Inés Arrimadas tiene las cosas claras. No va a ser una líder de paja ni bajo tutela. Su liderazgo de Ciudadanos llegará con “un pack”: su equipo, su modelo de partido y su estrategia. “No voy a liderar un partido en el que no crea”, señala la portavoz de Cs, única aspirante a suceder a Albert Rivera como presidenta del partido. Precisamente como la sucesora natural e indiscutida del exlíder dimitido, su único riesgo es no tener las manos libres para ejecutar los cambios en Ciudadanos. Su tesis es que el partido tiene que “demostrar” que es una formación de centro y, lo más importante, que es “útil”, según comentó ayer en conversación informal con periodistas en el acto de conmemoración de la Constitución. Poco a poco, Arrimadas comienza a marcar distancias con la etapa de Rivera.

Los nuevos aires en el partido se perciben ya en muchos aspectos. Ayer se visualizaron en los perfiles que acompañaron a Arrimadas a la recepción en el Congreso, con un papel destacado de Luis Garicano, jefe de filas de Cs en Europa y principal dirigente crítico con Rivera, que se situó flanqueándola a su derecha cuando intervino ante los periodistas. Junto a él, Luis Salvador, alcalde de Granada, la ciudad más importante que gobierna Cs —y exsenador socialista— y, a la izquierda de Arrimadas, el abogado del Estado recién llegado a la política Edmundo Bal, quien será su portavoz adjunto en el Congreso. Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid, e Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, completaban el cuadro con algunos de los diputados de Cs, pero de la imagen del año pasado en el mismo lugar habían desaparecido todos los protagonistas: por supuesto Rivera, pero también su mano derecha, José Manuel Villegas, y su estratega de comunicación, Fernando de Páramo, ambos dimitidos.

Arrimadas no aspira solo a un cambio de caras, aunque subraya que no tiene enemigos en el partido y sus buenas relaciones con todos, incluidos los críticos, pueden suponer casi un problema a la hora de tener que descartar perfiles. Ya ha pensado en algunos para su ejecutiva, pero de momento sobre todo está escuchando. Villacís recordaba ayer, mientras pasaban las bandejas de canapés en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso, que Arrimadas es consultora de profesión, y como tal está elaborando su auditoría personal de Ciudadanos.

Ahí no quedarán las transformaciones. Arrimadas no pretende modificar el ideario —que dice que Cs es un partido liberal progresista—, pero sí piensa en un cambio de estrategia y de modelo de partido. El regreso al centro y la demostración de la utilidad de Ciudadanos —aunque, para la portavoz, con Rivera no se produjo una derechización, sino una percepción de un giro por los pactos con el PP— se visualizarán en una actitud “propositiva” hacia los acuerdos. En esa estrategia se enmarca la carta que la portavoz ha enviado a Pedro Sánchez para pedirle una reunión a tres entre PSOE, Cs y PP con el fin de buscar un acuerdo de Gobierno. Ayer, Arrimadas insistió en esta vía y ofreció “un acuerdo no solo para la investidura sino para la legislatura” entre los tres partidos.

Esa carta, y esa oferta, ya suponen un cambio con respecto a Rivera, que llegó a negarse dos veces a reunirse con Sánchez tras sendos encuentros con el presidente en funciones. Aunque ha pedido una reunión a tres, Arrimadas acepta que sea a solas con el líder socialista. Con Sánchez ya ha mantenido contacto y seguramente se vean tras la ronda de consultas del Rey. No obstante, la portavoz va a insistir al presidente en su planteamiento y descarta tajantemente abstenerse ante el acuerdo PSOE-Unidas Podemos, así como la llamada “vía 131”, por el número de escaños que sumaría: un acuerdo entre PSOE, Cs (que votaría a favor) y PRC, apoyado desde fuera por el PP con una abstención. Arrimadas considera esta última opción “una locura” porque “no daría estabilidad”.

Los cambios se consagrarán en el congreso de marzo, pero Arrimadas anticipa una autocrítica. La portavoz reconoce que el partido no fue todo lo útil que podría haber sido —lo que no deja de ser una enmienda a la estrategia de Rivera—, que cometió fallos graves de comunicación e, incluso, que pareció demasiado cabreado. Otro Ciudadanos se abre paso.




Fuente: El Pais

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