Los estrenos de Angélica Liddell en España se han convertido en verdaderos acontecimientos metateatrales. El jueves, en los Teatros del Canal de Madrid, había un ambientazo solo comparable al que se vivió durante la performance de 24 horas de Jan Fabre, Monte Olimpo, el año pasado por estas fechas: bullicio en la cafetería, colas de espectadores excitados, merodeadores que se quedaron sin entrada en busca de un milagro… Esto puede ser normal en un concierto de Beyoncé, pero les aseguro que no es habitual en un teatro. Y no se debe solo a que Liddell se prodigue poco —solo ha actuado en el Canal y el Temporada Alta de Girona en los últimos cinco años—, sino también porque sus obras son como bofetadas: uno nunca se va indiferente a casa. De ahí que sus seguidores la esperen con gran expectación: ¿qué salvajada se le habrá ocurrido esta vez?

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Fuente: El país

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