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Ascensión y caída del rock neoyorquino | ICON


En el epicentro de toda historia siempre hay un bar. Y en el de toda historia oral del rock, suele haber varios. Esa es una de las primeras conclusiones que se extraen de Meet me in the bathroom (Quedamos en el baño), la pantagruélica crónica del renacimiento desde 2001 y hasta 2011 de la escena del rock neoyorquino. Diez años que empiezan alrededor del 11-S y terminan con los conciertos de despedida de LCD Soundsystem en el Madison Square Garden. El eje sobre el que giraron a todo trapo The Strokes, The Yeah Yeah Yeahs, Fischerspooner, Vampire Weekend, The National, Interpol y otros tropecientos grupos más.

La revisión concienzuda de la periodista Lizzie Goodman cuenta con 200 testimonios: ¿cómo se formaron aquellos grupos que durante años llenaron todo el espacio disponible en festivales y prensa especializada? ¿Qué hizo que se cumpliera esa profecía que afirmaba que un día el grupo más popular del mundo sería, a su vez, el mejor? Goodman conoce cada anécdota adecuada para contestar estas dudas.

Casey Spooner en una actuación de Fischerspooner en 1999.

Los grupos lo tenían todo: el empuje (The Strokes fueron desde el principio genios de la autopromoción; Karen O, líder de Yeah Yeah Yeahs, ensayó su personaje durante meses), el talento musical y el savoir faire para deslumbrar a los fans de lo que la prensa musical amalgamaría años después como “lo hipster”. Ah, sí, la prensa. Meet me in the bathroom demuestra que, en los albores del auge de la blogosfera, este fue el último gran fenómeno auspiciado por unos medios en transición. Especialmente con The Strokes. No hubo revista que no les considerara la Gran Esperanza Blanca, ni radio que no los pinchara. Quizás por eso, afirma el libro, se quemaron tan rápido. En 2001 debutaron con Is this it?, y para cuando llegó Room on fire, en 2003, ya parecían viejos.

El libro contiene, además, todos los cotilleos para los amantes del quién estaba con quién: cómo Nick Valensi, guitarrista de The Strokes, dejó a la cantante Pearl Lowe por la fotógrafa Amanda de Cadenet o cómo la actriz Drew Barrymore se ligó a Fabrizio Moretti, batería del mismo grupo. Es también un constante toma y daca de drogas, destrozo de habitaciones de hotel y la clásica entrada en rehabilitación de algunos.

Amanda de Cadenet, Nick Valensi y el ‘manager’ de The Strokes, Ryan Gentles.
Amanda de Cadenet, Nick Valensi y el ‘manager’ de The Strokes, Ryan Gentles.

Pero, pese a la minuciosidad de los testimonios, se echa de menos un poco de análisis: no estaría de más recordar que fue la última generación de grupos que pudieron permitirse ensayar y vivir en Manhattan, en una ciudad que, gracias a su alcalde Rudolph Giuliani, ya estaba expulsando a sus residentes y su escena nocturna. Ellos fueron los últimos, y por tanto, el gran mirlo blanco que parece haberse extinguido.

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Fuente: El país

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