El 11 de enero de 2019, el PP lanzó un comunicado para explicar por qué optaba por Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez Almeida como candidatos a la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. «Representan a la perfección una nueva generación de políticos con un discurso claro en los principios liberal-conservadores del centro-derecha», decía aquel texto, que un año después certifica que ninguna de las apuestas políticas de la presidenta han sido casuales. Y subrayaba: «Se atreven a defender sin complejos los principios y valores de siempre del PP».

Desde entonces, Díaz Ayuso ha puesto en el corazón de su discurso algunos de los temas que forman parte del ADN del PP más duro. La presidenta de la Comunidad no solo busca constantemente el choque con el del Gobierno, como se vio el jueves, cuando le afeó su reunión con Quim Torra, o en enero, cuando recibió con honores de jefe de Estado a Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, y aprovechó para criticar a Sánchez por no hacerlo. También ha enarbolado banderas que el PP de Mariano Rajoy —un tibio en lo ideológico para algunos de los pesos pesados que tiene ahora su formación— manejaba con más timidez.

Ahí están las referencias a supuestos problemas de seguridad ciudadana, como el de la ocupación, al que se le da tanta importancia como para anunciar que estará en su agenda el día que Pedro Sánchez le convoque a acudir a La Moncloa —en la región hay menos de 5.000 viviendas ocupadas de un parque de más de tres millones—. A eso se suma la ambición de afrontar una rebaja impositiva en un escenario económico incierto. También, la personificación de un discurso feminista que se dice alternativo al de la izquierda, y que cristalizó en su presencia en la final de la Supercopa en Arabia Saudí —donde su aparición sin velo fue interpretada en las redes sociales como una novedad, pese a los numeresos precedentes—. Finalmente, son frecuentes sus intervenciones en defensa de las víctimas del terrorismo, que próximamente verán cómo la Comunidad se persona como acción popular en todos los casos judiciales sobre terrorismo y actos terroristas, así como en los relacionados con el enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. 

«El Gobierno cuenta por primera vez con una consejería de Justicia, Interior y Victimas», recuerda un portavoz del departamento que dirige Enrique López, que subraya que el cambio de denominación es una decisión «política» y que la personación podría darse en casos ocurridos en toda España, al afectar a los tramitados en la Audiencia Nacional. «Pretende visualizar la sensibilidad de este Gobierno con las víctimas del delito, y en especial con las víctimas del terrorismo», sigue. «Esa sensibilidad que da forma al posicionamiento político del Ejecutivo, también existía en 2018, cuando el Gobierno, en base a sus planteamientos políticos, impulsó la Ley para la Protección, Reconocimiento y Memoria de las Víctimas del Terrorismo».

Todo es, por tanto, «político». El primer Ejecutivo de coalición de la historia de la región, formado por PP y Cs, está marcado por tres asuntos. Primero, por la difícil convivencia entre los equipos de Díaz Ayuso e Ignacio Aguado. Segundo, por la dependencia de Vox. Y tercero, por la decision estratégica que tomó Casado cuando eligió a dos duros —Díaz Ayuso y Almeida— para cerrar la sangría del trasvase de electores hacia el partido de extrema derecha.

La estrategia de la presidenta la deciden ahora ella misma y su nuevo jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, exsecretario de Estado con José María Aznar. Díaz Ayuso y el expresidente del Gobierno comparten su apoyo a Casado, como quedó demostrado en un acto de Instituto Atlántico de Gobierno y la Universidad Francisco de Vitoria, a finales de enero. Y, mientras tanto, la líder madrileña marca territorio — «Tengo criterio suficiente como presidenta de la Comunidad para nombrar a mis asesores sin que me los dicte Aznar», dijo entonces— y también pone sobre la mesa temas con su propio sello, nuevos para el PP. Por ejemplo, su preocupación por la ludopatía, las casas de apuestas, la adicción de los jóvenes a las nuevas tecnologías o la soledad de los mayores.

«El Gobierno de Díaz Ayuso va a seguir profundizando en políticas basadas en la libertad, la bajada de impuestos, y la mejora de unos servicios públicos que son la referencia en España y en Europa», explican desde el Gobierno regional. «Y junto a ello seguimos perseverando en nuestra defensa de la Constitución, la unidad de España y el Estado de Derecho como ejes de una sociedad democrática y avanzada», añaden. «Gracias a ello somos el motor económico del país y en una de las regiones más prósperas de la UE, con la segunda tasa de longevidad más alta del mundo», siguen. «Continuamos, por tanto, en la misma senda, cumpliendo el programa político que ha dado tantos éxitos a los madrileños en los últimos 25 años».

Mariano Rajoy

El 13 de enero de 2019, Casado presentó a Díaz Ayuso y Almeida en un mintin en Madrid. «We few, we happy few, we band of brothers», recitó, entonando el Enrique V de William Shakespeare. «Es decir, los pocos que tenemos claras las cosas, los felices pocos que tenemos claro cómo hay que apelar a la mayoría social», tradujo.

Eso provocó una reacción en forma de artículo publicado en El Mundo por parte de Cayetana Álvarez de Toledo. «Ayer escuché a Pablo Casado en la presentación de los candidatos de Madrid y sentí una mezcla de admiración y pena. Está haciendo un esfuerzo gigantesco por reconstruir el vínculo afectivo con su electorado tras quince años de marianismo. Y ello no es fácil», escribió.

Ante el desafío de Vox, se imponía dejar atrás los tiempos de Rajoy. Algo ha debido cambiar desde entonces, porque Álvarez de Toledo ha pasado de columnista a portavoz parlamentaria del partido de Casado. La agenda del PP más duro vuelve a estar en el centro de su discurso. Y tiene su mejor escaparate de poder institucional en Madrid. Con Díaz Ayuso.

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Fuente: El Pais

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