El mundo del fútbol mira a la Premier. A falta de seis jornadas para su desenlace, dos equipos luchan codo a codo por hacerse con la liga inglesa. El asunto no llamaría especialmente la atención si no fuera por el perfil de los contendientes. Como en las buenas películas, los protagonistas son antagónicos, lo que multiplica exponencialmente la emoción y el sentido del espectáculo. Manchester City contra Liverpool; Pep Guardiola contra Jürgen Klopp; música sinfónica contra heavy metal; anchura contra verticalidad; azul cielo contra rojo pasión.


El duelo perfecto

Es una rivalidad beneficiosa para el fútbol: desde una mirada abierta se puede gozar con los dos modelos






Hay una particularidad en esta dicotomía. No hay buenos y malos. Vista desde lejos, es una rivalidad bella, estrictamente deportiva. Sobre todo en lo que se refiere a los entrenadores. Su manual de juego no se parece en nada pero en ambos casos puede resultar atractivo desde una mirada abierta. Y está presidido por el fair play. José Mourinho ya ejerció como engendro anti- Guardiola, sí, pero contaminaba el terreno de juego y sus aledaños (físicos y medioambientales) con exhibiciones de mal perder y mal ganar. Y su fútbol, más allá de excitar a sus incondicionales, casi siempre movidos por el lema el fin justifica los medios, nunca conmovió a los paladares sensibles. Es obvio que la propuesta de Guardiola es la más armónica y la más estética, guiada como está por parámetros casi geométricos, el llamado juego de posición. ¿Pero quién no ha caído bajo el poder de seducción del Liverpool y su apuesta por el fútbol vertiginoso, también de indudable plasticidad cuando es practicado al estilo inconfundible de Klopp?

Firmino y Mo Salah festejaron el gol a lo grande
(Peter Powell / EFE)

Hay un aspecto indudable. Si hay dos entrenadores influyentes y reconocibles a través de su obra, es decir, a través de sus equipos, esos son Guardiola y Klopp. En realidad, en eso consiste ser entrenador, en la comunión entre banquillo y césped. La simbiosis.


La obra

Guardiola y Klopp son carismáticos y privilegiados: sus equipos juegan como ellos quieren






Pongamos por ejemplo dos partidos recientes. El sábado el City visitó el Craven Cottage, el coqueto y centenario estadio del Fulham, y ganó 0-2 sin apenas despeinarse. Es cierto que el rival está con un pie en segunda, pero los c itizens desplegaron el fútbol esperado: posesiones largas a ritmo alto, estudiada distribución de los futbolistas sobre el terreno de juego de modo que las líneas siempre estén juntas, desgaste del oponente, que sólo puede correr, y presión avanzada y coordinada para forzar el error y aprovecharlo en campo contrario, cerca de la portería. De hecho así llegaron los dos goles, obra de Bernardo Silva y Agüero. Suelen ser victorias por puntos las del City, con jugadores clave como De Bruyne, el galvanizador del juego ofensivo, o Sané, un diamante cada vez más pulido. Guardiola siempre trata de sacar el balón jugado desde la portería, como bien saben (y aplauden) en Barcelona, pero ante la presión alta, hace últimamente como Valverde: saque largo pero estudiado, nada de rifarla.

Vayamos al otro partido. Liverpool-Tottenham el pasado domingo. Los reds fueron lo que quieren ser en la primera parte. Laterales puntiagudos (Robertson es un puñal por la izquierda) y ataques de una intensidad brutal, en los que la movilidad de Firmino, Salah y Mané (qué futbolista) desarbolan a cualquiera. En la segunda parte se refugiaron en su campo y salieron al contragolpe. Tienen menos registros que el City y las pasaron canutas para ganar en el último minuto. Delante, eso sí, tenían a un señor equipo, el Tottenham de Pochettino. Echando un vistazo a la historia el duelo es mucho más desigual. El Liverpool es un grande de Inglaterra. Tiene en su haber 18 ligas, sólo superado por el Manchester United, que posee 20. Pese a que sus propietarios son norteamericanos, el club destila todavía tradición, en contraposición con un City más identificado con los clubs ricos de nuevo cuño, en su caso gracias a los amos de los Emiratos Árabes.





El City, que a lo largo de su historia ha ganado 5 ligas (1937, 1968, 2012, 2014 y 2018), es líder con un punto de ventaja. El calendario parece más favorable a los reds, cuyo peor rival de aquí al final es el Chelsea, en Anfield, mientras el City tendrá que vérselas con el Tottenham, adversario además en la Champions, y, atención, con el United en Old Trafford.








Fuente: LA Vanguardia

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