Un hallazgo «extraordinario y de trascendencia mundial» o una estafa. Eso es lo que a partir de este lunes se dirime en los juzgados de Vitoria-Gasteiz, donde tres integrantes de un equipo de arqueólogos se enfrentan a los supuestos descubrimientos que hicieron en el yacimiento de Iruña-Veleia, situado a 10 kilómetros de la capital alavesa. En 2006, el entonces director de la excavación, Eliseo Gil, anunció el hallazgo de piezas de barro con la inscripción de un calvario del siglo III y otras con referencias egipcias y en euskera que adelantaban 600 años a los primeros vocablos escritos que se conocen de este último idioma. Las revelaciones suponían una revolución en la historia de la lingüística y del cristianismo, ya que anticipaban al siglo III la aparición del euskera y la entrada del cristianismo, cuando hasta entonces el primer vestigio conocido era el recogido en las glosas de San Millán, del siglo XI.

A raíz de esto, la empresa de Gil, Lurmen, consiguió un patrocinio de 3,7 millones de euros de la sociedad pública vasca Euskotren, además de ayudas de la Diputación de Álava, propietaria del yacimiento. Gil y su equipo lograron también captar la atención internacional y conseguir un gran prestigio. Sin embargo, una comisión formada por 26 expertos demostró en 2008 que las piezas más controvertidas, las más espectaculares y llamativas, habían sido manipuladas sobre otras, verdaderas pero vulgares. En el juicio que hoy arranca en Vitoria, el ministerio público acusa de falsear hasta 476 fragmentos arqueológicos del yacimiento situado junto a la localidad alavesa de Nanclares de la Oca.

Gil, exdirector del yacimiento, ha asegurado este lunes que busca «defender y mantener» su «inocencia». El acusado ha hecho estas afirmaciones a los medios de comunicación antes de entrar en el Palacio de Justicia donde esta mañana comienza este juicio en el que también hay otras dos personas acusadas. El antiguo responsable de Iruña-Veleia ha añadido que tiene «muchas ganas» de que se celebre esta vista, en el juzgado de lo Penal número 1 de Vitoria, once años después de que la Diputación de Álava presentara la querella contra Gil, un trabajador de su empresa y un colaborador. El Ministerio Fiscal pide para Gil cinco años y medio de cárcel por un delito continuado sobre el patrimonio histórico y otro de estafa en concurso con un delito de falsedad en documento privado. La Diputación, que también ejerce la acusación, eleva la pena contra Gil a siete años y medio de prisión por sendos delitos continuados de daños y estafa, mientras que su defensa reclama la libre absolución.

Los hallazgos que se cuestionan, localizados entre 2005 y 2006 bajo la gestión de la empresa Lurmen, supuestamente fueron hechos por dos de los acusados, Gil y Oscar Escribano, que era trabajador de Lurmen. La Fiscalía, que pedía para este último la misma pena de cárcel que para Gil, ha anunciado un acuerdo de conformidad con él, quien ha aceptado y la jueza ha dictado sentencia oral. Así, Escribano ha sido condenado a un año de cárcel como autor de un delito contra el patrimonio, y al pago de una multa de seis euros diarios durante doce meses (2.232 euros). Además deberá indemnizar con 300 euros al Gobierno Vasco y con otros 300 euros a la Diputación de Álava. Para el tercer imputado, Rubén Cerdán, el Ministerio Público reclama dos años y seis meses de cárcel por un delito continuado de estafa en concurso con otro de falsedad en documento privado. El juicio está previsto que se prolongue durante diez sesiones, hasta el 18 de febrero.




Fuente: El Pais

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