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Caos y belleza en la ciudad | Cultura


El italiano Gabriele Basilico (Milán, 1944-2013) fue, en los años ochenta del pasado siglo, uno de los grandes renovadores de la fotografía del paisaje urbano, cuando este género estaba casi abandonado. Su mirada se centró en cómo el ser humano estaba transformando las ciudades: carreteras de circunvalación o los contrastes entre nuevos edificios y viejas edificaciones que convivían juntos. La primera gran retrospectiva de su obra en España puede verse desde ayer hasta el 10 de septiembre en el Museo ICO, de Madrid, en la sección oficial del festival PHotoEspaña.

La exposición reúne 185 fotografías del calificado como “fotógrafo de la ciudad”, seleccionadas de los más de 70 libros que publicó. La muestra se abre con una serie de imágenes, de profundas perspectivas, de fábricas milanesas, tomadas en 1978. Son imágenes sin personas ni coches, que perfilan con limpieza la plasticidad de las fachadas. Le siguen las fotos de casas en la costa de Normandía, en los años ochenta que, bajo la mirada de este autor, parecen encajonar el mar.

Basilico, como explicó en la presentación su viuda, Giovanna Calvenzi, “también sostuvo una relación intensa con España”, que le llevó a documentar la Barcelona preolímpica y la transformación sufrida en Valencia, Bilbao, Lleida, Santiago de Compostela…

Quizás el proyecto más interesante de los que se exponen y el que marcó su visión de la fotografía es el que realizó, en 1991, en blanco y negro, de las ruinas del centro del Beirut machacado tras casi dos décadas de guerra. Invitado junto a otros grandes nombres de la fotografía como Robert Frank, Josef Koudelka o Raymond Depardon, Basilico logró extraer belleza de unos espacios casi destruidos por completo, en una etapa en que teñía su fotografía de romanticismo.

Esa idea de la ruina bella, en fábricas, industrias y edificios, que estaba en su fotografía inicial se sugiere en el título de la exposición, Entropía y espacio urbano. La entropía es un término físico que se refiere a “la energía que se pierde en todo sistema mecánico, por lo que es imposible que haya un movimiento continuo, al igual que ocurre en el caos de las ciudades modernas”, explicó el comisario, Ramón Esparza.

Un trabajo posterior de Basilico fue retratar las carreteras que circundan y comunican varias ciudades italianas entre sí. Ahí ya no hay hermosura alguna ni visión romántica, sino que se transmite cómo las grandes ciudades modernas están hechas para los coches. La última imagen de la exposición, en color y de 2011, ilustra los contrastes de las megalópolis: una monstruosa favela en Río de Janeiro que ha colonizado todo un valle muestra a sus pies un precioso puente racionalista. Caos y belleza.




Fuente: El país

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