Moda

Apología del instante | Estilo


Gratificación instantánea, la llaman. El anhelo irresistible de obtener placer inmediato. Lo de aquel viejo grito del Mayo del 68, “¡Lo queremos todo y lo queremos ahora!”, en versión millennial. Los psicólogos hablan de una generación de carácter débil incapaz de controlar sus impulsos y, por tanto, desarmada ante la frustración. Los expertos en marketing, de una oferta de mayor libertad que ha acabado, por fin, con la espera paciente y esforzada. No, aguardar por la recompensa ya no es una opción. Tampoco en moda. ¿Ha muerto entonces ese proverbial deseo que debe suscitar una colección, cocinado a fuego lento entre el instante en que se presenta en una pasarela y el momento en que llega a la tienda (hasta no hace mucho, unos seis meses)?

“El deseo sigue existiendo. Lo que pasa es que, a lo mejor, no lo valoramos tanto”, reflexiona a propósito del debate see now, buy now María Escoté. La colección con la que la creadora catalana ha devuelto este jueves la MBMFW al Pabellón 14 de Ifema estará en breve a la venta online. Son las actuales reglas del juego que se extiende por el negocio, impuestas por la moda rápida y la velocidad a la que circula nuestro mundo en Internet. A Escoté, desde luego, le funcionan. Y desde hace ya seis años. “Es mi herramienta de trabajo y mi estructura de venta, no lo concibo de otra manera. ¡Y no, no me he cargado el sistema de la moda!”, explica sin guardarse la ironía.

Lo curioso es que su propuesta no habla de un mañana más o menos próximo, ni siquiera del presente, sino de un retrofuturo fantástico, aquel que abrazaran los modistos a mediados de los años sesenta en su particular carrera espacial. De ahí esa mujer lunar —”fuera de órbita”, dice ella—, definida por una silueta de líneas curvas. Una concienzuda investigación sobre cómo los maestros André Courrèges y Pierre Cardin diseñaron un porvenir que casi tocaron. Círculos trabajados en charol sobre paño, referencias a los trajes de astronauta, trajes de chaqueta de efecto op-art, maxivestidos con bordados de plumas según la mujer que, una vez, fue futurista. “He querido elaborar más las prendas, centrándome en recortar, bordar, volver a coser, mezclar texturas… Ha sido un reto”, concluye. María on The Moon (María en la Luna), titula la colección, ella, que no puede tener los pies más en el suelo.

A la estrategia del lo veo ahora, lo compro ahora (de la que también comenzó a participar desde ayer Pedro del Hierro, según adelantaba Nacho Aguayo, su director creativo de mujer) responde igualmente Roberto Verino en su vuelta a la moqueta oficial de Ifema. Con los colores de la isla de Lanzarote y la obra del pintor, escultor y arquitecto César Manrique como referencia, el gallego traza una colección mixta a la que no se le puede pedir más —originalidad, emoción, alma— de lo que da —utilidad—. Él, claro, ha venido aquí a vender.

Para lo lento, lo hecho despacito, tuvieron su tiempo Alvarno y Jorge Vázquez. El dúo franco-español, que de tan puntilloso suele rayar el haute-à-porter, quiso dotar de un nuevo movimiento, más fluido (y hasta frívolo) a sus creaciones, con juegos de proporciones lo mismo en suntuosos jacquards que en tejidos técnicos. El gallego se lanzó a la piscina del maximalismo, resucitando a las excesivas damas de la serie Dinastía, todas terciopelos, tafetas, rasos, cristales y tul plumeti.

Curioso, para el caso, que los más jóvenes apuesten también por la desaceleración. En la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol ha habido, al fin, una catarsis de originalidad y creación. Leandro Cano, la manta del arte liada a la cabeza (y el jersey prendido de alfileres), demostró de nuevo su genio para la teatralidad ahondando en el vínculo entre tauromaquia y religión. “He pasado mucho tiempo estudiando esta relación y me he dado cuenta de que el toro es un dios en plaza, que hace lo que se le antoja con el torero… hasta que cambian las tornas…”, dice del concepto desarrollado en su colección. Su pulsión artesana se mezcla ahora con la tecnología de la impresión 3D.

Por su parte, Juan Vidal ha celebrado este jueves la historia de amor entre el artista Lester Gaba y su creación/obsesión, Cynthia, el primer maniquí atractivo. Los patrones despegados de cintura alta remiten a la sofisticación de los años treinta, inteligentemente puesta al día por detalles como las mezclas de algodón y nailon o unos bolsillos exteriores que conforman una silueta moderna. Con los tableados, las lazadas-armadura y aun los estampados retro cuentan una historia en tiempo real que no puede ser despachada con urgencia. “Me gusta el deseo de esperar”, afirma el tres veces ganador del Premio L’Oréal a la Mejor Colección. “No estoy en absoluto de acuerdo con el momento tan loco que estamos viviendo. Esta es una apuesta por la belleza y el clasicismo de una manera contemporánea, que creo que hoy es muy necesaria”.




Fuente: El país

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