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Acuerdo de París: Golpe a un pacto climático que ya era insuficiente | Internacional


Los esfuerzos presentados de manera voluntaria por cada uno de los casi 200 países firmantes no eran suficientes para cumplir la meta del Acuerdo de París: impedir que el aumento medio de la temperatura del planeta supere un nivel de entre 1,5 y 2 grados a final de siglo respecto a los niveles preindustriales. La humanidad ya se ha comido la mitad de ese margen: en 2016 ese incremento ya estaba en más de un grado centígrado con respecto a finales del Siglo XIX. Y como no bastaban los planes de recortes de gases de efecto invernadero que cada país presentó, el propio acuerdo incluye que esos esfuerzos deben revisarse al alza periódicamente.  

Esa era la hoja de ruta. Pero, para ir aumentando esos recortes periódicamente, era necesario que los líderes mundiales estuvieran implicados. Y, cuando en noviembre de 2016 Donald Trump ganó las elecciones, la inquietud se apoderó de los negociadores climáticos, que estaban reunidos en Marrakech (en la cumbre mundial del clima) en el momento en el que se conoció la victoria electoral del republicano. Esos temores se confirmaron el pasado jueves: EE UU no solo no está dispuesto a aumentar sus esfuerzos de recortes de emisiones, sino que pretende salir del Acuerdo de París.

El Acuerdo de París despeja las dudas, desde el punto de vista político, sobre la relación entre el aumento de la temperatura y el incremento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Hasta el inicio de la era industrial, existía un equilibrio en esa concentración de gases. Pero el avance de los países desarrollados, fundamentalmente, basado en la quema de combustibles fósiles lo ha roto. Por eso el pacto climático establece como fórmula para luchar contra el calentamiento global el recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero —principalmente, el CO2— a través de los planes voluntarios que cada país presenta. Solo China, EE UU y Europa acumulan la mitad de las emisiones de todo el planeta.

Pero los planes de recorte voluntarios presentados no son suficientes. En el propio acuerdo —en la llamada “decisión”— se reconoce. Para lograr esa meta de quedarse “muy por debajo” de los 2 grados la humanidad debería emitir en 2030 alrededor de 40 gigatoneladas —40.000 millones de toneladas— anuales de gases. Pero la proyección de los esfuerzos presentados cuando se firmó el pacto en 2015 señalaba que para esa fecha las emisiones globales estarían en las 55 gigatoneladas, 15 veces más de lo necesario para estar en la senda correcta.

Dentro del pacto se incluyeron cláusulas de revisión al alza de los planes nacionales de recortes de emisiones

Un informe de la ONU de finales de 2016 incidía en esta línea, al recordar que se necesita un esfuerzo adicional del 25%. Y recordaba que, con la aplicación de los compromisos actuales, a finales de siglo el aumento de la temperatura media podría llegar hasta los 3,4 grados, muy por encima de los 2 grados, la barrera que los científicos han fijado para que los efectos del calentamiento global sean manejables.

Los Gobiernos firmantes del acuerdo eran conscientes del desfase cuando lo cerraron en diciembre de 2015 en la capital francesa. Por eso, dentro del pacto de París se incluyeron cláusulas de revisión (al alza) de los planes nacionales de recortes de emisiones. La forma de presentarlos y el resto del desarrollo del Acuerdo de París se tendrán que cerrar de aquí a 2020, cuando las medidas se empezarán a aplicar.

Desarrollo del acuerdo

A principios de mayo se celebró en Bonn la reunión preparatoria de la próxima cumbre anual del clima, que será en la misma ciudad alemana en noviembre. Estas reuniones, al igual que las cumbres anuales, sirven para ir desarrollando el Acuerdo de París. El pacto ya está en vigor, pero no se empezará a aplicar hasta 2020. Hasta entonces, los países firmantes deben desarrollar la letra pequeña del acuerdo y los instrumentos para que funcione. Y también la forma en la que los Estados deben comprometerse a más esfuerzos.

La salida de EE UU se produce en ese momento crítico del desarrollo del pacto. Y no está claro cómo se hará. Si Trump opta por salir sin más del Acuerdo de París, eso no se consumaría hasta dentro de tres años, ya que así lo fija el propio tratado en su articulado. Y la Administración de Trump seguiría presente en las negociaciones del desarrollo del acuerdo. Si Estados Unidos opta por salir de la convención marco de cambio climático, de 1992, sobre la que se sustenta el pacto de París, el plazo se reduciría a un año.

Si Trump opta por salir sin más del Acuerdo de París, eso no se consumaría hasta dentro de tres años

En cualquier caso, parece que la Administración de Trump estará presente en las próximas negociaciones del desarrollo del Acuerdo de París. Y algunos negociadores temen que mantenga una aptitud de bloqueo. Fuentes presentes en la reunión de Bonn de principios de mayo señalan que la delegación de EE UU mantuvo una actitud “cautelosa y de bajo perfil”, y que sus miembros admitieron que su Administración estaba ahora en pleno proceso de revisión de la política climática. Esa actitud contrasta con la mantenida por EE UU en la cumbre de París de 2015, donde fue muy activo para lograr que se cerrara el acuerdo.

En su discurso del jueves, en el que anunció su salida del Acuerdo de París, Trump sostuvo que su intención es renegociar el pacto. La secretaría de la convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, que dirige las negociaciones climáticas, se mostró dispuesta a sentarse a hablar con EE UU. Pero recordó que el acuerdo “no puede renegociarse”, entre otras cosas porque fue firmado por 194 países y casi 150 ya lo han ratificado.

Cerrar el Acuerdo de París costó años y varios fracasos. Reabrirlo sería casi impensable. La esperanza entre las naciones que siguen apoyándolo y entre los activistas es que, cuando Trump salga de la Casa Blanca, EE UU vuelva a implicarse en la lucha contra el cambio climático. 




Fuente: El país

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