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Así se construye en Sagunto el túnel de experimentación ‘hyperloop’ más largo del mundo | Tecnología


El equipo de Zeleros durante una reunión el pasado sábado en su sede, en Valencia. En vídeo, el anuncio del hyperloop. Zeleros

Hasta hace apenas cuatro años, Juan Vicén, Daniel Orient y David Pistoni eran tres estudiantes de ingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia repletos de inquietudes y creatividad pero sin un claro plan de futuro. Ganar un certamen internacional organizado por el magnate Elon Musk fue el pistoletazo de salida para los tres amigos, que desde su propia startup, hoy compiten en la carrera de construir el tren del futuro. Y no solo eso, sino que Zeleros, empresa que fundaron en noviembre de 2016, pretende cimentar a finales de este año la pista de pruebas de hyperloop más larga del mundo.

Orient, director tecnológico de la empresa explica que siempre ha sentido una “especial atracción” hacia el campo de la movilidad eléctrica. Estudiaba cuarto curso de ingeniería aeronáutica cuando vio el anuncio de la Hyperloop Pod Competition, un certamen organizado por la compañía SpaceX, de Elon Musk. Propuso a sus compañeros participar y en menos de cuatro meses crearon una propuesta de tren del futuro que no solo les llevó hasta Texas, donde se celebraba la fase final, sino que les mereció el primer premio en las categorías de ‘Mejor diseño’ y ‘Mejor subsistema de propulsión’. No esperaban ganar. “De hecho, le estaba comentando a mi profesor que no creía que una universidad europea pudiera ganar cuando dijeron el nombre del equipo, Hyperloop UPV, por el altavoz”, recuerda Daniel Orient, que era el portavoz del equipo. “Me levanté por acto reflejo, pero estaba en shock, y más aún cuando nos dieron el siguiente premio”, relata.

Juan Vicén y David Pistoni, ingenieros industriales de 26 y 27 años, también tenían clara su vocación desde bien jóvenes.“Esta competición nos hizo darnos cuenta de que amábamos desarrollar cosas propias”, explica Vicén, especialmente, “en un campo en el que poder aportar valor a nivel local y global”, afirma. Así nació Zeleros, una de las seis compañías del mundo volcadas en el desarrollo de Hyperloop.

“Somos una startup compitiendo en una gran liga con grandes jugadores”, comenta Pistoni, CEO de la empresa. “Asumimos que debemos colaborar con otros sectores, incluso con otras compañías de Hyperloop que técnicamente son competencia”, explica el ingeniero. Para avanzar hacia un sistema compatible y evitar los clásicos problemas de la industria del transporte, como el ancho de las vías ferroviarias -en este caso, de los tubos-, los tres fundadores de Zeleros promovieron un pacto de estandarización con la Comisión Europea que se firmó en Bruselas en 2018 junto con otras tres empresas: la holandesa HARDT, la polaca Hyperpoland y TransPod, compañía canadiense instalada en Francia. Otras, como las americanas, no se muestran proactivas a trabajar en una misma dirección. “Nos gustaría que se unieran, pero entendemos que tengan su propia estrategia”, comenta Vicén, director de comunicación de la empresa.

Ahorro energético y económico como propuesta diferencial

Cada equipo de investigación trabaja su propia propuesta diferencial. La de Zeleros se basa en crear una alternativa a los aparatosos trenes de levitación de China y Japón, que funcionan con imanes a lo largo de toda la pista. Los tres socios han encontrado la manera de simplificarlo integrando toda la tecnología en el propio tren. “Como el tubo es de acero, poniendo imanes solo en el vehículo podemos atraerlo al techo y conseguir que levite”, explica Vicén.

Esto permite minimizar los costes por kilómetro y hacer una propuesta económicamente viable para que, más allá de “hacer algunas rutas cortas en zonas ricas, pueda ser una especie de línea de metro de alta velocidad a nivel mundial”, confía Pistoni. Con esta tecnología de levitación y con otra de propulsión, la velocidad de Hyperloop rondará los 1.000 kilómetros por hora, de forma similar a los aviones, pero sin emisiones de CO2, porque funciona con baterías eléctricas. Al eliminar el aire del tubo, “se podría reducir alrededor del 30% del consumo energético”, según Vicén, “incluso más si integramos paneles solares flexibles sobre él… y estamos intentando conseguir algunas colaboraciones para ello”, añade.

Con esta tecnología de levitación y con otra de propulsión, la velocidad de Hyperloop rondará los 1.000 kilómetros por hora, de forma similar a los aviones, pero sin emisiones de CO2, porque funciona con baterías eléctricas

Los fundadores de Zeleros aseguran que se encuentran terminando la primera fase, que consiste en validar, diseñar, y desarrollar la tecnología. Durante la segunda pondrán a prueba un prototipo a escala en un entorno real. Para ello han obtenido una cesión de cinco años en Sagunto, Valencia, donde construirán una pista de 2 kilómetros en línea recta: la más grande hasta la fecha. “Allí se llevará a cabo el mayor reto del proyecto, que es demostrar el funcionamiento de todos los sistemas integrados en un vehículo”, explica Juan Vicén. La tercera fase consistirá en construir la tecnología a tamaño real y lanzarla al mercado. “Prevemos que se empiecen a hacer rutas entre 2023 y 2024, primero de mercancías y, después, de personas, con una capacidad de entre 40 y 50 pasajeros”, explica Vicén.

Para ello necesitan mucha financiación, algo complicado en España, donde “da miedo apostar por este tipo de proyectos”, lamentan los ingenieros. A pesar de todo, la empresa ha reunido hasta el momento cerca de medio millón de euros y espera cerrar la próxima ronda de financiación rozando los cinco millones. Este dinero procede de inversores como Angels Capital, fondo de financiación de Juan Roig, de Plug and Play, fondo de inversión de Silicon Valley, y de Alberto Gutiérrez y Beatriz Lara. Además, colaboran la Universidad Politécnica de Valencia, con la Universidad Politécnica de Madrid, con organismos europeos como Climate-KIC, con IMDEA-Nanociencia, con RENFE y con Altran, esta última, también invierte en la empresa. Así, Zeleros ha pasado de estar formada únicamente por los tres fundadores a contar con una plantilla de 15 personas, aparte de otras 16 que trabajan de forma externa en algunas de las compañías con las que colaboran. “Y tenemos unas 14 ofertas de trabajo que se irán ocupando progresivamente”, afirma el CEO

Viajes por un tubo

“Hyperloop es una realidad. Ya no es cuestión de si se va a hacer o no, sino de cuándo se va a hacer”, asegura David Pistoni. “España lidera muchas cosas a nivel mundial y esta es una oportunidad para seguir siendo líderes en lo que va a ser una industria de referencia en el transporte dentro de poco”, dice. Eso sí: con los pies en el suelo. Queda mucha tecnología por desarrollar, “pero sabemos que es posible y que es cuestión de paciencia y trabajo duro”, sostiene el CEO, comparando la situación con el primer avión que construyeron los hermanos Wright: “Nadie iba a creer que pudieran tenerlo en una semana, pero a largo plazo lo consiguieron”, concluye.

Los jóvenes ingenieros creen que Hyperloop tendrá aplicaciones para otros campos, “y los exploraremos también”, vaticina Juan Vicén, pero esperan dedicarse al desarrollo de este medio de transporte durante muchos años. “Aunque es un proyecto difícil, nos sentimos orgullosos de lo que estamos consiguiendo”, asegura Pistoni, que reconoce haber encontrado el equilibrio perfecto entre los dos campos que siempre le han apasionado: “Trabajamos con la tecnología, pero por muy a la vanguardia que nos encontremos, la clave y lo que marca la diferencia son las personas”.

Un antiguo concepto sin dueño

Hyperloop no es una empresa. No tiene dueño ni un único creador. Es un concepto de viaje futurista de 200 años de antigüedad avivado por Elon Musk, quien recientemente le ha dado fama y un nombre comercial. Fue un atasco en una carretera entre Los Ángeles y San Francisco lo que encendió en el magnate la inquietud por retomar el concepto de un medio de transporte terrestre al vacío. Retomarlo, porque la idea no es -solo- suya.

A principios del siglo XIX, el inventor inglés George Medhurst propuso meter vehículos en túneles al vacío para las pérdidas aerodinámicas que conlleva la fricción. El profesor ruso Boris Weinberg, un siglo después, ya estudiaba las leyes magnéticas para hacer levitar cápsulas dentro de un túnel. Ahora, algunas empresas y universidades de todo el mundo basan sus investigaciones en estas ideas. Aunque hyperloop nació como marca registrada de SpaceX, compañía de Musk, “se ha convertido en una palabra común que escribimos con minúsculas y que pronto registrarán los diccionarios, porque será un medio de transporte, como lo son el coche o el avión”, recalca David Pistoni, CEO de Zeleros.




Fuente: El país

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