Obra: «Madama Butterfly» de Puccini. Intérpretes: Ainhoa Arteta, Marcelo Puente, Cristina Faus, Gabriel Bermúdez, Francisco Vas, Isaac Galán, etc. Orquesta Sinfónica y Coro Verum. Dirección escénica: Emilio López . Dirección musical:Giuseppe Finzi. Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, 25-VII-2019.

A las cuatro de la tarde empezó a sonar en Radio Clásica el «Tannhauser» con el que se abría Bayreuth y en el que debutaba Gergiev dirigiendo la orquesta y coro del festival. A las veinte comenzaba «Madama Butterfly» en un teatro en el que se pusieron muchas expectativas (los primeros años fueron espectaculares. Aún se recuerda la selección de «Don Carlo» con Muti). Nada más iniciarse unos aviones sugerían que algo de la guerra aparecería. Efectivamente, el segundo acto traía imágenes de la bomba atómica, recordando que la protagonista provenía de Nagasaki y situando la acción tras el desastre. ¡Cómo evitar que volasen los pensamientos! Que aquellos lujosos inicios, como la atractiva casa inicial de la infeliz, acabasen igual que esta morada: en casi una ruina. La Comunidad dejó de ocuparse directamente y arrendó el festival a terceros. La ruina no llegó de golpe con una bomba, sino con sucesivos recortes presupuestarios. Escribí en su momento que sólo una continuidad haría posible el funcionamiento de las instalaciones y que, si se apagaba la llama, sería muy difícil volver a encenderla. Tristeza por Butterfly y tristeza por el teatro. Quizá por los sentimientos expresados también recordé las palabras de Giulini en una conversación personal en Londres, prácticamente llorando al reconocer que no podía con la música de Puccini, que la encontraba sentimentaloide en exceso y que era para él una cuestión «de piel». Ciertamente Puccini se pasa en esta obra. Prácticamente no para de buscar los sentimientos más viscerales del espectador. Música y circunstancias impactaron en los míos. Compréndanme. Esta ópera se lleva trescientos mil euros de los quinientos mil que tiene el teatro para su festival de verano y es su gran gancho. Apenas se recaudará la mitad a pesar de llenarse el aforo, porque la localidad más cara cuesta cien euros. No puede acudirse, como hacen algunos, al Escorial pretendiendo ver un espectáculo no ya como los del inicialmente pretendido Glyndebourne, sino tampoco como en el Real.

Mayor dirección actoral

Sin embargo esta producción sí se vio en el Palau de les Arts con un reparto inferior. Funciona y no perturba ni música ni libreto si nos olvidamos que, tras la bomba, no podía haber cónsul americano y otras cuestiones menores. Podía eso sí, pedirse una mayor dirección actoral. In ejemplo, los andares de Butterfly son más de una vasca que una geisha. Eficaz, sin más, la dirección de Finzi y dignos orquesta y coro. De los cuatro protagonistas es el tenor, Marcelo Puente, quien posee la voz más adecuada al papel y el de más débil línea de canto, con algunos estrangulamientos por arriba. Cristina Faus y Gabriel Bermúdez son correctos Suzuki y Sharpless. Una por entrega y emotividad y otro por línea impecable. Sin sorpresas el resto del reparto. Ainhoa Arteta profundiza en el papel tras la poco positiva experiencia en el Liceo. Lo hace suyo y convence en el paso de niña a mujer, con un timbre dulce y atractivo, aunque algunos momentos precisarían un centro con mayor poder. Sabe sacar provecho emotivo a su peculiar vibrato y lucirse en sus escenas más significativas, reservándose en otras como con Yamadori. Las aclamaciones del público denotaban la satisfacción generalizada a un trabajo bien hecho. La Comunidad de Madrid tiene muchos problemas en su consejería de cultura, que fluyen por la ORCAM, el ballet, los Teatros del Canal o el mismo Escorial. Esperemos que un nuevo gobierno sepa solucionarlos y sea capaz de ver la potencialidad de este teatro y darle el impulso que merece.




Fuente: La razon

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