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Así es Svetislav Pesic, el técnico que ha transformado al Barça Lassa en un año

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Detrás del rudo y malhumorado personaje que encarnaba Clint Eastwood en

Grand Torino
, acabamos descubriendo a un entrañable padre de familia capaz de dejarse la piel por sus vecinos coreanos. Sucede lo mismo con Svetislav Pesic (Pirot, 1949), cuya imagen de entrenador con puño de hierro –ganada a pulso– que ofrece sobre el parquet dista mucho de su también merecida fama de persona afable y entrañable en el trato personal. El serbio es un personaje único, capaz de enderezar con su trabajo obsesivo el rumbo de la sección de baloncesto del Barça en un año, condenada desde hacía tiempo al naufragio continuo hasta su llegada al banquillo en febrero del 2018.





Pesic es tan capaz de ser expulsado por protestar enérgicamente en el primer minuto del partido en el Fenerbahçe –cuentan en el club que se pasó dos días dándole vueltas a esa acción pero que ya la ha olvidado– como de levantarse en plena rueda de prensa porque le llama su mujer, que le esperaba al otro lado de la puerta de la sala. El técnico serbio es uno de esos personajes que la
historia del deporte recordará siempre y no sólo por sus éxitos, sino también por una personalidad que le hace ser muy querido por los que han compartido vestuario con él.


Una hoja de ruta inamovible

La preparación física y la defensa siguen siendo innegociables en los entrenamientos del Barça

Tras un primer paso triunfal por Barcelona (2002-2004), durante el que ganó la primera Euroliga de la historia del club blaugrana con un equipo para la eternidad –Bodiroga, Fucka, Jasikevicius, Navarro, Dueñas…– y se enamoró de la ciudad, Pesic aceptó casi quince años después el reto de intentar rescatar al Barça de la mediocridad. Apenas unos días después de aterrizar, la apuesta del mánager Nacho Rodríguez se confirmaba acertada tras la victoria en la Copa del Rey ante el Real Madrid, que hasta ese momento dominaba con puño de hierro el baloncesto nacional. Desde entonces, en ocho enfrentamientos contra el Barça de Pesic, el conjunto blanco ha cosechado seis derrotas. Para frotarse los ojos.





El preparador serbio no ha cambiado demasiado desde su primera etapa en Barcelona, como confirman desde el Palau. Sigue aplicando la misma exigencia física en todos los entrenamientos y priorizando siempre una buena defensa. “Tiene una manera muy especial de entrenar, siempre con mucha atención a la preparación física y muchos cinco contra cinco. También es peculiar a la hora de practicar el tiro. No se hace en estático, sino en movimiento, simulando un partido”, recuerda Víctor Sada, que debutó en el primer equipo del Barça de la mano del serbio.


Obsesivo hasta la saciedad

Un plato de ensalada demasiado pequeño provocó una gran bronca del serbio a un hotel en Tel Aviv

Pesic siempre exige lo máximo a sus jugadores en los en­trenamientos y en los partidos, pero el sargento se convierte después casi en un padre para muchos de sus jugadores. “Siempre tiene a todo el mundo enchufado. Sabe cuándo ha de apretar al jugador y cuándo hacer bromas. Es una persona muy enérgica”, confirma Sada.

Pesic también puede llegar a ser una persona obsesiva en su trabajo. No hace mucho, antes de un partido ante el Maccabi en Tel Aviv, la plantilla bajó al comedor del hotel a comer. Cuando el técnico se fue a servir la ensalada, vio que les habían puesto un plato demasiado pequeño. El encargado de la sala se llevó una bronca que seguro no ha olvidado. “Somos el Barça, merecemos un respeto”, esgrimió el serbio. Esta actitud es la que le hace ser tan apreciado por sus hombres, que saben que exige a todos por igual. Más de un hotel se ha quedado sin una segunda visita de la expedición blaugrana porque el aire acondicionado no era del agrado del técnico. “Aquí no volvemos”, zanjaba el técnico ante el club.





Svetislav Pesic da instrucciones este jueves, durante el partido de la Euroliga ante el Bayern Múnich
(Lukas Barth-tuttas / EFE)

En el Barça actual, Pierre Oriola se ha ganado ser su prolongación en el parquet gracias a su entrega en todas las acciones. Por eso el de Tàrrega es muchas veces el blanco de sus enfados, muchos públicos. Pesic es consciente de que debe ser el primero que dé ejemplo. “Si él no lo da todo, no se le puede exigir a los demás”, cuentan desde el vestuario. “Cuando me tenía que meter una bronca, lo hacía sin tapujos, pero luego, en el vestuario, siempre tenía un gesto hacia ti para que no te sintieras atacado”, resalta Sada. También ha catado esta medicina Roland Smits, que se está ganando minutos este curso a pulso pero que también recibió hace poco una reprimenda muy especial de su entrenador. “Si sigues entrenándote tanto te vas a quedar sin novia”, le avisó.

En el Barça, Pesic se ha ganado a todo el mundo. En esta segunda etapa, aterrizó sin exigencias. Sólo pidió el fichaje de su respetado Ricard Casas para ayudarle en el banquillo, pero asumió a todo el staff que ya estaba en el equipo. Después de comer, nunca falta el chocolate negro en su mesa, cosa que ya han aprendido en el vestuario blaugrana. Con sus hombres habla siempre en inglés, aunque nunca falta alguna frase en castellano. Su particular manera de expresarse también le hace ser muy querido. “Tiene un carácter muy marcado, con una manera de hablar y gesticular muy particular. Yo siempre me sentí muy cómodo”, subraya Sada. Muchas veces es todo un reto descifrar el sentido de sus frases y en la Euroliga aún esperan que algún día diga bien el nombre de la competición. “Europa Liga”, repite una y otra vez en salas de prensa de toda Europa. En el club ya lo han dado por imposible y se centran en cosas más importantes. Pesic es único también por cosas así.





El palmarés del serbio habla por sí solo. Desde un Mundial con Yugoslavia hasta una Euroliga con el Barça, pasando por la inolvidable Eurocopa de la FIBA en su memorable año en Girona. En el vestuario de Fontajau aún se escuchan las risas después de una charla de Pesic que acabó de la manera más surrealista que se recuerda. “Comenzó a escribir en la pizarra pero enseguida se quedó sin espacio porque ya había indicaciones que le habían dejado sus ayudantes. Pero entonces dibujó un par de flechas hacia abajo y continuó escribiendo en el suelo, después en la pared, con más flechas, para acabar en una segunda pizarra que estaba vacía. El vestuario estalló en una carcajada”, revive Sada, presente entonces. Pesic sólo hay uno y su puño no siempre es de hierro.








Fuente: LA Vanguardia