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“Barcelona es fruto de una complicidad sin amos”

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La razón de todos

La mirada de Busquets sobre las Barcelonas de la historia demuestra que vivimos la ciudad con emociones e intereses muy personales, pero sólo la racionalidad en la planificación urbanística permite la convivencia ordenada. Y en Europa la regeneración de la ciudad ha pasado por el control y la gestión del espacio público frente a los intereses privados para que, por ejemplo, deje de estar monopolizado por los coches. También la razón colectiva debe vencer sobre la conveniencia privada para lograr la equidad social y que la naturaleza y la ciudad no sigan siendo enemigas, sino complementarias. Lo van logrando Barcelona y, apunta Busquets, Amsterdam y Paris.

Qué distingue a Barcelona en su urbanismo?

Una complicidad muy nuestra entre el planificador, los ciudadanos y las instituciones, que va logrando lo mejor para todos sin que nadie tenga que imponerlo.

Por ejemplo.

Y no niego que se hicieran cosas mal o se intentara boicotear planes, pero, al final, los barceloneses acaban haciendo suyo lo que nos conviene a todos. Es la complicidad con la que se acabó asumiendo el plan Cerdà, la Exposición Universal de 1888, la del 29 o los JJ.OO…

Todo fueron planes compartidos.

El resultado es que muchos visitantes te preguntan: ¿qué gobernante planificó Barcelona?

Fueron urbanistas como Ildefons Cerdà.

Y hay que responderle que la hicimos entre todos después de quejarnos mucho. No olvidé que Cerdà fue odiado e insultado, porque su planificación del Eixample se enfrentaba a grandes intereses. Pero, a medida que su visión se demostraba acertada, todos la hicieron suya. Y hoy se proclama con orgullo que vives “en el Eixample”.

¿Esa complicidad tiene futuro?

La reforzamos con la democracia y fue el motor que convirtió la ciudad mediocre del franquismo en vibrante capital global.

Tuvo barrios que daban miedo.

Para mejorar Barcelona, cuyo urbanismo entonces sólo interesaba para especular, Manuel de Solà-Morales fundó el Laboratori d’Urbanisme de la UPC, que ahora celebra sus 50 años de historia. Y trabajamos con él.

¿Estudiaban las barracas?

Esa fue mi tesis cuando acabé arquitectura en los 60: investigué las construcciones que surgían de un día para otro en la periferia.

¿Cómo?

Y no eran barracas, sino auto construcciones de trabajadores en ascenso social. Digamos que las edificaban entre el paleta y el taxista, porque crecíamos tan deprisa que había que vivir en algún sitio. Estaban en calles que no figuraban ni en los planos. Pero, entre todos, logramos integrarlas en barrios estructurados.

¿Alguna lección de entonces para hoy?

Que al legislar para promover la igualdad en el acceso a la vivienda hay que tener mucho cuidado con no crear guetos.

¿Y cómo se consigue?

Evitando la segregación y promoviendo la diversidad en toda la trama urbana. La diversidad hizo de las ciudades el motor de la civilización y la gran aportación de Europa a la humanidad. Hay que huir de los bloques “de pobres” de vivienda protegida y diseminar, en cambio, su presencia en zonas residenciales.

¿No se quejará nadie?

Apreciarán que la ciudad genera prosperidad en la medida en que el urbanismo promueve esa fertilidad en el cruce de culturas, clases sociales, edades y modos de convivencia evitando la segregación de clases y la degradación de funciones en beneficio de unos pocos.

¿Cómo evitar convertir la ciudad en monocultivo turístico sin frenar el turismo?

Ese es el difícil equilibrio. Y debe conseguirse no tanto prescribiendo las soluciones de un poderoso planificador como haciendo posibles y conciliando las que proponen los propios ciudadanos.

¿Algún ejemplo?

Fíjese en Sant Andreu, Gràcia, Sarrià y esos pueblos que se convirtieron en Barcelona sin perder su identidad. Permitían la convivencia cotidiana de artesanos y menestrales con las burguesías colindantes y hoy aportan diversidad y múltiples soluciones residenciales a los nuevos barceloneses.

Además, es una delicia pasearlos.

Porque el urbanismo no impuso una solución, sino que creó una trama regular urbana pequeña en los centros de los pueblos del llano y grande en el proyecto Cerdà. La pequeña, como un collage de plazas sin plano general, y la de Cerdà con un plano claro y bien definido.

¿Catalunya ciutat o gran Barcelona metropolitana?

Mire, yo creo que todas esas etiquetas institucionales y políticas son ya del pasado. Tenemos que pensar soluciones abiertas al futuro.

¿En qué sentido?

Girona ya está a media hora de Barcelona…

¿Ya es otro barrio?

O Barcelona otro barrio de Girona.Una ciudad es las relaciones que tienes en ella. Cada uno genera sus redes y las va modificando. La ventaja de una gran ciudad es que permite ir ampliándolas y adaptándolas sin gran esfuerzo.

Porque hay de todo para todos.

Digamos que en un centro potente, como Barcelona, se puede aumentar el radio de tu malla de relaciones sin gran coste.

No necesitas largos desplazamientos para cambiar de amigos o médicos.

Por eso, el urbanismo también debe permitir que cada uno vaya adaptando sus relaciones de forma fluida a sus necesidades. Y ese es también el desafío de la movilidad.

Tras esas decisiones hay luchas de poder.

Trabajé con Pasqual Maragall y Oriol Bohigas en Barcelona y he intervenido en los planes de Toledo, La Haya, Lisboa, Marsella, Rotterdam, Singapur o São Paulo y ahora en Aviñón y Toulouse para comprobar que siempre hay una decisión urbanística que puede lograr complicidades más allá de la política. Y es la buena y la que enseño en Harvard.




Fuente: LA Vanguardia

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