La primera aparición en nuestro país de Plácido Domingo tras las acusaciones vertidas sobre él han vuelto a traer a los titulares el tema de los acosos sexuales o laborales. Hablando en días pasados con varios artistas muy, pero que muy, populares han salido a colación muchas historias del pasado, de los años de los supuestos hechos imputados al tenor.

Un director de orquesta de renombre internacional me comentaba lo acosadoras que solían ser cantantes e instrumentistas. En cierta ocasión llamó a la puerta de la habitación de su hotel una joven pianista que empezaba a hacer carrera. Al abrir, sin más, se le echó al cuello, le abrazó y le dijo: “me tienes que ayudar y yo voy a ser muy buena contigo…” Lo que estaba pidiendo era claramente la ayuda de una persona con poder en los medios musicales a cambio de sexo. Él me añadió que le recriminó su actitud y también reflexionó: “imagina que me dejo llevar y luego, aunque queriendo ayudarla, no consigo nada. ¿qué podría pasar?”.

Otra anécdota tiene aún más enjundia. En cierta ocasión una de las más grandes sopranos de la historia se hallaba con su marido en una ciudad europea cantando una ópera de repertorio y tenía por cover otra cantante muy atractiva y mucho más joven que no lograba ver enferma a su colega y tener ocasión de sustituirla. Le pidió le dejase alguna función y la diva se negó. Mas he aquí que un día le llegó a ésta un bolo en otra cercana capital europea, para el que obtuvo permiso del teatro donde estaba. Viajó dejando a su marido en el hotel. En el mismo hotel se alojaba la cover, que no suficientemente contenta con el éxito que cosechó, decidió vengarse. Se puso una provocativa blusa que dejaba ver sus encantos, llamó a la puerta de la habitación de aquel marido y consiguió lo que buscaba: tirarse al esposo de la célebre soprano. Lo contó por todos lados.

En 1906 Caruso pellizcó el trasero a una desconocida ante una jaula de primates de Central Park. Fue detenido y encarcelado unas horas. Un visitante y un policía declararon en su contra y se le impuso una multa de diez dólares, que el propio director del Met fue a pagar a la cárcel. El hecho fue conocido y a la siguiente aparición del tenor en el teatro en “Boheme” recibió una gran ovación. “simplemente le gustaban demasiado las jóvenes del país”. Ya ven ahora en el Met…

¿Cuántas casos conocemos de artistas que, en el pasado, han utilizado el sexo con otros artistas, agentes, directores de teatro, políticos… e incluso críticos para hacer carrera? Mi lista ocuparía más de estas 500 palabras.

Todo esto nos enseña que no podemos juzgar hechos del pasado con la mentalidad de nuestros días, sino con la de la época. Imaginémonos a una madre en 1618 que comenta a una vecina que su hijo se va a la guerra. ¿Acaso le diría: “mi hijo se va a la Guerra de los Treinta Años”? Evidentemente no. Pues eso es lo que pretenden algunos juzgando hechos conociendo el futuro. Gonzalo Alonso




Fuente: La razon

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