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“Ahora no puedo; cuando acabe la carrera, lo que haga falta”

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Los aficionados no han querido perderse el espectáculo. No en vano, la llegada a la meta se ha convertido este viernes en un hervidero de incondicionales y espontáneos para seguir la prueba por equipos. La jornada soleada y la pista marcada con banderolas azules y rojas han compartido cartel con el ambiente distendido y la fiesta.

Grandvalira ha vibrado una jornada más, en el marco de las
finales de la Copa del Mundo de esquí alpino. Un viernes en el que el gentío de todas las edades, enrollados con banderas de todas las nacionalidades para apoyar a su equipo preferido, han convertido la jornada laboral en un festejo inigualable. Una fiesta que no ha querido perderse un grupo de chicas escolares andorranas. Hoy excepcionalmente, y la cita se lo ha merecido, el grupo ha cambiado las aulas por la nieve.






Sin clases

Alumnas de la escuela de Santa Coloma de Andorra han abandonado hoy las aulas para asomarse a las gradas de Grandvalira

“Es muy interesante estar aquí hoy, es la primera vez que seguimos una prueba en directo y la ocasión se lo merece”, han afirmado las chicas de la escuela de Santa Coloma (Andorra).

Pese al amplio espacio, la recepción de la carrera de El Tarter ha quedado pequeña: miles de espectadores querían aproximarse a ella. Entre ellos estaba una familia francesa: Marjorie, amante de la competición, con su bebé de nueve meses. “Ahora no puedo hablar. Cuando acabe la competición, lo que haga falta”, ha respondido Marjorie a la pregunta de ‘La Vanguardia’. Y muy amablemente, en un parón de la carrera, la joven mami acompañada también por su marido ha señalado que “venimos cada año a Grandvalira para seguir la Copa de Europa. Este año no nos lo podíamos perder por ser las finales del mundo, y además para que el ‘peque’ de 9 meses comience a coger el gusanillo por el esquí”.

En las gradas no cabía un alfiler. Los voluntarios estaban pletóricos. Y es que entre baile y baile coreografiado por las ‘cheerleaders’, las olas espontáneas con un público entregado, con cientos de niños de los clubes llegados de todas las comarcas del Pirineo que llenaban el gallinero, parecían formar parte del bailoteo.


Un asiduo

Antes o después de las carreras, mis amigos aprovechan para hacer unas bajadas



Una fiesta que no ha dejado escapar un grupo de esquiadores másters de Barcelona, ubicados cada jornada en la primera fila de las gradas. Ellos son asiduos de Soldeu El Tarter desde los años sesenta, explica Josep Maria. “Yo no puedo esquiar porque estoy lesionado, pero mis amigos aprovechan a hacer unas bajadas antes o después de las carreras”.





Una vista general de las gradas, durante las pruebas del Alpine Team Event en Grandvalira (Andorra)
(Alain Grosclaude/agence Zoom / Getty)

Entre ellos está Clara, una ex corredora de alpino de los años sesenta con una dilatada experiencia en el mundo de la competición. “Me hace mucha ilusión estar aquí porque el mundo competitivo ha formado parte de mi vida”, dice Clara. Y añade que “cuando me retiré, corrí en la categoría másters, inicialmente por el Centre Excursionista de Catalunya y ahora pertenezco a La Molina Ski Club”. Entre el continuo ir y venir de espectadores, con esquís, tablas de snowboard o simplemente con botas de montaña, los voluntarios seguían informando muy amablemente a cualquier cuestión relacionada con la competición.

Uno de ellos es Marc. Viene de Holanda y sigue todas las pruebas de Copa del Mundo que puede: así gasta sus días de vacaciones. “Soy holandés y me encanta la competición. Entiendo que un evento como este necesita mucha ayuda, y por ello he venido desde mi país para echar una mano como voluntario”. Finalmente, y antes de despedirse para continuar su trabajo, ha afirmado que, “ciertamente ya he gastado todas las vacaciones de mi trabajo entre otra copa del mundo de este invierno y las finales aquí en Grandvalira. Pero estoy encantado de hacerlo”.








Fuente: LA Vanguardia

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