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Bruselas propone elevar a 1,3 billones el primer presupuesto pos-Brexit de la UE | Internacional


Los presupuestos europeos más ambiciosos siempre han aparecido en momentos clave de la historia de la Unión. El francés Jacques Delors pavimentó en los ochenta el camino hacia el euro, y a mediados de la década pasada las Perspectivas Financieras Multianuales —el nombre imposible con el que los eurócratas bautizaron a los presupuestos de la UE— permitieron la ampliación al Este. En medio de la crisis existencial que supone la primera salida del club en más de 60 años —Reino Unido— y tras un reguero interminable de dificultades de todo tipo mal conocidas como Gran Recesión, Bruselas presenta hoy el presupuesto 2021-2027, el primero de la era pos-Brexit.

El primer mensaje es el tamaño: la Comisión propone una ligera subida, hasta los 1,3 billones, si se suman las Perspectivas Financieras y los instrumentos especiales de financiación creados para las nuevas prioridades. Eso supone el 1,14% del PIB. Los compromisos de pago ascienden a 1,28 billones, a los que hay que sumar cinco nuevos fondos: la Reserva de ayuda de emergencia (4.734 millones), el Fondo Europeo de Ajuste para la Globalización (1.578 millones), el Fondo de Solidaridad de la UE (4.734 millones), el Instrumento de Flexibilidad (7.889 millones) y la Facilidad Europea para la Paz (10.500 millones). En total, 1,308 billones de euros, tal y como adelantó ayer este diario.

El presupuesto de la UE sigue siendo relativamente pequeño, en torno a un 2% del gasto público continental. Pero sobre esa cifra pivotan las políticas tradicionales (cohesión y agricultura, que van a la baja) y las nuevas prioridades (migración, seguridad y defensa, al alza). Estas son las grandes apuestas de la Comisión a la espera de una negociación entre los socios a cara de perro que durará meses, y que debe contar también con luz verde de la Eurocámara.

Los grandes números. Las anteriores perspectivas financieras se fueron, tras un debate en el que Reino Unido y Alemania capitanearon a los países que no querían incrementos de gasto, a 1,1 billones de euros para siete años, el 1,03% del PIB. La salida de Reino Unido lo cambia todo: es una de las grandes economías del club y unos de los grandes contribuyentes. Obliga a rellenar un agujero de al menos 10.000 millones al año. Y ahí ya ha aparecido una brecha: Holanda, Dinamarca, Austria y Suecia se oponen a aportar más fondos, aunque Alemania ya no está en ese bando. Junto a Berlín, Francia, España y varios países del Este han manifestado su disposición a elevar también su participación. Bruselas, además, plantea eliminar progresivamente los denominados cheques hasta 2027. Aunque a la vez abre la puerta a introducir mecanismos de corrección si el Brexit afecta gravemente a algún país, como Irlanda u Holanda.

Recortes y subidas. A pesar del ligero aumento en la cifra total, Europa quiere centrarse en sus nuevas prioridades (básicamente, los capítulos de migración, defensa y seguridad) y Bruselas ya ha adelantado que agricultura y cohesión, que suponían el 80% del gasto, sufrirán recortes del 5%. Bruselas pretende elevar sus ingresos propios con el desarrollo del mercado de emisiones, un tipo del 3% aplicado a la base imponible del Impuesto de Sociedades Consolidado (CCCTB, por sus siglas en inglés) y un impuesto sobre el plástico no reciclado de 0,8 euros por kilo. A cambio habrá más dinero en otros capítulos:

–los fondos para transformación digital ascienden a 12.000 millones; su cuantía se multiplica por nueve.

–el programa Erasmus y las ayudas a jóvenes más que duplican su cuantía.

–el gasto en control de fronteras se triplica, hasta 33.000 millones. La UE financiará la contratación de 10.000 policías de frontera hasta 2027.

–los programas de investigación y desarrollo (I+D) ascienden a 100.000 millones, dentro del denominado Horizonte 2020.

–el gasto en seguridad crece el 40% hasta los 4.800 millones, a los que hay que sumar 13.000 millones del nuevo Fondo de Defensa, y un capítulo destinado a aumentar la movilidad militar que suma 6.500 millones adicionales.

–la acción exterior, imprescindible para lidiar con la crisis migratoria, crece el 26% hasta los 120.000 millones. La jefa de la diplomacia exterior, Federica Mogherini, propone crear una Facilidad Europea para la Paz con una capacidad de 10.500 millones para reforzar la defensa europea (a la que se podrán sumar países de fuera de la UE).

Simplificación. En los presupuestos actuales hay hasta 62 instrumentos de gasto. Bruselas reduce drásticamente ese número hasta 38 fondos por razones de eficacia. El presupuesto se divide en siete rúbricas, que definen perfectamente las nuevas prioridades y adelantan, desde el mismísimo título, los asuntos más polémicos: mercado único y digital; cohesión y valores; recursos naturales y medio ambiente; migración y protección de fronteras; seguridad y defensa; acción global y vecindario; y administración.

Cláusula antiviolaciones del Estado de derecho. Los recortes en agricultura y cohesión escocerán en el Este. Pero dolerá aún más la introducción de un mecanismo que liga la recepción de fondos al respeto del Estado de derecho. “No van a llegar fondos a países en los que los jueces no son independientes para controlar el gasto”, dicen fuentes europeas. Bruselas lleva meses preparando el terreno tras los acontecimientos en Polonia y Hungría y la polémica por el hecho de que varios socios se niegan a acoger refugiados. La novedad es la toma de decisiones: será la Comisión quien proponga esa medida, y el Consejo solo podrá vetar la congelación de fondos por mayoría cualificada inversa. Eso descarta el veto del denominado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia).

Flexibilidad. Bruselas se da margen de maniobra respecto a presupuestos anteriores ante la constatación de que la UE tenía dificultades para responder con rapidez ante la aparición súbita de crisis.

Zanahorias para la reforma de la UEM. En pleno debate sobre la reforma de la eurozona, la Comisión Juncker destinará 55.000 millones a dos fondos. Uno de ellos financiará la aprobación de reformas. El otro es un mecanismo para garantizar que los países que sufren crisis puedan mantener sus niveles de inversión pública. Una alta fuente comunitaria los califica como “fondos zanahoria”: son menos ambiciosos de lo previsto, pero permiten a Bruselas salir con dos propuestas en un debate que se ha complicado mucho por el escepticismo de Alemania.

 




Fuente: El país

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