La escena de la notificación de la sentencia de los ERE se asemejó a un funeral con momentos de sonrisas breves, dolor y estupefacción. Incluso para los ex altos cargos de la Junta absueltos de malversación y que evitarán la cárcel, la alegría fue comedida por el enorme mazazo que supuso el fallo, con penas elevadas.

Con media hora de retraso, a las 12.30 del martes, los acusados y sus procuradores fueron llamados por orden alfabético para entrar en la sala del jurado de la Audiencia de Sevilla, y detrás de ellos pasaron los abogados. Antes todos tuvieron que pasar por el trance de ser fotografíados emtrando en los juzgados, al haber recibido una providencia judicial para recoger la sentencia. Cada uno lo hizo a su manera: el expresidente Manuel Chaves, con una sonrisa amable; su sucesor, José Antonio Griñán, con rostro circunspecto; la exministra y ex consejera y exviceconsejera de Economía y Hacienda, Magdalena Álvarez, saludando a la prensa; el antiguo director general de Empleo, Francisco Javier Guerrero, excesivamente jovial. Sus rictus, a excepción del de este último, al hacer el recorrido contrario era severo y, en muchos casos, denotaban acusada perplejidad. «Fue un circo innecesario», señala uno de los abogados defensores. «Ni se leyó la sentencia ni estuvieron presentes los jueces para no tener que mirar a la cara a los acusados», añade otro.

A pesar de que no se habían producido filtraciones como en el juicio del procés, los comentarios generalizados entre los protagonistas la semana antes ya apuntaban a una condena dura. Un letrado lo explica: “Los días previos ya sabíamos que el acto sería un funeral porque se extendió el rumor de que el fallo tendría unos 10 folios y para absolver solo hace falta un folio. Era evidente que Empleo [la Consejería de Empleo] caería, pero dudábamos sobre las transferencias de financiación y el equipo de Griñán y Chaves”.

La sala del jurado es contigua al despacho donde se ubicó la prensa, y el día antes el Tribunal Superior de Justicia andaluz solicitó que unos operarios instalaran una puerta [que no existía antes], a la que dos horas antes de la notificación se le fijaron unos pestillos para que la prensa no pudiera abrirla, a pesar de la advertencia taxativa del alto tribunal para no hacerlo

A continuación, dentro de la sala la secretaria de la Sección Primera de la Audiencia fue entregando la memoria USB a cada acusado acompañado de su procurador. Griñán fue el primero en recogerlo. Pero nadie podía ver su contenido, ya que la secretaria había advertido que los dispositivos electrónicos no podían ser utilizados en la sala. El único que eludió la advertencia fue el exconsejero Gaspar Zarrías. Los fiscales permanecieron ajenos a la escena, en su despacho ubicado en la misma planta pero en otro pasillo, adonde una funcionaria les llevó el fallo impreso en papel al mismo tiempo que a los abogados.

Mientras se les entregaba la sentencia en una memoria USB, un abogado pidió que se les diera el fallo en papel dentro de la sala y no justo antes de abandonarla, para así evitar que las reacciones de los acusados fueran vistas por la prensa. La secretaria accedió a dicha petición y el drama se quedó de puertas para adentro. “Si había emociones, que no fuera delante de los periodistas”, explica uno de los letrados que pide el anonimato.

Y tras la entrega del sobre a los acusados, llegaron las emociones. La reacción de los expresidentes fue dispar. Mientras que Chaves se mostró indignado tras dirigirse a la ventana para leer con más claridad, Griñán estaba noqueado. “Chaves tenía cara de cabreo, y Griñán empequeñeció de momento, se quedó estupefacto, estaba en shock. Su cara de descomposición fue evidente”, relata un testigo de la escena.

“La sensación era de asistir a un drama, como cuando entras en la Universidad y hacías tu primer examen. En la antesala se percibía el drama. Fue angustioso tener el fallo”, resume uno de los condenados.

Lourdes Medina, ex secretaria general técnica de Empleo en la Junta, que resultó absuelta de la petición de cárcel que hizo Anticorrupción aunque fue inhabilitada, abrió el sobre con evidentes nervios, pero su reacción fue comedida. “El día fue agridulce porque me puse contentísima, pero cuando luego vi las caras de los demás, todo cambió”, relata. En paralelo, el exinterventor general Manuel Gómez, absuelto tanto de malversación como prevaricación, recuerda cómo vivió el momento: “Mi alegría no fue completa por el resultado de la sentencia para otras personas que merecieron mejor suerte, y eso limita mi felicidad aun siendo enorme el alivio”.

Otro de los acusados absueltos que pide preservar su identidad, reflexiona sobre la dureza del fallo: “Se me hace imposible admitir ese panorama como cierto, en un ámbito de delincuencia generalizada al máximo nivel y con intención para permitir el pillaje”. Al salir de la sala, uno de los exconsejeros condenados comentó: “Ha sido un proceso político y se confirma con una sentencia política”. Asimilada la dureza de la sentencia, algunos abogados han pedido un retraso en el plazo de cinco días estipulado para presentar un recurso de casación ante el Tribunal Supremo, y la Sección Primera se ha mostrado favorable. “En el plazo legal de cinco días sería incluso imposible dar lectura a la misma (1.821 folios, 478.860 palabras, a ritmo de lectura media pausada de 75 palabras por minuto, determinaría 6.384 minutos, 106 horas de lectura)”, expone en su escrito el abogado Juan Carlos Alférez, quien recuerda que en los casos Gürtel y Malaya se concedieron 40 días de plazo ampliado.




Fuente: El Pais

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