Está fuera de toda duda que el Ministerio de Cultura —el Gobierno de Pedro Sánchez— ningunea la fiesta de los toros; y no solo porque le conceda unas migajas en el Presupuesto, sino porque no la valora, ni la considera en igualdad de condiciones con el resto de las industrias culturales.

Pero no es la única Administración que así se comporta con la tauromaquia. El informe, dividido en dos entregas, publicado en este blog la semana pasada (consultar parte I y II), confirma que solo 8 de las 17 comunidades autónomas, y 9 de las 41 diputaciones provinciales dedican una mínima parte de sus dineros a los toros.

Algunos de esos territorios taurinos, que coinciden con las zonas donde más festejos se celebran, —Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía— han sido noticia recientemente porque sus presidentes han mantenido reuniones con representantes taurinos y se han deshecho en elogios sobre la fiesta.

En esos encuentros han proliferado los abrazos virtuales, los codazos de la llamada nueva normalidad, cariño a borbotones, compromisos insustanciales, mensajes buenistas, afición de claveles… Mucha palabrería hueca y poco progreso. Cómo habrá sido el protocolo que los taurinos han salido eufóricos, radiantes, verdaderamente entusiasmados, de las citas con la presidenta de Madrid y los presidentes de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.

Una de dos: o hay un secreto de estado por medio, lo que no alcanza siquiera la categoría de una broma, o los taurinos son más ingenuos que una lechuga. Hasta el ministro ha aprendido la lección, y lleva unos días emitiendo frases enternecedoras sobre la tauromaquia, convencido, quizá, de que ese modo aplacará los ánimos de los cándidos profesionales.

Inexplicable euforia de los taurinos tras las vacías reuniones con las CCAA

Para despejar cualquier duda sobre una presunta opinión interesada, he aquí algunos datos irrefutables.

No hay más que repasar las notas de prensa emitidas por la Fundación de Toro de Lidia y los respectivos Gobiernos para comprobar que no ha habido más que fuegos artificiales y ausencia total de compromiso por parte de los políticos…

A Juanma Moreno, presidente andaluz, se le llenó la boca de afecto a los presentes, y les dijo que formaban parte de un «sector estratégico» para la comunidad, y que «el mundo del toro encontrará siempre a un aliado en este Gobierno», porque es «cultura, tradición, historia y economía».

Lo que no les dijo es que la partida presupuestaria taurina de la Junta solo alcanza los 350.000 euros de los 223 millones que dedica a Cultura y Patrimonio Histórico.

Y tampoco les dijo que el pasado 13 de mayo, el Gobierno regional aprobó un decreto ley titulado Plan de Impacto para la Cultura a fin de reactivar el sector tras la crisis del covid-19, por un importe de 23 millones de euros dirigidos al cine, el libro, el flamenco, las artes escénicas, el patrimonio histórico… Y ni un euro para los toros.

Emiliano García Page, en el centro, durante la reunion telemática con los taurinos.

Si el señor Moreno anuncia a los taurinos una ayudita económica, lo llevan a hombros a lo largo del paseo de Colón hasta la Puerta del Príncipe.

La presidenta madrileña ha cumplido la promesa que les hizo a Victorino y compañía: trasladar a Pedro Sánchez la petición de que se baje el IVA de los toros —el de los animales, que no el de la fiesta, que ya se rebajó—, y no hubo más. Pero el presidente de la FTL mostró su satisfacción a la salida del encuentro, y afirmó que Isabel Díaz Ayuso “quiere otorgar al toreo el lugar que le corresponde”. Por cierto, Madrid ha anunciado un Plan de Estímulo para la música y las artes escénicas por valor de dos millones de euros.

Guillermo Fernández Vara, el jefe del Ejecutivo extremeño, se maneja con soltura ante los micrófonos y así lo demostró en el programa taurino de Movistar El Kikiriki el 28 de mayo: “Yo estoy aquí para ayudar y servir; si el toro tiene un problema, yo tengo un problema”, afirmó con semblante inocente y cara de convencido. “Conmigo vais a contar, y no porque me guste, sino por respeto a los demás y porque los toros forman parte de la vida”, añadió.

Días después, se reunió en Mérida con los taurinos, ante los que expresó «su firme posición en defensa de los toros, y recalcó la importancia de la tauromaquia como expresión cultural en Extremadura, además del relevante impacto que la industria del toro tiene en la economía de la región».

No dijo que su Gobierno solo dedica al sector 86.000 euros, ni les contó que la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte ha presentado un Plan de Apoyo al sector cultural con un presupuesto de 3 millones de euros que la tauromaquia ni olerá.

La política taurina de las CCAA es la misma que la de Cultura

El presidente de Castilla-La Mancha se sentó telemáticamente con los taurinos el pasado 28 de mayo, ante los que recordó «la importancia del sector en la región”, ofreció a voleo unos cuantos datos, de esos que todos utilizamos sin contraste alguno, y afirmó tajante que “(la tauromaquia) debería tener un tratamiento específico para salir de esta crisis”.

Pero no les habló de que su Gobierno ha aprobado un programa llamado ConCultura, dotado con 3,7 millones de euros, un plan de ayuda excepcional, que contempla medidas y líneas de actuación para reactivar el sector.

Otras comunidades autónomas que han anunciado programas especiales de ayuda a la cultura son Castilla y León (8,5 millones de euros), Murcia (Plan Crea, dotado con 3 millones) y Navarra (2 millones); La Rioja es la única que no ha presentado medidas específicas.

Castilla y León es la única comunidad autónoma que se ha acordado de los toros (400.000 euros) en su plan cultural para paliar los efectos taurinos de la covid-19, si bien la tauromaquia no figura en su presupuesto anual.

Claro, que todas ellas pueden argumentar que esas ayudas excepcionales son para la cultura y no para los toros. Y tienen razón, porque la tauromaquia autonómica depende de los departamentos de Interior, Presidencia o Agricultura, pero no del área de Cultura.

Y no hay que olvidar que estas son las comunidades taurinas, las que, de un modo u otro, (en casi todos los casos de modo testimonial) cuentan con la fiesta de los toros en su reparto económico.

Pero de ahí a la grandilocuencia de las palabras vacías que se lleva el viento va un largo trecho; y la prueba de ello es que ningún gobierno autonómico cuenta con la tauromaquia como un sector cultural digno de recibir una ayuda en las difíciles circunstancias actuales, en igualdad de condiciones con las demás industrias culturales.

Dicho de otro modo: la política taurina de las comunidades autónomas es la misma que la de Cultura.

Lo incomprensible e inadmisible (lo que viene a evidenciar que los taurinos negociadores no son los idóneos) es la inocencia de toreros, ganaderos y empresarios, que se levantan de las reuniones con una sonrisa de oreja a oreja, cuando, en realidad, no han conseguido nada.

Los que sí consiguen son los astutos políticos. No sueltan un euro y parecen los salvadores de la fiesta. Minutos después de la reunión presencial que se celebró en el palacio de San Telmo en Sevilla, al consejero de Presidencia andaluz, Elías Bendodo, que también estuvo presente, le faltó tiempo para presumir en su cuenta de Twitter: “La tauromaquia es un sector muy perjudicado por la  covid-19, y del que dependen muchos empleos en Andalucía. Tienen nuestro apoyo”.

Y se quedó tan pancho…




Fuente: El país

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