Una mañana de julio el trabajador del servicio municipal de limpieza de Santander Juan Manuel López Hoyos vacía una papelera. Inmediatamente después, abre una aplicación y acerca su móvil a un pequeño dispositivo de identificación instalado en un lateral de la misma. Cada día realiza este mismo proceso con cerca de 60 papeleras del centro de la ciudad y toma nota en la app en el caso de que haya cualquier incidencia. De esta forma, no solo queda registrado su trabajo, sino que también es posible hacer un seguimiento del estado de las papeleras.

Este es solo uno de los proyectos que atraen a autoridades de todo el mundo a esta smart city para comprobar cómo el Internet de las cosas ha impactado en la gestión de diferentes servicios. La prensa internacional —por ejemplo, la cadena BBC o la web alemana Spiegel Online— también se ha hecho eco de estas iniciativas. En los últimos años, esta ciudad de 172.000 habitantes se ha convertido en un laboratorio urbano donde se prueban todo tipo de tecnologías y aplicaciones para ciudades inteligentes, según ha podido comprobar EL PAÍS en un viaje al que ha sido invitado por la Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas (Segittur).

La plataforma Santander Smart City permite integrar toda la información de los diferentes servicios municipales y miles de sensores desplegados por la ciudad. Estos últimos dispositivos recogen múltiples datos: desde la calidad del aire, el ruido o la temperatura hasta qué aparcamientos están libres u ocupados en diferentes calles o cuándo es necesario regar un parque o un jardín determinado.

Y están por todas partes. Por ejemplo, los autobuses cuentan con sensores en su parte superior que permiten conocer el nivel de contaminación en diferentes zonas de la ciudad. También se han instalado en farolas y paredes dentro de pequeñas cajas blancas con el objetivo de medir el ruido, la temperatura o la luminosidad.

Además, múltiples dispositivos instalados en el suelo monitorean cuántos coches hay aparcados en determinadas calles mientras diferentes paneles de información indican los sitios libres que hay en una zona determinada para aparcar el coche. Hasta los contenedores de papel y envases tienen sensores de medición volumétrica que indican cómo de llenos están. Esta información es especialmente valiosa a la hora de planificar las rutas de recogida, que pueden variar en función de las necesidades. Como los camiones de basura también son inteligentes, es posible monitorizar su recorrido y actividad.

Mejoras en la gestión de servicios

Santander comenzó hace una década a trabajar para convertirse en una smart city. “La mayor dificultad no la tienes en la tecnología, sino en la gestión de ese cambio”, ha afirmado la responsable de implantación de la plataforma Smart City, Verónica Gutiérrez, en un curso sobre destinos turísticos inteligentes organizado por Segittur en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

El Ayuntamiento de Santander, que ha participado en múltiples proyectos europeos en esta línea, optó por ir incorporando la tecnología en diferentes servicios a medida que se renovaban los contratos. Por ejemplo, en la gestión del alumbrado público. Gutiérrez ha explicado que primero “se hizo una auditoría energética para estimar el ahorro”. Finalmente, se empezaron a hacer proyectos de eficiencia energética en edificios y las farolas pasaron a utilizar tecnología LED. Este cambio, según sostiene, ha supuesto un ahorro del 80% del gasto energético municipal y un 35% de los costes de mantenimiento.

Un usuario consulta un mapa en la app SmartSantanderRA frente al Centro Botín. I. R.

También se han reducido en cinco millones de metros cúbicos las pérdidas de agua en la ciudad al identificar dónde se producían pérdidas en el suministro, según Gutiérrez. Aqualia ha facilitado sensores a 2.000 abonados y ahora puede informarles a través del smartphone en el caso de que se produzca un consumo desorbitado o alguna incidencia. Esto es posible gracias a la aplicación Smart Water Santander, que además de permitir a los ciudadanos recibir alertas por un exceso de consumo, también sirve para consultar el consumo del agua o reportar incidencias relacionadas con el servicio.

En el marco de los diferentes proyectos de Santander relacionados con su estrategia de Smart City, también se han lanzado otras apps como SmartSantanderRA. Con ella, el usuario puede acceder a información y la localización de múltiples puntos de interés turísticos, playas, museos, salas de exposiciones y consultar la agenda de eventos culturales o información sobre el transporte.

Dar a conocer este tipo de servicios y aplicaciones es fundamental para el Ayuntamiento de Santander. Con el objetivo de informar sobre todos estos cambios y proyectos a los ciudadanos, se ha puesto en marcha junto a Telefónica el Centro de Demostraciones Smart City Santander. En él, se realizan actividades de divulgación tanto con niños como con adultos. Todo con un único objetivo, según apunta Gutiérrez: conseguir que “la tecnología sea muy transparente y no se convierta en una barrera para los ciudadanos”.

Tecnología para mejorar la competitividad turística

Santander es un destino puntero para turistas que buscan sol y playa, cultura, compras, ocio, gastronomía y congresos. Su fuerte apuesta por las nuevas tecnologías afecta tanto a residentes como a turistas y ha hecho que la ciudad consiga un distintivo de Destino Turístico Inteligente otorgado por Segittur. Esta última organización lidera una red formada por diferentes lugares que aprovechan la tecnología y el big data para conocer mejor a los turistas de cara a mejorar su competitividad. Entre ellos, están Almería, Benidorm o Salou.

“El destino turístico surge por una necesidad de planificar el desarrollo de una actividad que tiene mucho impacto sobre los destinos. Hoy en día, dentro de un contexto fuertemente marcado por las nuevas tecnologías”, afirma Edurne Vidal López-Tormos, jefa de proyecto dentro del Área I+D+i de Segittur. Un destino turístico inteligente, además de contar con una infraestructura tecnológica, es innovador, sostenible y accesible y facilita la interacción e integración del visitante con el entorno y mejora la calidad de vida del residente.




Fuente: El país