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Acusaciones de robo y censura centran la víspera del voto europeo sobre el ‘copyright’ | Cultura


Las bandejas de correo electrónico de los eurodiputados están llenas de spam. Los lobbies ya han tocado casi todas las puertas. Ahora los ojos están fijos sobre dos botones colocados en cada escaño del Parlamento Europeo. Sí o no. Reforma de derechos de autor o statu quo. Tras dos años de debates de alto voltaje, pocos son los parlamentarios que todavía no han tomado posición sobre uno de los asuntos más controvertidos que la Eurocámara recuerde. Por eso, el debate de hoy martes, la antesala de la votación de este miércoles, fue más el gran desahogo final que un instrumento dialéctico para alterar voluntades.

¿Qué hay en juego con la votación de la nueva norma del copyright? Dos visiones de Internet chocan estos días en Estrasburgo. Los autocalificados como defensores de los creadores, con el apoyo de PP y PSOE, son favorables a que agregadores de noticias como Google News paguen a las compañías editoras de prensa si reproducen publicaciones de sus medios —artículo 11—. En medio de la crisis crónica del sector, la medida aparece también como una forma de financiar periodismo de calidad en tiempos de noticias falsas. Además, en el apartado más polémico, el 13, pretenden responsabilizar a los portales que almacenan, optimizan y difunden contenidos de usuarios con fines comerciales (como YouTube) por el contenido que suban los internautas. La propuesta busca obligar a estas compañías a firmar acuerdos de licencia con los dueños de las obras e implementar medidas como filtros que eviten que se lancen a la Red contenidos protegidos sin autorización.

“La propiedad que ya protegemos en el mundo offline hay que protegerla ahora online. Se están violando los derechos de propiedad intelectual. Es un robo cultural. Necesitamos un equilibrio adecuado. No se trata de destruir Internet como se ha dicho en la gran campaña que ha habido”, ha defendido Axel Voss, eurodiputado popular y ponente de la iniciativa.

Este grupo perdió en la votación de julio por 40 votos: entonces 318 parlamentarios se expresaron en contra la ley, 278 a favor y 31 se abstuvieron. La victoria fue de los autodenominados defensores del Internet libre, quienes consideran la reforma un modo de legalizar la censura preventiva. Temen que introducir filtros tecnológicos cuyo funcionamiento nadie conoce por completo abra la puerta a un poder hasta ahora vedado: el de controlar un universo libre como Internet, una posibilidad más propia de una novela de George Orwell. “Hay algoritmos que pueden eliminar todo aquello susceptible de ser un riesgo, incluyendo contenidos legales. Si eso no es censura, díganme qué es”, ha advertido la socialista británica Catherine Stilher. Esas predicciones se ven desde el otro lado como apocalípticas y alejadas de la intención real de la modificación legal: la protección de la cultura europea.

Los oponentes de la reforma desconfían de que los creadores acaben siendo los verdaderos ganadores del cambio legislativo. Argumentan que artistas y periodistas no serían los beneficiarios de la actualización de la directiva, sino solo las grandes corporaciones editoriales, como la alemana Axel Springer, o de la industria musical, como Sony y Warner. Algunos incluso van más allá y reducen el debate de fondo a un duelo de titanes entre grupos de medios y plataformas tecnológicas.

La discusión ha creado extraños compañeros de cama.Los partidos situados más a la izquierda del arco parlamentario, como Los Verdes y GUE —el grupo de Podemos— marchan hombro con hombro en su rechazo a la directiva junto a los ultraconservadores polacos y las grandes tecnológicas que facturan miles de millones de euros al año. Los socialistas franceses caminan con los populares alemanes. En muchos casos, las posturas son más unánimes entre los eurodiputados de un mismo país que entre los de la misma ideología. Aunque Lola Sánchez Caldentey, eurodiputada de Podemos, sugiere que la votación dependerá sobre todo de cómo quede el polémico artículo 13 tras las enmiendas.

Horas antes de la votación, Wikipedia ha vuelto a cerrar el acceso a su página en varios países europeos como señal de protesta contra lo que estima el fin del libre acceso al conocimiento. De nada ha servido que Voss insistiera una y otra vez en que la normativa no afecta en absoluto a la enciclopedia online. Y en el desfile de última hora han aparecido personalidades como el rapero haitiano Wyclef Jean. “He ganado mucho dinero con canciones de éxito como Hips Don’t Lie, pero ahora estoy en el otro lado”, ha afirmado en Estrasburgo. El músico ha recordado que él empezó vendiendo sus discos expuestos en el maletero de su coche. Y cree que ahora no se debe cobrar a los que utilicen su música sin permiso, sino animarles a que expongan su talento en el gran maletero virtual de YouTube y otras plataformas, con muchas más miradas potenciales observando que a pie de calle. Los críticos no lo ven claro: responden que es fácil ser partidario del libre albedrío de contenidos después de acumular millones de dólares, pero que los pequeños artistas resultan perjudicados.

La directiva actual, una antigualla de 2001, en la infancia de Internet, prolongaría su vida útil en caso de que los europarlamentarios volvieran a rechazar su reforma. Si la aprueban, sería el momento de que los Estados miembros la aprobaran antes de volver para una última votación final en la Eurocámara. Los bandos reconocen que el debate rebasa lo técnico y se ha tornado emocional. Con unos denunciando amenazas de muerte y otros acusándoles de utilizar el victimismo como arma de campaña. Con los grupos divididos y partidos casi a la mitad en algunos casos, ni siquiera entre aquellos que llevan años peleando a favor y en contra existe certitud sobre si la reforma saldrá adelante. “Es imposible decir que pasará. Si alguien te da su pronóstico, no le creas”, afirma uno de los lobistas más activos.




Fuente: El país

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