Pasajeros británicos de la compañía Thomas Cook hacen cola en el aeropuerto de Antalya, en Turquía, tras el colapso de la compañía. En vídeo, imágenes de turístas británicos a la espera de soluciones. Foto: AFP | Vídeo: ATLAS

A primera hora de este lunes, el Gobierno británico lanzaba consignas de propaganda para contrarrestar el caos que vendría a continuación, una vez fue oficial la suspensión de pagos del gigante del turismo Thomas Cook. “La mayor repatriación de la historia en tiempos de paz”, anunciaba la web oficial del Ejecutivo británico, que había decidido llamar al dispositivo Operación Matterhorn, en alusión al llamado en español monte Cervino, entre los Alpes suizos e italianos, cuyo aspecto piramidal lo convierte en un desafío.

Aunque los responsables del operativo anunciaron que llevaban preparándolo con días de antelación, los detalles y las cifras solo se fueron filtrando de un modo intermitente y confuso. La “misión de rescate” está destinada en exclusiva a los 150.000 británicos que se han quedado en el limbo después del colapso de la compañía. Hay otros 140.000 alemanes afectados, y varios miles de nórdicos y otras nacionalidades, pero ellos deberán volver con Condor —la aerolínea de Thomas Cook, con multitud de conexiones germanas, todavía opera vuelas — o buscar otras vías de reclamación a través de las aseguradoras.

Los preparativos han doblado en capacidad y presupuesto a los destinados, casi dos años antes, a rescatar a la compañía Monarch Airlines. Aquella experiencia sirvió de guía sobre la que comenzar a actuar. No existe un cálculo definitivo sobre el coste final que tendrá para el erario público, pero las cifras oscilan entre los 55 y los 110 millones de euros. Las tareas de repatriación, ha anunciado el Gobierno, se prolongarán durante dos semanas y el propósito es ir ajustando los vuelos a las fechas de regreso que muchos viajeros tenían contratadas.

53 aeropuertos y 18 países. Esa era la estimación inicial de la operación. Los Ángeles, San Francisco, Florida, Cancún, La Habana, Kingston o Santo Domingo, entre otros que incluyen una decena de aeropuertos españoles. El Gobierno contrató, para la realización de estos vuelos chárter, hasta 45 aeronaves a distintas aerolíneas, como EasyJet, British Airways o Virgin. Se creaba de este modo, provisionalmente, la quinta compañía aérea británica por dimensiones. La mayoría de las empresas contratadas son las mismas que paliaron la crisis de Monarch Airlines. Entonces, paradójicamente, también contribuyó Thomas Cook con parte de su flota Condor.

Cientos de funcionarios procedentes de diferentes departamentos ministeriales fueron desviados de sus puestos para montar centralitas de información improvisadas o para atender directamente a las dudas y necesidades de los viajeros atrapados en los aeropuertos. “Hemos puesto en marcha, con poco tiempo de antelación, la que a todos los efectos es una de las mayores flotas del Reino Unido. Desgraciadamente, algunos problemas y contratiempos serán inevitables”, anunció el director de la Autoridad de Aviación Civil, Richard Moriarty.

A primera hora de la tarde, fuentes de ese departamento precisaban a EL PAÍS que ya había en marcha al menos “sesenta movimientos” como parte del operativo, pero pedían un plazo de tiempo razonable para precisar más detalles.

Además de los 150.000 clientes en ruta afectados por la suspensión de pagos, cerca de un millón de ciudadanos residentes en el Reino Unido habían reservado vuelos o viajes completos con Thomas Cook. La compañía pondrá en marcha un sistema de reintegro de fondos a partir del próximo lunes día 30 y asegura que los pagos se realizarán en un plazo máximo de 60 días. En el caso de la crisis de Monarch Airlines, algunos usuarios tardaron hasta un año en recuperar su dinero.




Fuente: El Pais

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