El senador izquierdista Bernie Sanders ha ganado este martes las primarias de New Hampshire, seguido muy de cerca por Pete Buttigieg, según las proyecciones de los medios estadounidenses. Con el 85% escrutado, el primero obtiene el 26% de los votos y el segundo el 24,4%, una diferencia muy leve que ya no parece que vaya a revertirse con las circunscripciones que faltan por contar. Esta noche se repite una foto muy similar a la de los caucus de Iowa: el mayor de la carrera, Sanders, de 78 años, y el más joven, Buttigieg, de 38, se colocan a la cabeza. «Dejadme decir que esta victoria aquí hoy marca el principio del fin de la presidencia de Trump», clamó un Sanders que repite en New Hampshire la victoria de hace cuatro años contra Hillary Clinton.

En los sondeos nacionales, el senador se encarama como favorito, puesto que hasta esta semana mantenía el liderazgo Joe Biden, el vicepresidente de la era Obama que ha prometido recuperar el Washington de entonces tras cuatro años de tormenta Trump. Buttigieg, que dio la campanada como ganador en Iowa, sin mucha más experiencia que dos mandatos como alcalde de una ciudad de unos 100.000 habitantes, amarra un puesto muy cercano al líder. Si la noche hubiese lanzado un solo mensaje, sería que la idea de recuperar el pasado no despierta pasiones.

Pero son más los mensajes que ha dejado la velada. New Hampshire ha dado un empujón a Amy Klobuchar, la primera mujer senadora de Minnesota, que ha quedado tercera (19,8%) tras vivir unos días dulces en los medios de comunicación, impulsada por el buen debate del viernes y el apoyo del consejo editorial de The New York Times. Esta noche se presentó ante la prensa como si hubiera ganado: «Hola, América, soy Amy Klobuchar y voy a derrotar a Donald Trump», espetó nada más ponerse ante el micrófono. En cambio, estas primarias han resultado un varapalo para Biden, quinto (8,4%), y para la senadora Elizabeth Warren, cuarta (8,4%), dos pesos pesados del partido que se van de la segunda contienda en esta carrera sin un solo delegado en el bolsillo.

Así funciona New Hampshire, un Estado de 1,3 millones de habitantes, que no reparte más que 24 de los 1.991 delegados que hacen falta para ganar la nominación, pero que, como los caucus de Iowa la semana pasada, suponen el primer contraste entre las expectativas y la realidad. Y hay víctimas. Warren, una política popular, referente del giro a la izquierda y procedente del Estado vecino de Massachusetts, está llevando a cabo una campaña muy trabajada tanto en la calle como en los puestos de mando, con mítines electrizantes y planes económicos muy concretos. En las encuestas nacionales ha llegado a colocarse tercera, pero los primeros resultados han sido un jarro de agua fría.

En cambio, el pabellón donde los seguidores de Sanders seguían la noche electoral, en el campus de la Universidad Southern New Hampshire, en la ciudad de Manchester, se convirtió en una fiesta cuando apenas se habían escrutado un 20% de los votos. Luego, conforme seguía el escrutinio y Buttigieg seguía a la zaga, tan cercano del senador, se calmó la euforia. Quedan muchas primarias por delante, pero algunos, votantes ya del senador en las primarias de 2016, transmitían la sensación de estar viviéndolo como una oportunidad para la justicia histórica.

Loreto Amadeo, de 57 años, le votó hace cuatro años y se mantuvo fiel al voto demócrata cuando salió Clinton nominada, “pero desgraciadamente perdió igualmente contra Trump”. Ahora ha vuelto a apoyar al senador y a responder a las preguntas de entonces, sobre todo, si un político que se presenta como socialista ante el mundo puede ganar unas presidenciales en Estados Unidos. “Aquí ha ganado, puede ganar, es el momento de que él lo intente, él es un millón de veces mejor que Trump”, sostiene. El hijo de Loreto, Tomás, de 24 años, asegura que “la gente va a mirar más allá de las etiquetas de socialismo o no socialismo, y él se va a centrar en políticas que ayuden a la gente trabajadora, eso no da miedo».

Como ocurrió la semana pasada en Iowa, la primera parada de esta larga carrera demócrata para elegir al candidato para las presidenciales de noviembre, se han colocado a la cabeza el más joven y el mayor de los aspirantes a la Casa Blanca. Sanders y Buttigieg se llevan cuatro décadas. El primero es un independiente que lleva toda su vida por colocar el socialismo en la centralidad política de Estados Unidos, un país que suele asociar este término a la antigua URSS. El segundo se enmarca en el sector hoy considerado moderado, si bien su agenda es más progresista que la del partido de los últimos años, en consonancia con el giro a la izquierda que ha experimentado el partido de Barack Obama y Hillary Clinton.

Biden era favorito en los sondeos de ámbito nacional hasta Iowa y, tras los malos resultados en los caucus, ha ido bajando en las encuestas hasta situarse después de Sanders. «Eso no ha terminado», reivindicó este martes, «acaba de empezar», declaró ya fuera de New Hampshire, donde ni siquiera se quedó a pasar la noche electoral. El vicepresidente de la era Obama pretende recuperar ímpetu en las siguientes citas, los caucus de Nevada del 22 de febrero y las primarias de Carolina del Sur el 29, gracias a su tirón entre los votantes hispanos y los afroamericanos. Esa será también la hora de la verdad para el joven Buttigieg, pues el apoyo que suscita en los sondeos entre los votantes negros y latinos no llega ni al 5%.

Sanders, que de algún modo jugaba en casa, pues procede del vecino Estado de Vermont, ya ganó en las primarias de New Hampshire hace cuatro años frente a Hillary Clinton, pero pronto empezó a perder lizas de más peso poblacional y cayó derrotado. Pero el escenario ha cambiado: ahora la carrera demócrata se encuentra hiperpoblada de figuras inscritas en la tradición más moderada del partido, que dividen el voto, y el senador está superando a su única rival en el flanco izquierdista, Warren. Esta trató de relativizar los resultados, felicitó al primero y al segundo por «sus dos noches fuerte» y advirtió de que la suya es una «carrera de fondo».

La criba de New Hampshire se llevó a dos precandidatos por delante. Andrew Yang, el empresario de origen asiático cuya propuesta más distintiva consistía en una renta universal de 1.000 dólares mensuales, anunció su retirada poco después de cerrarse las urnas, cuando todavía no habían empezado siquiera a salir los resultados. A los pocos minutos lo hizo el senador por Colorado Michael Bennet, que nunca logró despegar de porcentajes de apoyo superios a los dos dígitos. Quedan nueve demócratas en la carrera y aún mucha incertidumbre.

El Partido Demócrata no ha aclarado aún su dilema, si la manera de derrotar a Trump es presentar a un candidato moderado o un viejo rockero de la izquierda como Sanders. Steve Mattloff, un ingeniero informático de 56 años, admitió que derrotar al actual presidente resultaría “muy difícil”, pero rechazaba la idea de que el senador de Vermont lo vaya a tener más complicado que el resto. “Mucho del éxito de Trump es personal, es un asunto de culto personal, y él único de los demócratas que logra ese mismo efecto en los fans es Bernie Sanders, si las elecciones se ganan así, el hombre es Sanders”, apuntó.




Fuente: El Pais

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