por entonces se hallaba imbuido por Nono y Rilke en una crisis creativa, que superó poco después con el inicio de su serie de cinco cuartetos de cuerda o la Feverphantasie. Fructificó un lenguaje personal con los habituales ingredientes vanguardistas, pero donde destaca una detalladísima paleta instrumental propia que da protagonismo hasta al cuerpo del intérprete. Combinó también referencias literarias con referentes musicales clásicos. Y de todo ello es heredera su nueva obra. Pero con una salvedad: Widmann se desnuda y nos muestra su lado más íntimo y melancólico.

La obra es una inmensa catábasis de casi cuarenta minutos. Un descenso reiterado por constantes intervalos y melodías a lo largo de toda la obra. Nace y muere en el silencio, con ese trémolo bautizado como “Toppan” que se siente más que se escucha. Y se construye en varios episodios lentos que funcionan como canciones sin palabras donde coexisten técnicas extendidas con episodios tonales y hasta contrapuntísticos. Entre lo más interesante habría que destacar la sección central en multifónicos tonales del clarinete acompañada por armónicos de la cuerda. Y entre lo más atractivo ese exquisito vals vienés truncado bruscamente una y otra vez en la parte final. La obra produjo una honda impresión entre el público, que mantuvo treinta segundos de silencio al final antes de estallar en bravos y aplausos.

Existe cierta relación entre la nueva composición de Widmann y el Quinteto con clarinete, de Brahms, que se escuchó a continuación en el concierto del lunes en el Auditorio Nacional. El compositor alemán reitera las principales tonalidades de esa obra, como Si menor y Re mayor, pero profundiza en el Piú lento del Adagio y en ese juego de variaciones con una coda cíclica del Con moto final. Precisamente, esa sección del segundo movimiento o la sucesión de variaciones del cuarto, donde Brahms parece despedirse de sus héroes de Bach en adelante, fueron lo mejor de su versión del Quinteto, de Brahms. Widmann ejerció como verdadero primus inter pares con los integrantes del Cuarteto Hagen.

Menos interesante resultó el segundo concierto del martes. Los integrantes del Cuarteto Hagen no conectaron mucho con las obras de Widmann. El violinista Rainer Schmidt ofreció una superficial lectura del Étude II, al igual que los hermanos Rainer y Clemens Hagen con la breve selección de los 24 Dúos para violín y violonchelo. Mejoró con el Choralquartett, aunque sin llegar a la intensidad del propio Widmann tocando su famosa Fantasie para clarinete solo. En la segunda parte, el Quinteto con clarinete, de Mozart, tampoco alcanzó el nivel de implicación del día anterior con Brahms y especialmente por parte del cuarteto austríaco. Se notó, por ejemplo, en el diferente enfoque de los dos tríos del Minuetto: el melancólico primero con cuerda sola no terminó de despegar, mientras el Ländler del segundo consiguió la dosis exacta de propulsión con la unión de Widmann al conjunto. Para volver a escuchar el Quinteto con clarinete, de Widmann, que ha sido un encargo del CNDM en coproducción, entre otros, con el Wigmore Hall de Londres o el Mozarteum de Salzburgo, habrá que esperar hasta finales de enero de 2018 en que volverá a sonar de gira por París, Londres o Nueva York.




Fuente: El país

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