Billie Eilish (voz), Finneas O’Connell (bajo, guitarra y teclados) y Andrew Marshall (batería). WiZink Center. Madrid, 3-IX-2019.

Es el signo de los nuevos tiempos: eres lo que pareces. Y Billie Eilish es una estrella porque lo parece. Da lo mismo cualquier consideración que se le pueda hacer a lo que exhibe en escena porque lo indiscutible es que sobre las tablas en una auténtica encantadora de serpientes y el público, su público, la adora.

Así se comprobó anoche en el WiZink de Madrid, que mostró claros en la pista porque siempre hay listos a los que se les va la mano con el precio de las entradas. No obstante, más de 10.000 adolescentes bailaron al son que les marcó una menuda chica californiana que sin duda conoce el secreto del éxito.

Billie Eilish sale a escena con enorme puntualidad, señal de buena educación. Y el grito histérico es casi ensordecedor. De pronto, la masa alza sincronizadamente sus teléfonos móviles para captar el momento. Alucinante. No has estado en un sitio si no lo has grabado y, por descontado, si no lo has enseñado. Pero la Generación Z sabe hacer dos cosas a la vez: manejar el celular y cantar a lo bestia. Es lo que demuestran en «Bad Guy», la espeluznante apertura de Billie Eilish. Qué karaoke más brutal. Tanto que a la cantante ni se la oye.

La muchacha lleva dos moños, su clásica ropa «oversize» y también luce una llamativa cédula en su pie derecho. Tiene un esguince. Pero sus movimientos espasmódicos mantienen embelesados a sus devotos. Y les habla mucho en inglés. Piensa que como se saben sus canciones, también entenderán lo que les dice. No es lo que sucede. Les pide que hagan cosas antes de las canciones, pero como si nada. Lo que cantan es el «wachi-wachi» de toda la vida.

Pero, ya decimos, Billie Eilish se siente como una estrella y actúa como tal. Se alivia en cuanto debe dar las notas más altas pidiendo a la concurrencia que cante. Y si hay que meter algún «play-back» o más sonidos pregrabados de la cuenta, se hace. Siguen «My strange addiction» y «You should see me in a crown», desatando el delirio. Es tremendo ver a una chica de 17 años sintiéndose tan dueña de la escena.

Da lo mismo que se le noten las costuras en «Idontwannabeyouanymore», una balada convencionalísima que no le pega. Los vítores histéricos siguen. Como en «Wish you were gay», un tema que sí lleva un sello y en el que sí se siente más cómoda. Ella no canta bien, si por eso se entiende tener gran voz y llegar muy arriba, pero sí tiene expresividad, que es el mayor tesoro que puede ostentar un vocalista. Por ahí debería seguir su carrera. Veremos.

El concierto avanza con todo el repertorio que tiene a su disposición. Porque hay que recordarlo: solo tiene un álbum. «Xanny», «All the good girls go to hell», «Bellyache», «I love you» y «Ocean eyes» provocan lágrimas en la concurrencia. Y tras 75 minutos de actuación se marcha con una reinterpretación de «Bad guy». Billie Eilish no ha demostrado ser una estrella porque con 17 años tienes que ser Stevie Wonder, Paul Weller o Van Morrison para serlo. Pero como lo parece, lo es.




Fuente: La razon

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