La pirámide demográfica española se estrecha en la base y se ensancha en la cima. Los nacimientos registran las cifras más bajas desde mediados del siglo pasado, la población envejece y la esperanza de vida se sitúa entre las más altas del mundo, con 83,2 años. Los mayores de 65 años rondan los nueve millones de personas, una marca sin precedentes, y en ese segmento existe un subgrupo de habitantes sobrenvejecidos formado por aquellos que superan los 80 años, un colectivo que según las proyecciones seguirá creciendo.

Esta evolución agranda la situación de dependencia y soledad de los ancianos, según un estudio realizado por la asociación cultural Acumafu de Fuenlabrada a partir del examen de los libros de visitas de 11 residencias de mayores del sur de la Comunidad de Madrid. El informe concluye que solo el 40% de las 1.203 personas que viven en aquellos centros recibió visitas entre los meses de enero y junio del año pasado, un porcentaje que cayó al 15% durante las vacaciones de verano. Similares son los datos de las últimas Navidades, ya que solo el 36% estuvo acompañado y apenas el 16% cenó en casa en Nochebuena. No en todos los casos esta situación es fruto del desapego familiar, ya que muchas personas mayores no tienen parientes ni allegados.

Hacer frente al fenómeno de la soledad es el reto al que se enfrenta una sociedad cada vez más individualista. El hecho de estar solo es distinto del sentimiento de soledad, que en ocasiones va ligado al olvido y el abandono. Para paliar estos efectos han surgido organizaciones no gubernamentales, algunas impulsadas incluso por las Administraciones, que contribuyen a mitigar los efectos de la incomunicación de los mayores mediante fórmulas de acompañamiento que les ayudan a no sentirse invisibles en las residencias. Sin embargo, estos centros no siempre están al alcance de todos. El número de plazas en España ronda las 380.000, lo que supone una ratio de 4,2 por cada 100 mayores de 65 años, una cifra insuficiente a tenor de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que propone una ratio de cinco.

Dotar a las residencias de medios para que desarrollen terapias y actividades sociales enfocadas a acompañar a los mayores contribuiría a evitar su aislamiento y a limar la sensación de desabrigo. La sociedad se enfrenta a uno de los males contemporáneos más silencioso. Conscientes del problema, algunos países han creado un Ministerio de la Soledad para combatir los efectos no deseados del envejecimiento de la población, un fenómeno que se extiende imparable en los Estados más desarrollados.

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Fuente: El país

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