A ese lugar lo bautizaron “el cruce de Nicholson”.

Así se conoce al área que los agentes fronterizos estadounidenses consideran la zona cero en la entrada de inmigrantes indocumentados desde México. Como consecuencia de ese flujo, en ese punto, atravesado el Río Grande, bajo un paso elevado de autopistas en el municipio texano de El Paso, es donde se registra el mayor número de capturas.

Por lo general, los que han hecho esa ruta hacía Estados Unidos, muchos desde Guatemala, Honduras o El Salvador, se limitan a caminar, sin intentar esquivar el arresto, según reconocen públicamente los uniformados.

En realidad, esos viajeros se sienten aliviados. Han llegado hasta ahí en su desafío huyendo de la miseria y la violencia indiscriminada en sus países.





Creen que ha concluido el peligro. Pero en ese momento empieza otra aventura de final más que incierto bajo la Administración de Donald Trump, el presidente que ha convertido la estigmatización de la inmigración en su caballo de batalla y que, a su vez, ha sacado provecho en sus negocios de trabajadores sin documentos.


La Casa Blanca pide 4.500 millones de dólares más porque agentes fronterizos y jueces no dan abasto

Este Primero de Mayo estaba previsto que entrara en funcionamiento un nuevo campamento de tiendas en las estribaciones de las montañas Franklin, en El Paso, con capacidad para al menos 500 personas. En esas carpas se les cobijará mientras se resuelven los trámites judiciales. Los juzgados dedicados a este asunto se hallan colapsados, con al menos 800.000 casos pendientes.

La construcción se acordó a la vista del caos generado por el número récord de ciudadanos que tratan de acceder a EE.UU. en los últimos meses. Trump lo definió esta semana a su manera: “Ahora esto es Disneylandia”.

Su comentario causó sonrojo por las frases que lo precedieron en una entrevista para la Fox. En esa intervención, el presidente defendió la separación de familias como elemento disuasorio, a pesar del escándalo local e internacional que generó al ponerlo en práctica su gobierno.

“Tuvimos que parar la separación. El problema es que ahora tenemos diez veces más de personas que vienen con sus familias”, señaló. Trump busca ahora otras medidas para desincentivar, como el cobro de una tasa a cada inmigrante al solicitar el asilo.





La Casa Blanca requirió ayer al Congreso una ayuda adicional de 4.500 millones de dólares, de los que 3.300 serían para asistencia humanitaria y el resto para vigilancia y refuerzo judicial.

La continua llegada de foráneos por el sur ha desbordado la capacidad de las instalaciones de la agencia de aduanas y protección fronteriza (CBP) para procesar a los indocumentados. Tras la imagen de los sin papeles amontonados bajo el puente que separa El Paso de Ciudad Juárez, el CBP defendió la necesidad del nuevo campamento. “La crisis humanitaria en la frontera ha propiciado que estiremos nuestros recursos hasta un punto insostenible”, indicó en un comunicado.

Al cruce lo llaman Nicholson por el actor Jack Nicholson, que interpretó a un agente de aduanas en el filme La frontera (1982).








Fuente: LA Vanguardia

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