La decisión de Antoine Griezmann de abandonar el Atlético ha dejado en el club la sensación de que el francés se equivoca, de que en ningún equipo de los que pueden pagar su sueldo –es el segundo mejor pagado de la Liga sólo por detrás de Messi– va a ser tan importante como lo ha sido para el Atlético. Pero deja también en los dirigentes y en los aficionados una extraña sensación de alivio, la del que sabe que ya dejará de sufrir por su futuro y el francés dejará de «marear».

Griezmann se va y deja un agujero. El francés era la estrella, la referencia del equipo y el máximo goleador cada año desde que llegó en el verano de 2014. Curiosamente es ésta la temporada más floja del «7» del Atlético como rematador. Los 15 goles que ha conseguido hasta el momento le dejan a uno de igualar la marca de 2017, pero eso no impide que haya grandes del fútbol europeo dispuestos a abonar su cláusula de rescisión y un sueldo de más de veinte millones netos por año.

El Atlético valora el tiempo que tiene ahora para buscar un sustituto. Surge, como siempre, el nombre de Rodrigo Moreno, el delantero del Valencia, muy del gusto de Simeone. Y se habla del improbable regreso del Kun Agüero y hasta de James Rodríguez, que no es un delantero, pero puede ser el hombre que alimente de balones a Morata.

Griezmann se va cansado de no ganar títulos grandes, pero parte de la afición le recuerda que fue él quien falló el penalti que podía haber dado al Atlético su primera Champions en la final de Milán contra el Real Madrid en 2016. Pero el agujero de verdad es el que tiene Simeone en la defensa. La marcha de Godín, Lucas, Juanfran y la probable de Filipe Luis, hacen que el Cholo tenga que comprarse una defensa nueva.

La marcha de Griezmann supone el final de un proyecto que creció con la idea de conseguir una Liga de Campeones. Pero la estampida de defensas supone el adiós a una era. Juanfran, Godín y Filipe Luis eran, junto a Miranda, los titulares de aquel equipo que ganó la Liga y alcanzó la final de la Liga de Campeones en 2014. Lucas llegó después, era el destinado a heredar el mando del uruguayo desde atrás y, mientras, se conformaba con ser el sustituto de Filipe en el costado izquierdo y uno de los centrales que entraban en la rotación del Cholo.

La salida de Lucas por 80 millones y la de Griezmann, por 120 deberían servir al Atlético para financiar las incorporaciones a su plantilla de la próxima temporada. Pero la suma no da los 200 millones de que debería disponer la entidad rojiblanca. Por el camino se perderán algunos, exactamente 24 que corresponden a la Real Sociedad, que se aseguró el 20 por ciento de un futuro traspaso de Griezmann cuando se lo vendió al Atlético.

El «7» rojiblanco no se marcha por un acuerdo del Atlético con otro club, pero legalmente la situación es la misma. Así lo establecieron los tribunales después de un transacción en la que también estaba implicado el club que dirige Miguel Ángel Gil, la llegada de Vitolo procedente del Sevilla. Las Palmas reclamaba su parte correspondiente de la operación y el club andaluz alegaba que no era un acuerdo de traspaso sino el pago de la cláusula lo que había llevado a Vitolo al Metropolitano. Los tribunales dieron la razón a la entidad canaria en lo que se conoce como la «doctrina Vitolo».

El Atlético sí puede ingresar más dinero procedente de la venta de Rodrigo, el centrocampista que llegó esta misma temporada procedente del Villarreal. El Manchester City podría abonar su cláusula de 70 millones de euros o introducir a Otamendi en la operación. En las salidas pueden encontrar los rojiblancos la solución para su reconstrucción.




Fuente: La Razón

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