Karoui decidió dar el salto a la política hace un par de meses con la creación del partido Qalb Tunis (“corazón de Túnez”, en árabe) y apoyándose en la popularidad que le ha proporcionado un programa diario de televisión que difunde las actividades caritativas de su ONG Khalil Tunis. Sus adversarios le han acusado de practicar el clientelismo político y de “comprar” con sus donaciones los favores de las clases más desfavorecidos en un momento en el que el país atraviesa una delicada situación económica. Antes de entrar en la precampaña, periodo en el que la ley prohíbe la publicación de encuestas, Karoui lideraba los sondeos con una intención de voto de entre el 20% y el 30%.

La decisión judicial se enmarca en un proceso derivado de una denuncia contra el magnate presentada por la ONG de lucha contra la corrupción IWatch en 2014. Después de permanecer varios años inactiva, el mes de julio, un juez ordenó la congelación de los activos de Karoui y emitió una orden de prohibición de salida del territorio nacional. Su partido, Qalb Tunis, ha reaccionado con la difusión de un comunicado desafiante bajo el título: “Las prácticas fascistas no nos desanimarán”, y en el que califica el arresto de su presidente de “secuestro”.

“El partido llama a todas las formaciones democráticas a unirse para frenar este grupo mafioso gobernante que ha traspasado todas las fronteras violando las normas y tradiciones democráticas”, reza el texto, hecho público a través de la cuenta oficial del aspirante. El arresto de Karoui reabrirá probablemente el debate público sobre la independencia del poder judicial. Los jueces han sido a menudo de acusados de estar politizados y seguir los dictados del Gobierno en un país que se halla en un proceso de transición democrática después de varias décadas de una dictadura atroz.

Desde su ascenso, Karoui ha utilizado un discurso muy crítico con la élite política, lo que ha llevado a muchos analistas a colgarle la etiqueta de populista. En junio, el Parlamento aprobó una enmienda a la ley electoral que fue interpretada como un intento de excluir al plutócrata de la cursa electoral, ya que prohibía de forma retroactiva la utilización de los medios y de las organizaciones caritativas a los candidatos. Sin embargo, el presidente Béji Caïd Essebsi no llegó a promulgar la reforma legal, por lo que no entró en vigor.

El comunicado de Qalb Tunis incluye esta iniciativa en una cadena de acciones destinadas a frenar la victoria de Karoui. La más reciente, del día anterior, consiste en la prohibición de Nessma, su cadena de cubrir la contienda al no disponer de los permisos necesarios para emitir. Los principales partidos niegan que estas medidas respondan a un interés político o partidista. “El lugar de Karoui deben ser frente a los tribunales. Es un corrupto”, declaró el día antes de su arresto Mohamed Abbou, un candidato de tendencia socialdemócrata que ha hecho de la lucha contra la corrupción su principal caballo de batalla.

Túnez es el único país de las llamadas “primaveras árabes” que ha sido capaz de sostener un proceso de transición a la democracia, habiendo celebrado diversas elecciones libres. Aunque tras la muerte reciente de su presidente se realizó un traspaso de poderes ejemplar, algunas de sus instituciones son todavía débiles o aún no ha sido creadas, como el Tribunal Constitucional. Además de Karoui, los principales aspirantes a la presidencia son el islamista moderado Abdelfatá Muru, el ex primer ministro Yusuf Chahed, y el ministro de Defensa, Abdelkrim Zbidi. Las elecciones se presentan muy abiertas, y hasta una decena de candidatos podría pasar a la segunda vuelta. El actual ciclo electoral, el tercero desde la Revolución de 2011, se completará con elecciones legislativas el próximo 6 de octubre.




Fuente: El Pais

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