Llevaba mes y medio en el Líbano para ayudar a mejorar el sistema sanitario libanés y a paliar la crisis económica y por la pandemia de la covid-19 cuando la cooperante valenciana de Cruz Roja Española Ana López sintió en su casa la explosión en el puerto de Beirut y pensó que iban a «morir bombardeados».

En una entrevista telefónica con EFE, esta voluntaria de 33 años nacida en el Puerto de Sagunto pero que ha vivido «casi toda» su vida en Valencia cuenta que la explosión, que ha dejado 177 fallecidos, más de 6.500 heridos y una veintena de desaparecidos, fue apenas a dos kilómetros de donde vive y ella ha sido «muy afortunada».

LA EXPLOSIÓN EN EL PUERTO DE BEIRUT

«Estaba sola en casa. Tenía todas las puertas y ventanas abiertas porque estaba en el balcón y la onda expansiva pasó, pero hay vecinos de mi mismo edificio que han perdido absolutamente todo», lamenta la única cooperante española de Cruz Roja en el país.

Su vivienda apenas ha sufrido daños en una ventana pequeña, aunque en su terraza cayeron muchos trozos del edificio de al lado, cuenta la valenciana, que confiesa la «tristeza» e «injusticia» que siente porque muchos vecinos van a tener que vivir «durante meses en condiciones todavía más precarias».

«Por el ruido pensaba que nos estaban bombardeando y luego hubo un terremoto por la onda expansiva y dije, es una bomba. Todos los vecinos pensaban igual que yo, nadie pensaba que era una explosión en el puerto y pensábamos todos que íbamos a morir, que la próxima nos caía a nosotros», relata.

Explica que «normalmente cuando lanzan una bomba», luego caen otras y en Líbano, desde que Israel les bombardeó en 2006, siempre existe el «runrún» de que lo van a volver a hacer.

UN ACCIDENTE QUE AGRAVA EL CORONAVIRUS

Antes de la explosión, el Líbano registraba unos 200 contagios de coronavirus diarios y dos semanas después -el accidente fue el 4 de agosto- ya suman 450 al día, con un total de 9.300 positivos y 105 fallecidos en una población de 6 millones, 4,5 libaneses y 1,5 refugiados sirios y palestinos.

«La cifra se ha doblado y se prevé que vaya a aumentar más», sentencia y lo argumenta: «Ese día todos salimos a la calle sin mascarillas porque nadie pensó en eso».

CRISIS ECONÓMICA Y SISTEMA SANITARIO FRÁGIL

La crisis económica sobrevino al Líbano el año pasado, con un aumento de inflación que llevó a los bancos a congelar los ahorros de los libaneses, a lo que se unió el cierre de comercios y la caída del turismo, en un país que era muy visitado, explica.

Añade que a ello se une este año la crisis por la pandemia, en «un sistema sanitario frágil y con la población muy debilitada, que no tiene medios para pagarse un hospital, porque la sanidad, incluso la pública, se paga aunque los precios sean menores».

COLAPSO SANITARIO EN BEIRUT

La explosión ha dejado «inservibles» tres hospitales en Beirut y el resto está «saturado por el número de heridos» y 300.000 familias se han quedado sin casa y se han tenido que realojar con familiares y amigos, con la dificultad que supone poder mantener la distancia de seguridad para evitar contagios, según alerta.

«En la capital hay un colapso» sanitario, asegura y resalta que en las UCI hay unos cien pacientes, aunque confía en que «muchos heridos puedan salir del hospital en las próximas semanas y liberar camas».

LA SOCIEDAD CIVIL JUEGA EL ROL MÁS IMPORTANTE

Afirma que ha percibido mayor respuesta en la sociedad civil que de las autoridades del país tras el accidente porque la gente «se movilizó ella sola y se ayudaba cuando aún no sabíamos si eran bombas».

Cruz Roja movilizó a dos mil voluntarios de todo el país para ayudar a los heridos, aunque sin saber lo que realmente había pasado, agrega y valora que muchas personas venidas de todo el Líbano, especialmente jóvenes, se hayan desplazado a Beirut a ayudar.

«Se han ido a los barrios más afectados a limpiar los cristales y a poner plásticos en las ventanas de los vecinos que lo habían perdido todo y es la población civil y las ONG las que se están movilizando y atendiendo a la población», resalta.

«La población civil está jugando el rol más importante y es sobre todo la gente joven. Tienen menos de 30 años los que están limpiando las calles, con mascarilla y guantes. Es una generación muy diferente, que no ha vivido la guerra y es muy solidaria», sostiene.

AYUDA INTERNACIONAL

Ana, que coordina los proyectos sanitarios que Cruz Roja Española tiene en el Líbano, junto a las sociedades nacionales Cruz Roja del Líbano y Media Luna palestina, teme que el coronavirus «puede ser bastante catastrófico para la población» libanesa.

«Hay bastantes necesidades en este momento. Nos estamos organizando mucho por el coronavirus», apunta la voluntaria, que destaca que ahora faltan sobre todo materiales de construcción y medicinas, y valora que numerosos países «están respondiendo muy bien».

En Líbano hay 19 sociedades nacionales de Cruz Roja, entre ellas la española, que trabaja en el país desde 2013 y va a seguir con su ayuda porque, según la cooperante, la crisis económica y sanitaria «va a durar desgraciadamente bastante tiempo».

Por Mónica Collado




Fuente: Agencia Efe

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