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Berlín y París planean dar un vuelco a las leyes de competencia


Para Alemania y Francia, en política industrial “ Beautiful is right”. Los dos países quieren potenciar a sus campeones nacionales y, frustrados por el veto de Bruselas a la fusión de Siemens y Alstom, están decididos a cambiar las reglas que hicieron posible el bloqueo de la unión de los dos gigantes del transporte ferroviario. Ya avisaron inmediatamente después de que la comisaria europea de la competencia, Margrethe Vestager, hundiera aquella operación, y esta semana presentaron su manifiesto para una nueva política industrial adecuada al siglo XXI.

El documento franco-alemán advierte de que, si no se permite la creación de grandes empresas capaces de competir a nivel mundial, la base industrial europea desaparecerá. “La alternativa es simple cuando se trata de política industrial: unimos nuestras fuerzas o permitimos que nuestra base industrial y nuestra capacidad desaparezca gradualmente –dice el manifiesto–. Una industria fuerte es la base de un crecimiento sostenible e inclusivo. Y por encima de todo, dará a Europa su soberanía e independencia económica”. Para ello, aportan datos –“hoy en día, entre las 40 empresas más grandes del mundo sólo 5 son europeas”– y plantean cambios: flexibilizar las normas que regulan la competencia y dar un papel en las decisiones a los Estados, que ahora quedan totalmente al margen.






Tras el veto a la fusión

En política industrial, “Beautiful is right”, dicen airados después del veto a la fusión Siemens-Alstom

En concreto, reclaman que en las fusiones se valore el control estatal y los subsidios de las compañías y que se tenga más en cuenta la posible competencia a nivel global. Además, se quiere introducir un derecho de apelación al Consejo de Ministros. Es decir, que serían los Estados los que tendrían la última palabra para autorizar o vetar una fusión empresarial. Se trata de un giro radical en la política de la competencia que ha estado aplicándose en la Unión Europea, que se justifica porque “a veces, no hay nada más estúpido que las reglas europeas”, según el ministro francés de Economía y Finanzas, Bruno Le Maire.

La “Estrategia Industrial Nacional 2030”, que Alemania presentó el 5 de febrero, subraya que “el tamaño importa” y que son necesarios los campeones nacionales y europeos: “Si un país carece de compañías del tamaño crítico necesario para realizar proyectos significativos y participar en la competición internacional contra los grandes competidores, ello lleva efectivamente a la exclusión de una parte significativa y creciente del mercado mundial”. Es decir, que no estamos sólo, aunque también, ante la reacción airada ante el bloqueo de Siemens-Alstom, sino a una estrategia de más calado para cambiar las normas europeas.


La “Estrategia Industrial Nacional 2030”

La “Estrategia Industrial Nacional 2030”, que Alemania presentó el 5 de febrero, subraya que “el tamaño importa” y que son necesarios los campeones nacionales y europeos






En ese contexto, el gran rival es China, ante el que París y Londres se desesperan al ver que compiten con empresas bajo control y subvención del Estado, y por tanto, consideran que juegan en desigualdad de condiciones. Un vistazo al índice Fortuna Global permite comprobar que de las 50 principales compañías del mundo, sólo 10 son europeas, por 21 norteamericanas y 11 chinas.

“Las leyes europeas de control de fusiones pueden necesitar reformas o no. Pero pedir a la Comisión Europea que abandone de golpe su posicionamiento y que vaya contra la Regulación de Control de Fusiones es ciertamente un error”, afirman Georgios Petropoulos y Guntram Wolff, del think tank Bruegel, que advierten de los riesgos de la intervención de los gobiernos: “Es necesaria una cuidadosa reflexión para evitar efectos indeseados de la
intervención política en casos específicos”. Dicen que “ Big may be beautiful”, (lo grande debe ser precioso), pero que la prioridad europea, más allá de medidas defensivas, debe ser convertirse en pionero en la innovación y en la adopción de nuevas tecnologías.








Fuente: LA Vanguardia

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