Es probable que si le preguntáramos si conoce en qué consiste el síndrome de Asperger no sepa muy bien qué contestar. En cambio, si le decimos que es el trastorno que padece el personaje de ficción la serie «The Big Bang Theory», Sheldon Cooper, es probable que se haga una idea más clara de qué estamos hablando. Y es que hoy, 18 de febrero, se celebra su Día internacional.

Incluido dentro de los llamados trastornos del espectro autista (TEA), la principal característica que presentan las personas afectadas es su dificultad a la hora de relacionarse, empatizar y comunicar o, dicho de otro modo, para entender el mundo como lo entiende la mayoría de la gente. Como explica la doctora Alexandra Pardos, directora de la Unidad de Educación y Neuropsicología del Hospital Vithas Internacional de Madrid, «es un trastorno neurobiológico, es decir, una disfunción de las áreas cerebrales implicadas en las habilidades sociales y la comunicación que solemos detectar en edades tempranas y afecta a la capacidad de relación, con causa neruobiológica aún poco conocida».

Como cuenta a Antonio Peral Parrado, responsable, técnico de la Confederación Asperger España, respecto a la supuesta mayor inteligencia de las personas con Asperger, menos del 10% tiene una inteligencia superior a la media, pero ocurre que, «en muchas ocasiones desarrollan habilidades relacionadas con un interés concreto sobre el que acumulan gran cantidad de información. Sin embargo, se trata habitualmente de intereses muy restringidos, centrados en áreas poco relevantes». Peral Parrado afirma, además, que el 100% tiene problemas para entender y relacionarse con su entorno.

Aunque el Asperger no tiene cura como tal, los síntomas pueden mejorar de manera significativa con la intervención adecuada: «Generalmente realizamos un abordaje cognitivo-conductual cuyo principal objetivo es el aprendizaje de estrategias, técnicas y conductas que compensen la dificultad de comunicación y relación, disminuyendo la frustración», apunta Pardos.

En muchos niños se producen cuadros de ansiedad, depresión, problemas de conducta y aislamiento. Por ello, para evitar que se perpetúen, la intervención temprana resulta fundamental. «Trabajar en terapia individual es muy importante para la comprensión, aceptación y rehabilitación de sus dificultades, pero también la terapia grupal, con el fin de promover las habilidades sociales, práctica que podemos llevar a cabo mediante talleres adaptados a esta problemática», señala la doctora Pardos, que incide también en la necesidad de establecer «un análisis y seguimiento totalmente individualizados de cada caso, ya que ningún paciente con Asperger es igual a otro y cada individuo evoluciona de modo diferente».




Fuente: La Razón

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