Después de tres meses confinados, apetece respirar aire puro y entrar en contacto pleno con la naturaleza, especialmente en entornos poco masificados. Andorra, enclavada en la parte oriental de los Pirineos, con un 90% de su territorio tapizado de bosques y lagos, está repleta de posibilidades para ello. Cercana y poco poblada —162 habitantes por cada uno de sus 468 kilómetros cuadrados de extensión—, ha sabido además controlar la pandemia del coronavirus; a excepción de un reciente brote (ya controlado) de 25 casos, no había registrado nuevos contagios desde principios de junio, motivo por el cual sus fronteras se abrieron mucho antes que otros destinos europeos. Eso sí, actualmente es obligatorio llevar mascarilla en espacios públicos (abiertos y cerrados), excepto en sus espacios naturales.

Naturaleza patrimonio mundial

Desconocida para muchos durante el verano, cuando el blanco de la nieve da paso al verde de la hierba, Andorra se convierte en un destino perfecto para sumergirse en los sonidos de la naturaleza y disfrutar de la explosión de color y de vida que caracterizan a estos meses. Llega el momento de organizar pícnics al aire libre o calzarse las botas de trekking, pues hay rutas para todos los gustos y niveles. Se pueden organizar también con la compañía de un guía a través de agencias como Experiència Muntanya y Andorra Info.

El Principado cuenta con tres reservas naturales que protegen casi un 15% de su montañoso territorio: el parque natural del Valle de Sorteny, el parque natural de los Valles del Comapedrosa y el valle del Madriu-Perafita-Claror, el más grande de los tres y declarado patrimonio mundial por la Unesco en 2004 por sus “paisajes de laderas escarpadas y glaciares con vastas praderas y abruptos valles boscosos”. El parque ofrece rutas guiadas e interpretativas durante la temporada estival para descubrir tan valioso entorno.

Un poco de adrenalina

La escalada, las vías ferratas, el rafting y el descenso de cañones se encuentran entre las muchas actividades que pueden disfrutar quienes busquen un poco de aventura al aire libre. Empresas como 4×4 Andorra y RocRoi organizan experiencias apasionantes en escenarios naturales difíciles de olvidar. Los aficionados al ciclismo tienen a su alcance 21 puertos de montaña repartidos por todo el país pirenaico para recorrerlos en bici de carretera, eléctrica o todoterreno; una buena manera de llegar hasta rincones de vistas espectaculares, como los pasos alpinos del coll de la Gallina y el coll de Ordino.

Cada parroquia ofrece actividades de entretenimiento también para los más pequeños de la familia. El parque Mon(t) Magic, en Canillo, cuenta con un área de ocio y juegos para experimentar la diversión de la montaña durante el verano. Encontraremos muchas opciones divertidas, como instalaciones de pasarelas y puentes colgantes, así como una zona de pasatiempos al aire libre con juegos de mesa tradicionales en formato gigante.

En Naturlandia niños y adultos también se lo pasarán en grande en el Tobotronc, uno de los toboganes de naturaleza más largos del mundo, con 5,3 kilómetros de recorrido que proporcionan un descenso, rodeados de bosque, a bordo de un cómodo trineo biplaza controlable en todo momento.

Piedra, madera y pizarra

Otra ruta interesante en Andorra es la que marcan sus pequeños y encantadores pueblos, como Les Bons, Fontaneda y Llorts. Una invitación —también gastronómica— para conocer la cultura autóctona, sin prisas, estas vacaciones. A 25 minutos de la capital, Andorra la Vella, Pal es uno de los pueblos más conocidos del Principado; un lugar muy especial, donde viven alrededor de 200 habitantes. Conocido por ser uno de los mejores ejemplos de arte románico, sus casas de piedra, madera y pizarra dotan de colorido a las pequeñas calles de la localidad, creando junto al verde estival de las montañas un paisaje extraordinario. El legado románico también está muy presente en Ordino, capital artística del país, que cuenta con un importante patrimonio y museos como la Casa d’Areny-Plandolit, una mansión señorial original del siglo XVII que se puede visitar.

La cocina andorrana está estrechamente vinculada a la montaña y ha integrado a la perfección las influencias catalanas y francesas, así como el paisaje circundante, pues muchos de sus restaurantes se hallan entre escarpaduras, junto a ríos y lagos, y con verdes valles como telón de fondo. Entre los más conocidos está Llac i Cel, al pie del lago de Engolasters, en Encamp, donde disfrutar de un buen plato de comida casera. También junto a un lago, en el sector de la estación de Grandvalira, se encuentra el restaurante Refugi del Llac de Pessons, otro local emblemático ubicado en uno de los enclaves más bonitos de Andorra. La vista desde La Vaquería, restaurante del hotel Grau Roig, lo convierten en otro de los establecimientos excepcionales del Principado.

Piscina del balneario Caldea, en Andorra la Vella.
Piscina del balneario Caldea, en Andorra la Vella. andorra turisme

Relax en formato panorámico

Andorra también es conocida por sus zonas comerciales —suma 10 kilómetros de calles de tiendas en total—, pero la avenida de Meritxell, eje ­comercial de la capital y sector central de The ­Shopping Mile, es sin duda una de las más conocidas. Desde el casco antiguo hasta la calle de la Unió, pasando por la plaza de la Rotonda, encontraremos muchos comercios con ofertas muy diversas y artículos de lujo a buenos precios.

Para reponernos después, Caldea, el centro balneario más grande del sur de Europa, es una excelente alternativa. Sus beneficiosas piscinas termales, rodeadas de un entorno de montaña único en medio de los Pirineos, reabrieron sus puertas el pasado 4 de julio, extremando las medidas de limpieza e higienización de todas las instalaciones y con aforo limitado. Pero el regreso cuenta con un nuevo aliciente: una laguna panorámica de 50 metros cuadrados y metacrilato transparente suspendida, literalmente, en el aire; se eleva unos 5 metros por encima del río Valira.

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Fuente: El país

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