El pasado día 24 un padre y sus dos hijos murieron ahogados en la piscina de un complejo turístico de Mijas (Málaga). El origen de la tragedia no hay que buscarlo en un producto tóxico del agua o en un mal funcionamiento del sistema de succión de la piscina. La causa es mucho más sencilla y, a la vez trágica. Un resbalón, los nervios y mucha mala suerte.

Eran alrededor de las dos de la tarde. Los padres estaban en el apartamento mientras sus dos hijas Favor y Comfort, de 14 y 9 años, jugaban cerca de la piscina del complejo. Los padres estaban tranquilos porque el agua estaba muy fría, normal en esta época del año, y sabían que no se iban a bañar.

Comfort, la niña de 9 años estaba muy cerca del bordillo, en la zona más profunda de la piscina, resbaló y cayó al agua. Favor y Comfort habían recibido unas clases de natación pero no las habían puesto en práctica. La pequeña se estaba ahogando y su hermana, nerviosa e impotente, comenzó a gritar para pedir ayuda.

El primero en llegar fue Praise-Emmanuel, su hermano de 16 años, que se tiró inmediatamente para tratar de salvar a su hermana. Mientras tanto, la otra hermana corrió en busca de un salvavidas. Su padre ya estaba cerca de la piscina y comenzó a quitarse la ropa para lanzarse. Los dos niños que estaban en el agua no lograban acercarse al bordillo ni a la zona en la que podían hacer pie. El padre se lanzó a por ellos, pero no logró salvarlos. Ninguno sabía nadar y los tres murieron ahogados.

Cuando lograron rescatarlos, les realizaron maniobras de reanimación, pero fueron en vano. Junto a ellos, estaba la madre tratando de ayudar. Tocaba los cuerpos y rezaba para intentar que regresaran. Pero no había nada que hacer.

Esta secuencia de los hechos que le hizo la hermana superviviente a los investigadores corrobora la teoría de la fatalidad. Desde el primer momento trataron de buscar un fallo en el mecanismo de succión de la piscina o que el agua pudiera tener algún elemento tóxico. Era difícil de creer que el origen de todo hubiera sido la mala suerte. Tras las primeras investigaciones se determinó que la piscina estaba en perfectas condiciones. De hecho, se reabrió 24 horas después. La autopsia confirmó que los tres miembros de la misma familia murieron ahogados. No tenían signos externos de violencia y en su organismo no había ningún producto tóxico. Aun así, la Policía sigue investigando y no descarta ninguna hipótesis.

La familia, de origen nigeriano, vivía en Londres y había decidido pasar unas vacaciones de una semana en la Costa del Sol. El padre, Gabriel Diya, de 52 años, era pastor en una iglesia evangélica y tenía una empresa inmobiliaria. Su mujer, Olubunmi, de 48, analista de sistemas y propietaria de una compañía de software era ayudante de su marido en la iglesia de Dios Redimido.




Fuente:La razón

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