Arturo Vidal no tiene ninguna pinta de ser un ratón de biblioteca, aunque a veces las apariencias puedan engañar. No consta que el chileno sea un gran lector, aunque tampoco sería científico afirmar todo lo contrario. Su patria ha producido autores de culto como Pablo Neruda, Isabel Allende, Jorge Edwards o Roberto Bolaño, pero Arturo siempre quiso darle patadas a un balón y, alguna que otra, a los contrarios, para qué engañarse.

Cuando era pequeño se forjó su leyenda del Cometierra. Así se le empezó a llamar cuando jugaba en la calle Aníbal del municipio de San Joaquín, en un campo, o más bien un descampado, de arena. Cuando terminaba el día su ropa tenía ese tono amarronado del que ha estado todo el rato rebozándose en el polvo persiguiendo una pelota. Ahora se le podría calificar de otra manera, como el Ganaligas. Con la que está a punto de levantar con el Barcelona serían ocho consecutivas en su vitrina, entre el Juventus, el Bayern y el conjunto blaugrana. Lo que está claro es que Vidal es todo un personaje que da para un libro.






El centrocampista está a punto de ganar su octava liga seguida y sólo ha faltado en 9 partidos

Y eso que en el Camp Nou no aterrizó con buen pie. No porque el público le tuviera ojeriza, que no fue el caso, sino porque la crítica puso en cuestión su llegada porque no responde al estilo que defienden a ultranza los puristas. Si fuera Vidal igual de sensible que Coutinho hace tiempo que se hubiera tapado los oídos en señal de protesta. Pero su única disconformidad la transmitió en sus primeros meses de barcelonista cuando se quejó en las redes sociales por las suplencias reiteradas. Valverde habló con él, solucionaron sus diferencias y a partir de ahí entendió su papel. Un rol absolutamente útil. No en vano ha participado en 46 de los 55 partidos del Barcelona en la temporada, 24 de ellos como titular.

Claramente es un hombre integrado en los planes del entrenador, que lo utiliza para distintas funciones. O bien como revulsivo en la última media hora, en la que aporta carácter, pulmones y piernas cuando los rivales ya no están frescos. O bien como titular en partidos que sirven para dar un respiro a Busquets, a Rakitic o Arthur. De hecho el chileno ha estado en el once en las tres últimas jornadas del campeonato, en un tramo en el que la Champions pesa mucho a la hora de establecer la hoja de ruta.

Su trabajo está siendo reconocido por la grada y por el entrenador, en la línea de lo que sucedía con Paulinho la pasada campaña, aunque el brasileño tenía más gol y Vidal, más galones.





Arturo se aplica igual en El Alcoraz que en el Santiago Bernabeu y siempre rezuma competitividad. Sea el partido un poema de Neruda, tenga realismo mágico como una obra de Allende o sea directamente una novela compleja de digerir por su densidad como el partido de Mendizorroza se puede contar con Vidal. En todos los escenarios desempeña su función con idéntica voluntad.

Nunca será un virtuoso y las graves lesiones de rodilla han limitado su verticalidad pero precisamente por presentar un perfil distinto al del resto de centrocampistas ha sabido encontrar su hábitat. Ha venido para intentar ganar una Champions que el Barça le quitó de las manos en la final de Berlín 2015. Lo puede conseguir el 1 de junio pero antes el Liverpool será un hueso duro de roer. Para intentarlo,Vidal lo dará todo.








Fuente: LA Vanguardia

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